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Temporal en Aragón

El fuego y el pedrisco castigan a Villanueva de Huerva con apenas 10 días de diferencia

La localidad da por perdida gran parte de la cosecha de uva, almendro y cereal

Varios de los árboles afectados por el incendio, junto a las vides dañadas por la granizada
Varios de los árboles afectados por el incendio, junto a las vides dañadas por la granizada
Guillermo Mestre

La mala suerte ha querido que, con tan solo 10 días de diferencia, la localidad zaragozana de Villanueva de Huerva haya sufrido el mayor incendio forestal de los últimos años –que solo en el término municipal arrasó 115 hectáreas, según datos de la Consejería de Desarrollo Rural y Sostenibilidad– y una fuerte granizada que ha dañado coches y canalones y decenas de hectáreas de uva, almendra y cereal.

El verde de las plantas agujereadas por el pedrisco se entremezcla con el negro de los árboles calcinados el fuego. Muchos, con el recuerdo de las últimas heladas aún en mente, hablan ya de un ‘annus horribilis’. "Ha ocurrido de todo. Ha llovido, helado, granizado... Ha sido un año completo", lamentó ayer Felipe Gómez, alcalde de la localidad.

Ni él ni el resto del equipo de gobierno recordaba una granizada tan virulenta como la del lunes, que tiñó las calles de blanco y provocó afecciones en las piscinas y las propiedades particulares.

Juan Pedro Burdío, agricultor y concejal de Agricultura, es uno de los afectados. "Lo que iba a ser un ‘cosechón’ se ha quedado en nada entre unas cosas y otras", aseguró. Como ejemplo puso sus almendros. "Aquí, la helada hizo que se perdiera entre un 10% y un 15% de la cosecha, y ahora la piedra ha arruinado entre un 30% y un 35%. En total, estaríamos hablando de hasta un 50%", explicó en una de sus parcelas.

Allí, gran parte de las almendras, que tendrían que haberse recogido a principios de septiembre, habían caído al suelo, y las que no lo habían hecho estaban ‘marcadas’ por la piedra y presentaban un preocupante color amarillento. "Quedan muy pocas sin tocar", admitió el edil. Esta misma situación se repetía en las viñas de la localidad. Las uvas, aún de pequeño tamaño, se camuflaban entre la maleza en unos campos aún encharcados. "Lo poco que queda se cosechará, pero un grano tocado es un grano perdido", insistió.

El barro hará que muchos no puedan acercarse hasta sus explotaciones hasta dentro de unos días, lo que podría agravar la situación de los maltrechos cultivos.

Desánimo en el sector

La huerta de la localidad tampoco escapó de la pedregada. Acelgas, tomates y calabazas estaban ayer destrozados. "Las patatas no engordarán tanto como otros años y el pimiento tampoco crecerá igual. Las lechugas, que estaban ya para coger, están perdidas y el cardo, desintegrado", resumió el concejal de Agricultura.

El desánimo cundía ayer entre los agricultores del municipio, que apenas querían hablar de lo sucedido. Pocos podían creer que el trabajo de todo un año se hubiera perdido en cuestión de media hora. "Algunos, tras las heladas, habían vuelto a plantar, pero todo se ha vuelto a echar a perder", apuntó Burdío. La mayoría aún conservaba en el recuerdo el importante esfuerzo realizado el 29 de junio para frenar el avance de las llamas y evitar más daños en la agricultura, tarea en la que sus tractores jugaron un papel fundamental.

El granizo también hizo estragos en las fincas del señorío de Aylés, en el término municipal de Mezalocha. Según fuentes de la empresa, la piedra afectó al 20% de la explotación, de unas 90 hectáreas. "Afortunadamente, el agua hizo que los daños fueran menores. Viendo lo que ha ocurrido en Villanueva nos consideramos salvados", admitieron las mismas fuentes.

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