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Aragón

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La sanidad vegetal se protege con red

Aragón ha puesto en marcha una red, tejida con la colaboración público privada, para garantizar, todavía más, la sanidad vegetal de sus cultivos. Un proyecto pionero que contribuye además a dar seguridad y fortalecer las exportaciones. 

Plantas de teosinte, una mala hierba que provoca importantesa afecciones en los cultivos de maiz.
Plantas de teosinte, una mala hierba que provoca importantesa afecciones en los cultivos de maiz.
CITA

¿Recuerdan la crisis del E-coli? Sucedió en 2011. La provocó una bacteria intestinal de nombre científico ‘Escherichia coli’, detectada primero en Alemania, y después en Suecia, Dinamarca, el Reino Unido y Holanda. No hubo infectados en España, pero uno de sus productos hortícolas, el pepino, fue señalado, sin motivo ni razón, por una senadora alemana como causante de las graves infecciones. Aunque en apenas 48 horas se demostró que nada habían tenido que ver estos alimentos, el daño económico estaba hecho, por el desprestigio que para el producto tuvo que, por ejemplo, Italia llegara a confiscar hasta 1,4 millones de toneladas o Estados Unidos ordenará revisar todos los envíos de esta hortaliza.

¿Han oido hablar del teosinte? Es una mala hierba que llegó de México y que puede causar la pérdida total de la cosecha de maíz. O, ¿les suena la xylella fastidiosa? Esta plaga es tan letal que incluso se conoce con el nombre del ébola del olivo (o del almendro), como muy bien saben los productores italianos (y ahora también los de la Comunidad valenciana) que han visto morir millones de árboles prácticamente sin poder hacer nada.

No se pretende con estos ejemplos hablar de enfermedades vegetales, ni de las peligrosas consecuencias que pueden tener para la seguridad alimentaria, tampoco de las puertas de mercados exteriores que llegan a cerrar o de los problemas económicos por pérdidas de cosecha que acarrean. Estos ejemplos vienen a demostrar la importancia de disponer de información, herramientas y comunicación para atajar su efectos al más mínimo síntoma de enfermedad, a la más temprana muestra del crecimiento de una mala hierba o a los primeros avisos que hacen visible una plaga.

Eso es lo que ha hecho Aragón. Cooperativas agroalimentarias, las agrupaciones de tratamientos integrados en agricultura (Atrias), la asociación para la promoción de la gestión integrada de plagas (Aprogip), el Centro de Innovación y Tecnología Agroalimentaria (CITA) y el Centro de Sanidad y Certificación Vegetal (CSCV) –ambos dependiente del Gobierno de Aragón– han tejido una sólida red que mantiene a raya las amenazas sanitarias en los principales cultivos de la Comunidad: herbáceos, olivar, vid, frutales y hortícolas.

Se llama Red de Vigilancia Fitosanitaria en Aragón, también conocida como Redfara. Nació en 2016 de una perfecta combinación público-privada tanto para garantizar la sanidad vegetal en la Comunidad autónoma como para prestar el mejor servicio de asesoramiento al agricultor. Y en estos tres años de andadura ya se ha realizado el seguimiento de más de 200 plagas y enfermedades en 47 especies cultivadas.

Nació en 2016 al calor del Programa de Desarrollo Rural 2014-2020, con un presupuesto cercano al 4,8%, financiado en un 80% por las arcas comunitarias. Su objetivo era crear una herramienta que aunase toda la información general posible sobre el estado sanitario del territorio, para poder actuar así con rapidez ante la aparición de cualquier problema en las plantas, responder a las alertas y, muy especialmente, garantizar las exportaciones. Y es una iniciativa de colaboración público-privada, única y pionera en España. "En este aspecto, creemos que no hay otra igual, porque es cierto que existen iniciativas en otras comunidades autónomas que podrían parecer idénticas pero no lo son, la relación público-privada no es tan real", señala Ana Garín, técnica de Cooperativas Agroalimentarias de Aragón y coordinadora del proyecto.

