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Más de 110 farmacias de Aragón preparan pastilleros semanales para pacientes crónicos

El sistema empezó a aplicarse hace casi cuatro años y es necesario haber realizado un curso y tener el permiso de la DGA.

El Sistemas Personalizado de Dosificación (SPD) de un paciente.
El Sistemas Personalizado de Dosificación (SPD) de un paciente.
Sandra Lario

Hace cuatro años, el Gobierno de Aragón publicó un decreto que permitía a las farmacias de Aragón ofrecer un nuevo servicio: los Sistemas Personalizados de Dosificación (SPD). Con un nombre un poco complejo venía a regular la preparación y venta de los tradicionalmente conocidos como pastilleros. Así, los 'blísteres' se distribuyen de forma ordenada atendiendo al día de la semana que sea (de lunes a domingo) y el momento de la jornada (desayuno, comida, cena y noche). El objetivo es mejorar la adherencia de los pacientes crónicos y que tanto ellos como las farmacias cuenten con las garantías legales para elaborar estos productos. De este modo, la comunidad aragonesa se convirtió en la primera en regular a través de un decreto este sistema de medicación.

Tras este tiempo, un total de 114 farmacias han presentado la correspondiente declaración responsable y, por lo tanto, están acreditadas para dispensar medicamentos de forma personalizada. Además, todos los farmacéuticos que trabajen en ellas deben tener una formación correspondiente. El Colegio de Farmacéuticos realizó varios cursos cuando se puso en marcha y ahora “el 100% de las farmacias están preparadas”, explican. Además, aquellos jóvenes que terminan sus estudios en la Universidad San Jorge ya obtienen esta acreditación.

A pesar de los avances, desde el Colegio Oficial de Farmacéuticos de Zaragoza lamentan que su implantación nunca va a llegar a todos los que lo necesitan hasta que la Administración no lo considere una herramienta útil”, explica Ramón Jordán, presidente de la organización. Desde su punto de vista, lo ideal sería que los médicos de Atención Primaria, conociendo las patologías de cada uno de sus pacientes, les recomendaran este servicio cuando fuera necesario. “Ya ocurre en algunos pueblos, donde la relación entre el médico y el farmacéutico es más directa”, afirma. En términos generales va dirigido a personas con enfermedades crónicas, polimedicadas y que empiezan a tener problemas de memoria. “El objetivo no es generalizarlo porque no tiene sentido. Una persona que toma tres medicamentos y se acuerda de ello, no lo necesita”, recuerda.

El problema radica en que hay mucha gente que cree que se toma una medicación de forma correcta y no lo hace. “Suelen ser personas mayores que no ven el peligro que implica la incorrecta adherencia al tratamiento”, especifica. Matrimonios que se toman el uno lo del otro, personas que no se acuerdan y se ingieren la medicación dos veces... Los ejemplos son variados y la mayoría tienen solución. Generalmente son los hijos o las personas que les cuidan los que se percatan de estos despistes y preguntan en la farmacia cuáles son las opciones. “No debemos olvidar que el consumo de medicamentos de manera incorrecta supone el 30% de los ingresos en urgencias”, recalca Jordan.

¿Cómo se elabora?

Cuando un paciente expresa en la farmacia su deseo de que le preparen los 'blísteres' de medicación para toda la semana, lo primero que hace el farmacéutico es pedirle todos los medicamentos que consume. “No solo lo que le receta el médico de cabecera, también cualquier otro tratamiento aunque sea de herboristería”, puntualiza Jordan. Muchos consideran que al no comprarse en una farmacia, no interfieren con el resto de medicamentos, pero no es la realidad. “También hay casos en los que nos traen la medicación y comprobamos que tienen duplicidades. Por ejemplo, alguien que toma un antibiótico recetado por su médico de familia, otro por el especialista de la privada y un tercero que se lo recomienda el vecino. Si no se controla a tiempo, puede provocar una úlcera”, explica.

Conociendo todo lo que ingiere el paciente, unido a sus patologías y hábitos, se elabora un estudio de su medicación para evitar duplicidades y reacciones adversas. Este documento se remite al médico de Atención Primaria para que revise la situación y realice los cambios que sean necesarios. Con la respuesta, se empiezan a rellenar el pastillero. Tras cuatro años, Jordan valora de manera positiva esta implantación, pero confía en que en un futuro se mejore la comunicación entre médicos y farmacéuticos para conseguir una mayor adherencia, especialmente, en las zonas urbanas.

El precio, otro escollo

Si la falta de comunicación es el principal problema para una mayor implantación entre aquellas personas que lo necesitarían, el precio también puede motivar algunas bajas. Aunque cuando se puso en marcha se valoró la opción de que una parte estuviera subvencionada (como ocurre en otras comunidades autónomas), finalmente nunca se llevó a cabo. “No hay precio fijado, cada farmacia decide cómo lo valora”, puntualiza el presidente del Colegio Oficial de Farmacéuticos de Zaragoza. En términos generales, el coste varía entre 20 y 30 euros mensuales.

“Si finalmente entrara dentro de la cartera de servicios del Salud supondría una mejora importante”, recuerda. Por un lado, mejoraría la salud del paciente (porque tomaría toda la medicación que necesita en el día y las horas adecuadas) y, por otro, significaría un ahorro para el sistema público sanitario (no habría tantos ingresos por problemas en la toma de la medicación).

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