Despliega el menú
Aragón

patrimonio

El sueño de un museo ferroviario en tres sedes, Canfranc, Casetas y Caminreal

La Asociación Zaragozana de Amigos del Ferrocarril reclama un espacio para el centenar de trenes de su colección, una de las más importantes de Europa

Paco de la Orden y Adrián Baquero, arriba, con Carlos Abadías y Enrique Robles, en la nave de Casetas con la colección de trenes clásicos.
Paco de la Orden y Adrián Baquero, arriba, con Carlos Abadías y Enrique Robles, en la nave de Casetas con la colección de trenes clásicos.
Toni Galán

Hay personas que coleccionan sellos, monedas, libros o postales. Otras atesoran discos, antiguas máquinas de coser o estilográficas. Y, también, hay gente que conserva trenes y tranvías clásicos de verdad, ejemplares de varias toneladas de peso que en el siglo pasado recorrieron parte de España llevando y trayendo pasajeros de un lado a otro del país. En Zaragoza, la Asociación Zaragozana de Amigos del Ferrocarril y Tranvías (AZAFT) cumple ahora 40 años de vida «con una de las mejores colecciones de Europa, pero sin un museo donde restaurar, conservar y, sobre todo, mostrar su legado», cuenta su presidente, Carlos Abadías, desde el barrio de Casetas, donde guardan la mayoría de las piezas en una nave de 7.319 metros cuadrados junto a la estación. «Son trenes –la mayoría coches de viajeros de entre 1900 y 1970– que han viajado por todo el mundo y tienen una calidad y un prestigio increíbles», añade Abadías.

Con 56 trenes en Casetas, en unos terrenos que ADIF cedió a finales de 2018 al Ayuntamiento de Zaragoza, y otros tantos en Canfranc, la asociación de amigos del ferrocarril sueña con un museo de sede compartida para su colección que también incluiría Caminreal, en Teruel, donde se expondrían alrededor de una quincena de vehículos.

Desde el Gobierno de Aragón se busca financiación europea para el proyecto, tras el fracaso pasado para construirlo junto a la hoy Estación de Delicias de la capital aragonesa. El plan de Zaragoza Alta Velocidad de principios del siglo XXI, en el que se invirtieron unos cinco millones de euros, quedó en nada. «Nosotros tenemos el contenido del museo, tan solo queremos que los trenes se puedan ver y visitar, es un rico patrimonio industrial que no podemos perder. Tenemos el material para la exposición, pero no un continente donde poder enseñarlo», afirma Adrián Baquero, miembro de la asociación.

Una colección de lujo

La llegada de los Expresos en la década de los ochenta del siglo pasado dejó fuera de servicio a máquinas y vagones que habían circulado por España desde los años 30. Es el caso de la locomotora de vapor Baldwin I, que en 1986 llegó a la colección cedida por Endesa desde Andorra cuando en su camino a la chatarrería en Aranda de Duero se averió en Zaragoza y aquí quedó. La máquina formó parte de una exposición en el palacio de Sástago de Zaragoza y se exhibió en la plaza de España. Fue, por cierto, una de las exposiciones más visitadas del museo, superada, no obstante, por otra llevada a cabo dos años antes en el mismo espacio sobre tranvías de la ciudad, que habían estado funcionando hasta 1976. Ambas exposiciones fueron impulsadas por José María Valero, arquitecto encargado de la restauración del Palacio de Sástago, y uno de los impulsores de la colección.

En las últimas cuatro décadas, la asociación ha rescatado de la chatarra a casi un centenar de vagones históricos, aparcados la mayoría en cuatro vías de 250 metros cada una en Casetas. Algunos de ellos han sido recuperados y se encuentran en un estado de conservación impecable. Como el coche de autoridades, «el Falcon de los años 60 en España», con un diseño inspirado en los vagones de la Compañía Internacional de Coches Cama (fundada en 1872), gestora de los trenes europeos del Orient Express. El vagón se conserva aún forrado de madera por dentro, con una larga mesa y butacas en su estancia principal, que «en más de una ocasión ha aparecido en el Nodo en alguno de los viajes de Franco o de algún ministro o alta autoridad de la época», recuerda Abadías. El coche cuenta, además, con camas y servicio, incluido un orinal inclinado bajo el lavabo, para que al abrir el grifo el agua permitiera su limpieza.

En 1990, la asociación salvó del desguace 25 vagones de la Compañía Internacional de Coches Cama que estuvieron funcionando hasta 1980 y se los quedó para la colección. Junto al vagón presidencial, está enganchado un coche pullman de madera de la misma empresa que, probablemente, sea uno de los más valiosos de la colección. Solo quedan cinco vehículos de este tipo en el mundo.

Colectivo de 280 voluntarios

Además de los coches, la asociación, movida por un grupo de 280 voluntarios entre los que se juntan algunos ferroviarios y otros que no lo son y donde nadie cobra nada, cuenta entre sus joyas con las veteranas locomotoras de vapor de Endesa (la Baldwin 130 Aragón, fabricada en EE. UU. en 1920 y la Jung 242T Escatrón), así como otras eléctricas (Renfe 1005 –España, 1927– y 7702 –Inglaterra, 1952–).

Se trata de una colección de cine y, precisamente, el alquiler de alguna de sus piezas para participar en rodajes de películas ha servido para la compra de varios coches cama de la Compañía Internacional.

La última cinta, aún no estrenada, donde aparecerán dos vagones de mercancías de la colección es ‘Terminator 6’, del actor Arnold Schwarzenegger, rodada en 2018 en Toledo. Otro de sus vehículos, en concreto un coche restaurante y las locomotoras de vapor Escatrón y Baldwin, aparecieron en el filme ‘En brazos de la mujer madura’ (Manuel Lombardero, 1997), rodado en Canfranc y protagonizado por Faye Dunaway y Juan Diego Botto. «Con el dinero que ganamos por el rodaje pudimos comprar siete coches cama», dice Abadías.

Desde largometrajes, como ‘The promise’ (Terry George, 2016), rodado en Albarracín (Teruel), a anuncios de televisión, como uno donde el actor malagueño Antonio Banderas habla de su colonia Diavolo, los trenes de la asociación han sido reclamados por Hollywood que «paga muy bien por nuestros servicios».

Etiquetas
Comentarios