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Los aragoneses comen muchas hortalizas, demasiada carne y cada vez más, comida preparada

El Informe de Consumo Alimentario de 2018 vuelve a situar a la Comunidad como la región donde más hortalizas se consumen, pero también refleja que las conservas y los procesados ganan protagonismo.

Tanto las frutas de IV gama como las de frutas y hortalizas transformadas están en aumento
Tanto las frutas de IV gama como las de frutas y hortalizas transformadas están en aumento
Rafael Gobantes

Comemos más hortalizas, más carne, más fruta, pero menos pescado, pasta y arroz si nos comparamos con el resto de españoles. Así es la dieta de los aragoneses, según el Informe de Consumo Alimentario de 2018, elaborado y publicado recientemente por el ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación. La “tradición” y los “productos de cercanía” tienen un papel protagonista a la hora de hacer la compra, pero los aragoneses tampoco se libran de las “modas” a la hora de llenar la nevera, señala Alejandro Sanz, endocrino y jefe de sección de Endocrinología y Nutrición en la Unidad de Nutrición y Dietética del Hospital Universitario Miguel Servet de Zaragoza.

Un año más, la Comunidad aragonesa vuelve a ser líder en el consumo de hortalizas. Cada aragonés consume 74,34 kilos de hortalizas al año, un 27% más que el resto de españoles. “Esto supone unos 200 gramos al día aproximadamente de media, una cantidad que a priori parece adecuada, puesto que se recomienda el consumo de una o dos raciones al día y con esta cantidad podría estar satisfecha esta ingesta”, explica Sanz. 15,34 kilos de tomates (segunda región, tras Cataluña que más consume este alimento); 5,53 kilos pimientos; 4,54 kilos calabacines (supone un 17,6% más que la media española, lo que la convierte en la segunda comunidad, tras Canarias, en la que más se ingiere); 7,48 kilos de cebollas; y 5,75 kilos lechugas, escarolas o endivias (la autonomía que más consume) llenan los platos de cada persona al año. “Es una buena noticia que los aragoneses estén a la cabeza del consumo de hortalizas”, valora el mismo, que añade: “Quizás la tradición de tener huertos en los pueblos ayude a este consumo habitual”.

De la misma forma, la cercanía es lo que provoca que el consumo de fruta en Aragón se mantenga estable, con 94,1 kilos por persona al año, al contrario que en el resto de España (90,5 kilos) donde la subida del precio en el lineal del supermercado, según apunta el informe, ha supuesto un menor consumo, cercano al 2% respecto al año anterior. Naranjas, melones, sandías, plátanos o manzanas, son las preferidas a la hora de rematar la comida en Aragón, pero si por algo destaca la Comunidad, comparándola con la media española, es por la ingesta de melocotón, pues con 4,34 kilos por persona al año, la región se sitúa como la que más consume esta fruta, casi un 40% más que la media. “El consumo de estos productos de cercanía no solo es destacable, sino que es positivo desde distintas perspectivas”, asegura Sanz.

Eso sí, la Comunidad no se libra, como se anotaba al principio, de las modas y tanto las frutas de IV gama (frutas frescas limpias, troceadas y envasadas para su consumo) como las de frutas y hortalizas transformadas, principalmente en conserva, están en aumento y ya suponen 3,75 kilos, las primeras, y 13,15 kilos, las segundas. “No es lo ideal, pero es la realidad”, asevera el endocrino consultado. “No tenemos tiempo para hacer la compra todos los días ni para limpiar las judías verdes o la borraja y mucho menos cocer las legumbres. Lo ideal es la fruta de temporada y de cercanía, pero nos debemos adaptar a la sociedad moderna que no tiene tiempo ni paciencia y el que se consuma, por ejemplo, fruta ya limpia y troceada es el futuro: son como golosinas naturales, fáciles de comer, deliciosas y saludables. Otra cuestión es que estos productos sean más caros por la mano de obra y por el IVA que se aplica, del 21%”. Asimismo, anota que “es muy importante el consumo de fruta en detrimento del consumo de zumos, dado que tienen un alto índice glicémico por su fácil absorción y escasez de pulpa”.

