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Aragón

entrevista

David Esteller: "Es necesario determinar qué entendemos por desperdicio alimentario"

El ingeniero y economista es el responsable del Proyecto contra el Desperdicio Alimentario de Aecoc, asociación con más de 30.000 empresas.

David Esteller, responsable del Proyecto contra el Desperdicio Alimentario de Aecoc.
David Esteller, responsable del Proyecto contra el Desperdicio Alimentario de Aecoc.
A. R.

David Esteller, responsable del Proyecto contra el Desperdicio Alimentario de Aecoc, asociación que aglutina a más de 30.000 empresas, estuvo esta semana en Zaragoza para dar a conocer las iniciativas de la asociación en una conferencia del ciclo dedicado al aprovechamiento alimentario que organizan Ecodes, la Academia Aragonesa de Gastronomía y la Dirección General de Consumo del Gobierno de Aragón.

¿Qué es Aecoc?

Es una organización que se dedica a la implantación de estándares de cumplimiento voluntario para las empresas. Aglutina a unas 30.000 de diversos sectores. Como ejemplo, siempre explico que Aecoc es la que trajo el código de barras, que es una herramienta que no es obligatoria por ley pero que las empresas adoptan porque les beneficia. En 2012, punto más álgido de la crisis, ya se hablaba del desperdicio alimentario y nosotros pusimos en marcha este proyecto, que fue la primera iniciativa de tipo voluntario en Europa.

¿Qué está haciendo Aecoc contra el desperdicio alimentario?

Nuestra actividad se divide en dos áreas. Por un lado, la prevención. ¿Qué pueden hacer las empresas para hacerlo mejor y ser más eficientes? Pero siempre existe un excedente. ¿Qué se hace con él? En primer lugar, según determina la pirámide de necesidades de la FAO, hay que ir hacia la alimentación humana. El siguiente es la alimentación animal, y luego los usos alternativos.

¿Qué iniciativas concretas lleva a cabo Aecoc?

El año pasado pusimos en marcha la primera semana contra el desperdicio alimentario. Conseguimos la colaboración de casi el 82% de la superficie de venta del país para lanzar un mensaje coordinado con el fin de concienciar a los consumidores, cada cual con el toque propio de su empresa. Desde Aecoc organizamos un punto de encuentro, ya vamos por el séptimo, para que las empresas pongan en común sus experiencias. Traemos casos de buenas prácticas nacionales e internacionales para que otras las puedan imitar. También transmitimos las prácticas de las 480 empresas que trabajan en este proyecto.

¿En qué situación estamos con respecto al desperdicio alimentario?

La población está cada vez más concienciada. Cuando empezamos a trabajar en este asunto, en 2012, había que explicar qué era esto y hacer esfuerzos para que la gente se diera cuenta de que esto era un problema no solo económico, sino también medioambiental. Esa tarea de explicar se ha hecho muy bien, pero hay que dar un paso más. Una gran superficie hizo un estudio que probó que nueve de cada diez personas estaban muy concienciadas. No obstante, siguen existiendo ciertos mitos que hay que ir derribando. Por ejemplo, recuerdo la típica historia de nuestras abuelas, que nos explicaban el hambre en África cuando nosotros no queríamos más bocadillo. El no tirar el bocadillo no soluciona el hambre en África, obviamente, pero si en lugar de hacer un bocadillo muy grande y dejarlo, es mejor hacerse uno más pequeño y acabarlo. Esa es la idea que debe calar.

¿Qué están haciendo las empresas?

Cada empresa es un mundo, pero hay ejemplos muy atractivos. Hay una empresa de vinos que ha hecho cremas exfoliantes limpiadoras con los restos de su fabricación. Una empresa de galletas ha invertido en una fábrica que aprovecha los bordes del pan de molde y los productos que no pueden comercializar para convertirlos en pienso para ganado. Una gran superficie ha puesto en marcha un modelo de recogida de frutas para elaborar mermeladas que luego donan y con el pan que les sobra hacen ‘pellets’ de pienso de una determinada medida específica para alimentar gallinas.

¿Las empresas solo se implican cuando intuyen mejoras económicas?

No es así. Evidentemente la economía es un factor muy importante, pero las empresas están absolutamente sensibilizadas y estas iniciativas van más allá de la medalla. También el hecho de que el público sea cada vez más exigente con estos asuntos provoca que las empresas trabajen por reducir el desperdicio alimentario.

¿El sector primario es receptivo a este tipo de iniciativas?

Cada vez más. En Cataluña existe una iniciativa que trabaja con gente en riesgo de exclusión para terminar de limpiar y recoger lo que ha quedado en los campos tras la cosecha. De lo que ellos obtienen, el 80% lo dan al Banco de Alimentos de Barcelona, y el 20% restante lo procesan y lo comercializan. Se ha demostrado que se pueden hacer cosas.

¿La educación es otro de los pilares fundamentales para que este tipo de iniciativas funcionen?

No es otro de los pilares, sino el pilar fundamental. De hecho, los niños son más prescriptores que la gente más mayor. Son los que incitan a crear nuevos y mejores hábitos.

En España se desperdician alrededor de 7,7 millones de toneladas de comida al año…

Ese es un dato que proporcionó la FAO en 2012.

¿Cuál es ese dato actualmente?

El problema es que intentar medir esto es muy difícil porque hay que determinar qué es desperdicio alimentario. Por ejemplo, para un agricultor que cultiva melocotones, los que quedan en el árbol no son desperdicio porque caen al suelo y sirven como abono. Sin embargo, para un productor de naranjas, la situación no es la misma, porque si las naranjas se descomponen en el suelo, lo acidifican y pueden matar el árbol, por lo que es necesario recogerlas y no todas se pueden comercializar o destinar a otros usos. Los criterios de medida han sido muy diferentes y actualmente solo se hacen estimaciones.

¿Hay un objetivo de reducción de desperdicio de alimentos establecido?

La Unión Europea determinó que habría que lograr una reducción de alrededor de un 20%, pero la cuestión es determinar de qué cantidad hay que partir para hacer esa reducción.

Perfil

Responsable del Proyecto contra el Desperdicio Alimentario de Aecoc, David Esteller, Barcelona (1964), es Licenciado en Ingeniería Electrónica Digital y Económicas, carrera a la que entró casi de rebote, pero de la que se enamoró gracias a profesores como Rafael Ribó o Jordi Solé Tura. Tiene un grado en Egiptología, que cursó "para encontrar algo que le aportara en lo personal".

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