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Roberto Pérez: el hombre que hizo del cáncer y las desgracias su negocio

Roberto Pérez, detenido por la trama del cáncer infantil, se considera un gran empresario, ávido de encontrar nuevas oportunidades, a costa de lo que sea. Le da igual vender cáncer, lo que considera una "marca", que catástrofes naturales.

Roberto Pérez, presunto cabecilla de la trama fraudulenta del cáncer infantil en Zaragoza.
Roberto Pérez, presunto cabecilla de la trama fraudulenta del cáncer infantil en Zaragoza.
Heraldo

Carismático, impulsivo, conquistador... Para quienes lo conocen, Roberto Pérez Rodríguez, de 58 años y detenido el pasado 30 de mayo en Zaragoza como presunto cabecilla de la trama fraudulenta del cáncer infantil, pasa por ser una persona segura de sí misma, generosa y simpática aunque algo apabullante en el trato. Ofrece una imagen de empresario de éxito y solvente y desarrolla una gran capacidad de convicción a la hora de embarcar a cualquiera en sus empresas, algo para lo que nunca ha dudado en ofrecer importantes emolumentos: hasta 12.000 euros al mes, dicen.

Insaciable en los negocios, de las conversaciones telefónicas a las que le sometió la Policía Nacional durante casi seis meses se aprecia que hasta su mujer y su madre estaban preocupadas por el ritmo de trabajo que llevaba. Pero es que Roberto Pérez se había acostumbrado a vivir con un alto tren de vida y para eso precisaba de la prosperidad de sus negocios, esos a los que ahora envuelve un halo de sospechosa.

"Y cada vez me estoy metiendo más, pero lo hago con facilidad y no tengo ningún problema", explicaba el presunto cerebro de la trama a su madre cuando esta le preguntaba si realmente merecía la pena la vida que llevaba. Esta conversación se produjo el pasado 2 de febrero, cuando el empresario estaba en Barcelona y llamó a su hermana Margarita para que llevara a su madre los 1.700 euros que le daba cada mes, de fondos obtenidos a través de la captación de donativos solidarios.

Pero a Roberto Pérez no solo le gusta amasar dinero (tenía un sueldo de 15.000 euros al mes) y acumular coches y motos (le han sido intervenidas dos BMW de gran cilindrada, un turismo Jaguar XJ8 y un Jeep Grand Cherokee), sino también presumir y hacer ostentación de ellos. En otra conversación grabada por la Policía, su esposa, María Pilar L., quien recibe un sueldo de 5.000 euros mensuales de las empresas de su marido, le dice que ella preferiría vivir con "más calidad" de vida, "dormir tranquila", "no preocuparse de nada", saber que todo "gira sobre ruedas" y no estar pendiente "de Perú ni de Malibú". La también encausada por presunta estafa le dice que son cosas que "podían haber evitado" pero reconoce que a Roberto le "gusta meterse" en ellas.

Él le contesta que esas "cosas" están "dando sus frutos" y que ahora les va bien, que tienen un nivel de vida "muy alto", un chalé en el pueblo que "no lo tiene nadie" y otro en la playa que "tampoco tiene nadie".

El pueblo al que se refiere es Añón del Moncayo, porque aunque Roberto Pérez nació en la localidad guipuzcoana de Zumárraga, de donde era también natural su madre, su padre procedía de Alcalá de Moncayo (localidad muy próxima a Añón) . En la zona conocen muy bien a la familia, ya que el empresario –que tiene otros cinco hermanos, tres hombres y dos mujeres– siempre ha mantenido el vínculo con el pueblo, en el que ciertamente tiene un caro y aparente chalé, que también le ha sido intervenido por orden del Juzgado de Instrucción número 2 de Zaragoza.

Su afición por los coches, las motos y la velocidad en general –llegó a sufrir un accidente cuando el Rally Dakar pasó por Perú en 2018– va pareja a su gusto por la comida. Cliente asiduo del restaurante Los Cabezudos, fue a este conocido local zaragozano al que invitó a todos sus trabajadores las pasadas navidades. Al ágape siguió una fiesta con barra libre hasta media tarde en el café Meccano gastrobar, en la calle de Heroísmo.

Hasta llegar a montar un negocio en torno a las asociaciones "sin ánimo de lucro" –como la Liga contra el Cáncer Infantil (Linceci)– o sociedades como Bomberos Unidos Gestión Pymes S. L. –a través de la cual recauda dinero para ayudar presuntamente a víctimas de catástrofes naturales–, Roberto Pérez ha tenido una larga trayectoria llena de claroscuros.

Los hay que todavía recuerdan sus inicios en la venta de publicidad para flamantes revistas supuestamente profesionales de Policía Nacional o de Bomberos, que aseguraban tener una gran tirada y se quedaban en apenas un millar de ejemplares. O guías comarcales editadas con el fin de captar publicidad y fidelizar clientes en pueblos aunque después ni siquiera se publicaran. Pero Roberto Pérez dio el gran salto con Linceci. La "marca es el cáncer infantil" y no tiene empacho en animar a sus colaboradores a que "vendan" cáncer como gancho comercial, como gran empresario que es.

Pese a que el juez lo envió a prisión provisional por presuntos delitos de estafa, blanqueo de capitales y pertenencia a grupo criminal, el encausado está convencido de que todo lo que ha hecho es legal y no escatimará esfuerzos en intentar demostrarlo.

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