Como ya adelantaba Sanz, las legumbres escasean en la dieta, con 3,61 kilos por persona al año. “A pesar de que la legumbre es un alimento muy completo y barato, y ahora con los botes ya cocidos son muy fáciles de preparar (se debe desechar este caldo y lavarlos bien), no están de moda”, ratifica. “Los grandes cocineros y los programas de televisión deberían hacer propaganda de este alimento tan rico, versátil, barato y nutricionalmente perfecto si se mezcla con arroz”. Un producto, el arroz, que tampoco atrae en exceso a los aragoneses (3,61 kilos al año), al igual que la pasta (3,66 kilos).

Amantes de la carne, poco atraídos por el pescado

Los estómagos aragoneses se declaran amantes de la carne. “El consumo de carne es necesario para el desarrollo de los niños y el mantenimiento de la masa muscular en adultos, sobre todo en ancianos y convalecientes, aunque su ingesta excesiva es perjudicial para la salud (como todo lo que se consume en exceso, claro)”, explica Sanz. “La carne aporta vitamina B12 y hierro (muy necesarios para la prevenir anemia), además de proteínas de alto valor biológico necesarias para la síntesis de la masa muscular y el mantenimiento de todos los sistemas inmunitarios. El problema es que puede ir unido a grasas saturadas que aumentan el colesterol plasmático”, dilucida. Así, la Comunidad se sitúa como la segunda en la que más se consume este alimento. Concretamente, cada aragonés ingiere 51,75 kilos al año, lo que supone un 13% más que en el conjunto del país. De estos, 14,89 kilos es de pollo; 10,72 kilos de cerdo; 4,61 kilos de vacuno; 2,72 kilos de ovino y caprino; y 1,92 kilos de conejo; unas cifras que hacen que la Comunidad sea en la que más come pollo, oveja y conejo. “Las carnes de pollo (sin piel) y conejo son las más pobres en esas grasas saturadas y, por tanto, muy saludables”, comenta el experto consultado.

Pero el pescado no es tan del gusto de los aragoneses. Con 23,62 kilos por persona al año, un 4% menos que la media española, se hace notar que este no es un alimento estrella en Aragón. “El pescado, en términos generales, no es un alimento de cercanía, obviamente, y esto provoca que no tengamos mucha tradición”, justifica Sanz. “Además, requiere una conservación adecuada y una preparación a veces compleja, ya que, por ejemplo, la aparición de los anisakis hace que requiera su congelación. Esto unido a que tiene un menor poder saciante que la carne son los motivos por los que no atrae a la dieta aragonesa. Eso sí, es rico en grasas poliinsaturadas, que son muy beneficiosas, y, por ello, se debería potenciar su consumo”.

La comida preparada, en aumento

La dieta aragonesa, que se completa con un consumo medio de bollería, cereales y galletas; un predominio del aceite de oliva y de girasol frente al virgen y el extra virgen; un gran consumo de patatas, superior a la media; una decreciente ingesta de pan, y un consumo de nueces relevante, ha aumentado la ingesta de comida preparada, como la del resto de la nación, hasta los 14,85 kilos por persona al año. Un incremento que en los últimos 15 años se ha disparado en más de cinco kilos por persona. Y la realidad es que “irá a más”. Al menos eso vaticina Sanz, ya que “el trabajar, el divertirnos o el tener tiempo para nosotros nos quita tiempo para la cocina”. “El problema es la conservación de esta comida preparada, pues estos conservantes son dañinos para la salud y generan problemas de hipertensión, en el riñón, obesidad y colesterolemia, añadiendo que estas comidas, en ocasiones, lleva glutamato, un potenciador del sabor, que hace que consumamos más”.

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