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Aragón

Sucesos en zaragoza

"Se pusieron uno a cada lado de la cama y empezaron a darme puñetazos"

Tres horas tardó en desatarse Antonio, el anciano de 96 años al que dos ladrones pegaron una paliza el jueves en Encinacorba antes de desvalijar su vivienda.

Agresión a Antonio, de 96 años, en su casa de Encinacorba.
Agresión a Antonio, de 96 años, en su casa de Encinacorba.
José Miguel Marco

Todavía dolorido, con ambos ojos completamente amoratados y 18 puntos de sutura en el dorsal de la mano izquierda, Antonio, de 96 años, daba cuenta ayer en Encinacorba de la brutal paliza de la que fue víctima la madrugada del pasado viernes, cuando dos hombres encapuchados se colaron en su vivienda con intención de desavalijarla. Al anciano le pareció escuchar algún ruido extraño y trató de incorporarse, pero no tuvo opción. "Se pusieron uno a cada lado de la cama y al intentar levantarme empezaron a darme puñetazos. Acto seguido, me amordazaron con una camisa y me ataron las manos por detrás con un jersey. Quise impedirlo, pero volvieron a golpearme y caí sobre la cama", relataba la víctima.

Pese a arrastrar casi un siglo de vida a sus espaldas, Antonio hizo gala de unos reflejos y una fortaleza mental envidiables: tanto durante el asalto, como después. De hecho, sabedor de que su vida corría peligro, hizo creer a sus agresores que la paliza le había dejado inconsciente: "Me quedé recostado sobre el colchón haciéndome el muerto, así que se fueron a registrar la casa buscando dinero. Cada diez minutos, venía uno y me tocaba la sien para comprobar si tenía pulso. En ese momento, yo permanecía inmóvil y contenía la respiración", narraba el anciano.

Los delincuentes, que según el vecino de Encinacorba "no abrieron la boca en ningún momento" –posiblemente, para que no identificara su acento al hablar–, desvalijaron una a una todas las estancias del enorme caserón de tres plantas donde Antonio vive solo desde que enviudó, hace ahora seis años. No quedó un armario sin vaciar ni una cama sin levantar: los ladrones lo pusieron todo manga por hombro. Sin embargo, sus esfuerzos resultaron baldíos, ya que no fueron capaces de localizar ni un solo euro y se marcharon con las manos vacías.

Antonio fue prudente y dejó pasar una media hora hasta que se incorporó y salió del dormitorio. "Lo primero que hice fue quitarme la mordaza. Lo conseguí haciendo movimientos con la boca y con ayuda de una cortina. Bastante más me costó desatarme, ya que tenía las manos por detrás de la espalda. Empecé a frotarme las palmas una y otra vez. Con tanta fuerza que terminé levantándome toda la piel", explicaba el nonagenario. Pero su empeño tuvo recompensa y consiguió liberarse. Su primera reacción fue abrir la ventana y pedir ayuda, pero a las cuatro de la mañana, ningún vecino escuchó sus gritos de auxilio.

Él mismo llamó a todo el mundo

Malherido pero sin perder la entereza, Antonio levantó entonces el teléfono y, por este orden, llamó a la Guardia Civil, al centro de salud de Cariñena y a sus dos hijos. Y no le hizo falta ninguna agenda, porque se sabía los cuatros números de carrerilla. "Hace un año y medio fui víctima de otro robo. Entonces, me dijeron que si me volvía a pasar algo que llamara al 062. Y eso fue lo que hice", contaba. En aquella ocasión, el asalto fue a plena luz del día. Una mujer se presentó en su puerta ofreciéndole calzoncillos, pero lo que en realidad quería era entretenerlo. Así, mientras el vecino le ofrecía un café y unos bocados de jamón, otros dos hombres se adentraron en la vivienda y se llevaron el escaso dinero que tenía guardado.

"Hace un año y medio fui víctima de otro robo. Entonces me dijeron que si volvía a pasarme algo llamara al 062. Y eso hice"

Los hijos de Antonio, que viven en Zaragoza pero pasan todos los fines de semana en Encinacorba, no se separan ahora de su padre. "Pasa los inviernos con nosotros, pero en cuanto llega el buen tiempo, se empeña en venir al pueblo. Dice que su vida está aquí. Le ayudan dos mujeres y nosotros venimos todos los viernes, por lo que, hasta ahora, estábamos tranquilos. Sin embargo, ya no lo vamos a poder dejar solo", explicaba ayer Jesús, uno de los hijos. "Parece estar bien, pero nos dice que cierra los ojos y ve a los dos encapuchados", apostillaba, preocupado.

Los agresores entraron y salieron por la puerta principal

Tanto la familia de la víctima como la Guardia Civil sospechan que los dos encapuchados que el viernes pegaron la paliza a Antonio, de 96 años, en Encinacorba, tenían llaves de la casa. Es más, creen que podrían ser las mismas personas que hace año y medio robaron también en la vivienda.

"Cambiamos la cerradura, pero han entrado y salido por la puerta principal sin forzarla", explicaba este sábado Jesús, uno de los hijos del nonagenario.

Sabedora de que la familia del anciano estaba ayer en el pueblo, la Guardia Civil acudió al caserón donde ocurrieron los hechos para tratar de localizar alguna pista o vestigio que permita identificar a los desalmados que atacaron a Antonio. Según este, los ladrones llevaban guantes. En cualquier caso, los especialistas de la Benemérita estuvieron buscando huellas tanto en la puerta de la calle como en el resto de estancias por si en algún momento se los quitaron.

Pese al mal trago, los hijos de Antonio se mostraban ayer más tranquilos. "Parece que los calmantes le han hecho efecto y ha dormido bien. A ver ahora cómo evoluciona", comentaban. Lo que sí querían agradecer es el "enorme cariño" que todo el mundo ha brindado a su padre. "Desde la Guardia Civil, a los médicos de Cariñena y del hospital. Tenía la mano destrozada y le han hecho un trabajo estupendo", decían, agradecidos.

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