Los principales agentes que trabajan en Aragón en el ámbito de la sanidad y la vigilancia fitosanitaria –desde asociaciones sectoriales hasta centros de investigación del Ejecutivo regional– han tejido una red tanto para proteger la salud de los principales cultivos de la Comunidad como para asesorar a los productores y lograr así una mayor y más sana rentabilidad de sus explotaciones.

No es que este servicio no se realizará antes. Existía y en él llevan trabajando durante mucho tiempo tanto las asociaciones de tratamiento integrado como los centros de control e investigación, pero, dicen sus impulsores, se consideró necesario "aglutinar todo el trabajo, formalizar la cooperación y hacer así más efectiva la transferencia al sector".

Con una aplicación móvil

Ahora, en este nuevo engranaje cada cual tiene una función bien definida. El punto de partida son los más de 350 puntos de seguimiento que este proyecto estableció en parcelas repartidas por toda la Comunidad y representativas de cultivos herbáceos, olivar, viña, frutales y hortalizas en los que se realiza la vigilancia. Un tarea que llevan a cabo los más de 100 técnicos cualificados de las Atrias (agrupaciones que actuan en 570 municipios de la Comunidad y asesoran a agricultores que engloban casi 310.000 hectáreas), que semanalmente visitan estas zonas en las que se recopila información sobre el estado fenológico de las plantas y la incidencia que sobre ellos tienen determinadas plagas, posibles enfermedades o la competencia de malas hierbas.

Para manejar todos los datos obtenidos se diseñó una aplicación móvil con la que es posible no solo almacenar la información, sino también analizarla y procesarla para que los técnicos que forman parte de la red puedan consultar en cualquier momento, bien a través de sus dispositivos móviles o accediendo a la web del proyecto.

Es ahí donde entra en juego Cooperativas Agroalimentarias, la organización que además de gestionar la información obtenida a pie de campo se encarga de coordinar a las diferentes entidades que conforman la iniciativa.

Conseguir que estos datos lleguen al productor final es labor del Centro de Sanidad y Certificación Vegetal, dependiente de la consejería de Desarrollo Rural y Sostenibilidad del Gobierno de Aragón (CSCV). Sus responsables son los encargados de utilizar toda la información aportada por los técnicos y gestionada por Cooperativas Agroalimentarias para elaborar las pertinentes recomendaciones fitosanitarias para los cultivos amenazados por una enfermedad o plaga. Este centro elabora además avisos y boletines dirigidos tanto a técnicos como agricultores. De esta divulgación se ocupa también la Agrupación para la Promoción de la gestión integrada de plagas (Aprogip).

Investigación

Cierra esta red el Centro de Innovación y Tecnología Agroalimentaria de Aragón (CITA), dependiente de la consejería de Innovación del Ejecutivo regional, que, como centro de investigación que es, participa en el proyecto experimentando en nuevos métodos de lucha propuestos por el sector y con los que se intentan resolver los problemas fitosanitarios más preocupantes y urgentes. Porque, dadas las restricciones cada vez mayores en el uso de determinados productos químicos en la agricultura tanto por la imposición de la Unión Europa como la demanda cada ve mayor de los consumidores, este tipo de iniciativas tiene el objetivo y el deber de dar respuesta a los riesgos (alimentarios, productivos y económicos) con posibles alternativas más naturales. En ello trabaja precisamente el CITA, que durante los tres últimos años (el tiempo que Redfara lleva en activo) ha realizado más de 70 experiencias de investigación e innovación, cuyos resultados ha compartido con los técnicos y ha transferido a los agricultores en diferentes reuniones, jornadas o cursos.

Las cifras dan buena cuenta del buen funcionamiento de esta red. Durante las tres campañas en las que ha trabajado han sido más de 150 los técnicos que han utilizado la app ‘Redfara’. Se han monitoreado además más de 1.200 puntos de control por campaña y se han llevado a cabo más de 50.000 controles de plagas por campaña. Y se ha realizado el seguimiento de más de 200 plagas y enfermedades en 47 especies cultivadas.

