Aragón

ola de calor

La ola de calor y la sequía mantienen en alerta a 1.300 trabajadores antiincendios en Aragón

Los sindicatos ven "suficiente" el operativo, pero piden más personal y menores tiempos de reacción.

Entre los efectivos desplegados se encuentran las autobombas.
Entre los efectivos desplegados se encuentran las autobombas.
Rafael Gobantes

Por quinto día consecutivo, el Gobierno de Aragón mantuvo este sábado el nivel de alerta roja de peligro de incendios en buena parte de la Comunidad. Cinco jornadas en las que los medios de extinción han tenido que trabajar a destajo por tierra y por aire para controlar varios fuegos que han arrasado más de 550 hectáreas agrícolas y de monte bajo, lo que supone 12 veces más que en todo el verano pasado. El último se registró este sábado en Villanueva de Huerva, donde ardieron 250 hectáreas de suelo agrícola y matorral.

El operativo de este año está formado por 1.300 profesionales, la mayoría dependientes del Gobierno aragonés –especialmente de la empresa pública Sarga–, aunque también participan otras administraciones como los ministerios de Agricultura, Pesca y Alimentación y de Defensa, además de comarcas, diputaciones provinciales y ayuntamientos que igualmente disponen de servicio de extinción, aunque en este caso actúan solo como apoyo de las cuadrillas forestales.

En concreto, la DGA tiene movilizados durante este verano 57 cuadrillas terrestres simples con siete trabajadores contratados –aunque están cinco operativos por turno–; otras cinco dobles con 10 operarios (trabajan la mitad cada día); y ocho helitransportadas con entre 10 y 18 operarios (en turnos de cinco y nueve personas). Al mando de cada una de ellas hay siempre un agente de protección de la naturaleza. A ellos se unen 80 puestos forestales de vigilancia con dos o tres personas cada uno que se turnan; 31 autobombas con dos o tres operarios también asignados a cada una; y nueve helicópteros.

El Gobierno de Aragón cuenta asimismo con más de 325 agentes de protección de la naturaleza, otros 50 ingenieros de Montes y técnicos forestales, ocho analistas de incendios, 12 emisoristas y una decena de conductores.

Por su parte, el Ministerio de Agricultura tiene activados en Aragón tres helicópteros, dos cuadrillas helitransportadas, tres aviones y dos brigadas de refuerzo ; el de Defensa también pone a disposición una Unidad Militar de Emergencias; y en Teruel, las Comarcas aportan ocho autobombas.

Los trabajadores consideran que el operativo de la DGA está "bien estructurado" y es "suficiente" en cuanto al número total de cuadrillas, aunque denuncian que estos grupos de trabajo son "escasos" al contar solo con 5 componentes. Además, reivindican la figura del correturnos para cubrir posibles bajas o permisos "porque en el momento que falta una persona, resta mucho la operatividad", destaca David Usón, secretario del comité intercentros de Sarga por el sindicato CGT.

También critican que este año se hayan sustituido autobombas de 3.000 litros que se habían ido estropeando por vehículos ‘pick up’ de solo 500 litros, y que algunas torres de vigilancia fueron contratadas el 22 de junio, una semana más tarde de empezar la fase de máxima activación.

Desde CC. OO. también ponen de relieve las "bajas retribuciones" de estos bomberos forestales, ya que cobran 6,53 euros al día por estar disponibles durante el período de descanso o 15 por estar localizados y con obligación de ir a trabajar el primer día de libranza. Frente a ello, reclaman compensaciones justas "porque el sistema y el modelo de extinción no pueden estar basados en la buena voluntad y el compromiso de los trabajadores".

La lección de Tarragona

Pese a valorar positivamente el operativo, también creen que podría mejorarse si del 15 de junio al 15 de septiembre, las cuadrillas estuvieran en las bases "en lugar de estar realizando trabajos de limpieza en el monte a más de 35 grados, porque cuando te llaman, tienes que recoger toda la herramienta, cambiarte y acudir al incendio desde donde estés, que normalmente son lugares a 15 o 20 minutos de la carretera más cercana", señalan.

En este sentido, recuerdan que "si lo coges rápido, un fuego es mucho más probable que lo conviertas en un conato que cuando ha pasado ya el tiempo y es más virulento". Y ponen el ejemplo del devastador incendio de esta semana en la Ribera del Ebro de Tarragona, con 6.000 hectáreas quemadas, "porque allí ya se puede ver que por muchos medios que tengas y muy sobredimensionado que esté el operativo, no vas a atajarlo solo porque vaya más gente sino porque esté más formada y porque haya una pronta reacción", subraya David Usón.

De ahí que considere "una temeridad" que durante esta ola de calor y pese a la proliferación de incendios de la última semana solo hayan dejado un día en las bases a las cuadrillas de la provincia de Huesca y a alguna de Zaragoza, "mientras que el resto de semana se les han enviado al monte a realizar tratamientos silvícolas, cuando desde el lunes pasado veíamos que cualquier chispa se convertía en un incendio difícil de controlar, añadiendo una carga de trabajo innecesaria a las cuadrillas que después de estar en el monte van a la extinción".

"Tenemos un cóctel explosivo"

Por último, los trabajadores del operativo advierten de que el peligro de incendios de este verano es mucho mayor en Aragón. "El año pasado fue excepcional porque tuvimos una primavera y un verano lluviosos que dejaron más humedad con lo que el riesgo de ignición era menos probable y apenas hubo incendios. Pero este año es todo lo contrario. Venimos de un estrés hídrico bastante acusado y ahora mismo todo el terreno se encuentra muy propenso a arder. Y si le añadimos el calor y el viento, es un cóctel explosivo que puede hacer que un incendio que podría ser menor, se haga muy grande", resalta el secretario del comité de Sarga.

La prueba es que solo en la última semana se han registrado incendios y pequeños conatos en Fraga, Maella, Alcalá de Gurrea, Panticosa, Sariñena, Castillonroy, Sádaba, la sierra de Pardos de Calatayud o Huesca en los que se han quemado alrededor de 330 hectáreas, casi el doble que en los seis meses anteriores, cuando se habían contabilizado 170 hectáreas, 36 de ellas de arbolado.

El verano pasado marcó un récord positivo en Aragón en cantidad de hectáreas calcinadas ya que solo hubo que lamentar la pérdida de 44, 11 de ellas de superficie arbolada, en un total de 116 incendios (82 fueron solo conatos de menos de una hectárea). La comunidad cerró el año con el mejor dato de los últimos 18 con 225 fuegos en los que ardieron 214 hectáreas y solo 30 forestales.

Etiquetas
Comentarios