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"Salí de Venezuela por amenazas de muerte y con 10 dólares en el bolsillo"

Javier Rodríguez, periodista amenazado y solicitante de asilo, vive en Zaragoza desde hace un año.

Javier Rodríguez (a la derecha), con sus hermanos Luis Enrique, Liso y Luz.
Javier Rodríguez (a la derecha), con sus hermanos Luis Enrique, Liso y Luz.
P. F.

"La vida se me ha roto dos veces, y las dos he salido adelante. Una, cuando murió mi madre en un accidente de tráfico siendo yo un niño, y me quedé al cuidado de mis dos hermanas pequeñas. Y la otra, cuando tuve que salir de Venezuela por amenazas de muerte", resume Javier Rodríguez, venezolano de 38 años, ante un café con leche en una terraza de Zaragoza. Javier llegó hace un año a la capital aragonesa. Es uno de los 16.000 extranjeros que llegaron el año pasado a Aragón, más de un millar de Venezuela. Cada uno con una historia, la suya muy especial.

Para Javier, sus hermanas son su "prioridad absoluta". Liso y Luz, mellizas con síndrome de Down de 26 años, tenían 3 cuando su madre murió. Javier, entonces adolescente, se hizo cargo de ellas y las ha cuidado toda la vida. Ahora también han venido con él a Zaragoza. Llegaron la semana pasada con otro hermano mayor, Luis Enrique, también amenazado. La familia está empezando una nueva vida aquí. Ahora lo más urgente para ellos es encontrar un piso de alquiler. Lo siguiente será el trabajo.

Javier es periodista. Su trabajo y su compromiso le llevaron al exilio para salvar su vida. "Siempre he sido un periodista crítico e independiente. Trabajaba en el canal público de televisión. Cuando estaba Chávez de presidente nunca sufrí la censura. Las cosas cambiaron mucho con Maduro y los periodistas pasamos a estar muy controlados. Después de muchas presiones y problemas con mis jefes, me fui a una emisora de radio privada. Ahí seguí haciendo mi trabajo, denunciando la corrupción y los problemas del país. Empecé a recibir amenazas, me seguían por la calle, amenazaron a mi familia. Llegué a temer por mi vida. Un día se me acercaron, me enseñaron un arma y me dijeron que guardara silencio. Yo no me iba a callar y decidí que tenía que irme del país", cuenta.

La decisión fue muy dolorosa. Implicaba separarse temporalmente de sus hermanas y significó el final de su matrimonio. Su esposa, médica, se quedó en Venezuela. La salida no fue fácil, porque le quitaron el pasaporte y trataron de impedir su marcha. Finalmente, cruzó a Colombia por un río, cogió un bus a Bogotá y desde ahí, un avión a España.

La llegada a Zaragoza

"Llegué sin nada a España, con 10 dólares en el bolsillo y muchos sueños en mi cabeza", afirma. Vino a Zaragoza porque conocía por internet la asociación Atades y quería colaborar con ellos. Se presentó como voluntario nada más llegar a Zaragoza el verano pasado. Pronto encontró trabajo para ganar algo de dinero, primero en un bar y luego cuidando a una pareja de ancianos.

Después solicitó el asilo y ahora está en el Programa de acogida e integración para solicitantes y beneficiarios de protección internacional, por el que le facilitan alojamiento, manutención y formación durante un periodo de un año y medio. Ha pedido la homologación de su título de periodista, y quiere buscar un trabajo estable.

"Me gustaría trabajar de periodista, pero estoy dispuesto a trabajar de lo que sea. Soy una persona muy activa, no espero que las cosas me caigan del cielo. Estoy muy agradecido por la acogida que he tenido en España y quiero aportar a este país. Venezuela fue un país de acogida de inmigrantes. Recuerdo ver a inmigrantes españoles, portugueses y de otros países que trabajaban mucho. Para mí eran un ejemplo. Ahora me toca a mí vivir esa experiencia", reflexiona.

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