Todo este trabajo tiene la mirada puesta en las producciones, porque lo que con él se pretende es "disponer de una información rigurosa de la sanidad vegetal de Aragón", destacan sus impulsores, que insisten además en que uno de sus principales objetivos es «contar con una herramienta útil y eficaz para la correcta gestión integrada de las plagas». Pero además la red pone en el centro de su colaboración al agricultor, al que pretenden ofrecer así "un mejor asesoramiento" con el fin de que pueden conseguir una producción sin sobresaltos y cuyo estado sanitario permita disponer de mayores garantías para la exportación, sin olvidar, por supuesto al consumidor, al que ofrecen de esta manera una total seguridad alimentaria. Y, además, los agentes implicados no pierden de vista el medio ambiente, porque su mejor conservación depende también de la capacidad para anticiparse a los peores efectos de plagas y enfermedades y a la posibilidad de reducir tratamientos adversos para el entorno natural.

Continuidad

Aunque existen numerosas plagas que amenazan a los cultivos aragoneses, y "algunas son más peligrosas que otras", el proyecto no responde a "una situación de preocupación", sino a la necesidad de controlarlas y tratarlas (con soluciones cada vez más naturales y sostenibles) "para no llevarnos un susto", destaca la coordinadora de red.

El proyecto tiene una duración limitada –hasta 2020–, pero sus impulsores están convencidos de que una vez que dejen de llegar los fondos europeos, encontrarán mecanismos para darle continuidad. "Entendemos que tiene que seguir y esperamos que haya financiación, porque su continuidad es importante para el sector, pero su funcionamiento también le interesa a la administración", señalan.

De la prevención y del rigor científico (y no político) en el uso de fitosanitarios

Aunque está en funcionamiento desde hace tres campañas, la Red de Vigilancia Fitosanitaria de Aragón se presentó en sociedad en Zaragoza en unas jornadas en las que se abordó el presente y futuro de la sanidad vegetal. En dicho encuentro, Francisco Borrás, asesor del grupo cooperativo Anecoop, líder en comercialización de frutas y hortalizas, destacó especialmente el trabajo realizado por los técnicos de las Atrias (asociaciones de tratamiento integrada de plagas) porque, aseguró, "con su trabajo se ha conseguido que España sea uno de los países de la Unión Europea con menos alertas sanitarias en los cultivos".

Dado que el tratamiento de las plagas y enfermedades requiere el uso de fitosanitarios (cada vez mas cuestionados por sus efectos negativos especialmente por la disminución de la biodiversidad, la contaminación del suelo y del agua y, en consecuencia, por su posible impacto en la salud humana), la jornada incidió también en la importancia de mantener el rigor científico y no político a la hora de tratar los asuntos relativos a las materias activas que se usan en los plagicidas. Así lo pidió Carlos Palomar, director general de la Asociación Empresarial para la Protección de las plantas (Aepla), que puso como ejemplo que "hay partidos políticos que prohíben el glifosato y otros que lo defienden".

Por su parte, el director general en funciones de Sanidad y Producción Agraria del Ministerio de Agricultura, Valentín Almansa, advirtió que el modelo actual de agricultura que demanda la sociedad poco tiene que ver con el de hace unas décadas. Y recomendó a productores y técnicos que hay que adaptarse al futuro, a "una agricultura en el que la aplicación de fitosanitarios será la última herramienta a usar puesto que antes habrá que trabajar en prevenir la aparición de plagas o enfermedades mediante otros sistemas". Almansa anunció que, a partir de ahora, se van a reducir las "excepciones" que hasta este momento permitían el uso de algunas materias activas, porque el objetivo de la administración no es atajar los síntomas, "sino ayudar a encontrar el origen del problema para poner remedio desde el principio", dijo.

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