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Aragón

entrevista

Pilar Callejero: "El delincuente no puede usar la figura del refugiado"

Comisaria jefa de la Brigada Provincial de Extranjería y Fronteras de Zaragoza, Pilar Callejero está volcada
en la lucha contra la trata de seres humanos.

La comisaria del Cuerpo Nacional de Policía, Pilar Callejero, en su despacho de la Brigada Provincial de Extranjería y Fronteras.
La comisaria del Cuerpo Nacional de Policía, Pilar Callejero, en su despacho de la Brigada Provincial de Extranjería y Fronteras.
Guillermo Mestre

Pilar Callejero Cornao es una apasionada de su trabajo y, en especial, de todo lo relacionado con la extranjería. Es la primera mujer que llega en Aragón al puesto de comisaria en un año simbólico para el Cuerpo Nacional de Policía, puesto que se cumple el 40º aniversario de la primera promoción en la que en España se formaron mujeres como policías. Licenciada en Derecho por la Universidad de Zaragoza, ingresó en la Academia de Ávila en 1990. Uno de sus primeros destinos como inspectora marcaría su carrera: jefa del Grupo Operativo de la Brigada de Extranjería y Fronteras y jefa de la Oficina de Asilo de Barcelona. Desde entonces, la lucha contra las organizaciones criminales dedicadas a la trata de seres humanos, la protección de los asilados y la asistencia a las víctimas han sido y son sus prioridades.

Ha llegado a lo más alto y con un elevado grado de especialización en una materia complicada...

Cuando llegué me propuse aportar experiencia, ganas e ilusión, porque a mí esto es lo que más me gusta del mundo. La extranjería es una realidad poliédrica; tiene muchas caras: el Derecho positivo español, que es nuestra ley de extranjería, el derecho comunitario, comparado, que nos ampara y nos constriñe, pero también la realidad del país y no solo del nuestro sino de los que proceden los inmigrantes, y la que dan los medios de comunicación.

¿Cuáles son sus retos?

Lo primero que detecté fue la gran vorágine que hay de gente solicitante de asilo. Para mí el estatuto del refugiado es una figura fundamental del Derecho Internacional de la cual el ser humano se tiene que sentir orgulloso y lo digo con la mano en el corazón. Forma parte de la convención de derechos humanos. Y creo que se está viciando.

¿Por qué?

Porque debido a la gran cantidad de solicitantes de asilo se está haciendo un coladero para los delincuentes. Se está usando esta vía por extranjeros a los que se ha denegado la tarjeta de comunitario por los antecedentes penales que acumulan y han agotado todas las vías para regularizarse. Esto va en detrimento del auténtico refugiado, que para mí es una persona a la que todos los países tenemos que dar cobijo, atender sus necesidades, integrar y proteger.

¿Cómo abordan el problema?

Hemos tomado medidas para intentar dar transparencia y limpieza al proceso de asilo. Lo primero que estamos haciendo son informes para que nos entren vía urgente y se denieguen sus peticiones porque no son refugiados y llevan en España varios años y la ley del refugiado dice que hay que pedir el asilo en el primer mes. Pero, claro, tiene que pasar por la comisión interministerial de Madrid, tarda y consiguen la tarjeta roja por silencio positivo.

¿Eso qué significa?

Que te conviertes en solicitante de asilo y te da derecho a unas determinadas ayudas sociales y, sobre todo, derecho al no retorno. A esa persona ya no la puedes expulsar. Esto no es justo para nadie, ni para el inmigrante económico que le cuesta conseguir un puesto de trabajo ni para el refugiado. El delincuente no puede usar ese estatuto porque nos ha costado mucho tener la figura del asilado, a nosotros y a nuestros mayores.

¿La trata de seres humanos es la esclavitud del siglo XXI?

Sí. No hay palabras para definir lo execrable que es ese delito; enriquecerse con el cuerpo de otra persona no tiene nombre. No entiendo que perdure el problema en el siglo XXI, ni cómo alguien se puede permitir en sus mientes tener un esclavo.

Hace poco desarticularon, por citar una de sus últimas operaciones, una red que explotaba a pakistaníes en fruterías.

Sí, estamos combatiendo con mano muy firme la explotación laboral. Se están haciendo muchos servicios y más que saldrán. Tengo mucha confianza. Pero, claro, hay que contar también con la colaboración ciudadana.

¿Qué deben hacer la ciudadanía?

Que llamen a la Policía si observan cosas extrañas. Si ven, por ejemplo, a personas que han entrado en un local y nunca salen, o trabajan de madrugada, que avisen al 091.

¿Falta compromiso?

Sí, y no lo entiendo. No son trapos sucios que hay que lavar en casa. Y no tienes que dar el nombre. Si llamas a la sala del 091 y dices que no te quieres identificar pero cuentas que debajo de tu casa hay un local o gente de determinadas características es suficiente. Yo siempre digo lo mismo: si nosotros vamos a un lugar y no hay nada, con pedir perdón asunto concluido, pero si hay algo, hemos salvado la dignidad de mucha gente. Y nos pagan para eso.

¿Qué tecla hay que tocar para combatir la explotación sexual?

Estamos trabajando mucho en ello. Tenemos una situación nueva porque a los clubes los teníamos muy controlados pero ahora con los pisos es más complicado. Para solucionar esto hemos mantenido reuniones con la delegada del Gobierno y otras instituciones para encontrar una vía legal para cerrarlos porque no se están usando para lo que deben ser.

¿Qué culpa tiene el cliente?

Mucha. Si no hubiera demanda no habría oferta.

¿Las mujeres explotadas colaboran?

Me gustaría que lo hicieran más. Tenemos un protocolo súper tasado para actuar con ellas. El artículo 59 bis de la ley de Extranjería se reformó para que se les diera una tarjeta por circunstancias excepcionales, permiso de trabajo, de residencia, protección y un periodo de reflexión para que decidan si quieren cooperar en la investigación del delito. Tenemos que estar orgullosos de nuestro Derecho.

¿Los menores extranjeros no acompañados (menas) son un problema policial o social?

Lo primero que tengo que decir es que no se puede identificar nunca mena con delincuente así, a tanto alzado. Y lo segundo, que tenemos que trabajar siempre y en todos los ámbitos por el interés superior del menor. Los menores son el futuro del cualquier nación. Dicho esto, tenemos que tratar siempre caso por caso. El interés superior de un menor no puede ser el interés superior de otro menor.

¿Qué quiere decir?

¿Hasta qué punto el interés superior de un menor es estar aquí fuera de sus padres, pensándose que este es el país de los teléfonos móviles, fuera de su cultura, desarraigado? Para eso tenemos la Ley de Extranjería, que dice que el que venga en situación de desamparo, es decir, sin un mayor de referencia, hay que intentar siempre llevarlo con sus padres o con las autoridades de menores de su país. Si no se puede o bien se ve que el interés superior de ese menor no es volver con sus padres sino adquirir conocimientos aquí y conseguir un trabajo, entonces ese se tiene que quedar y hay que documentarlo. Pero hay que estudiar caso por caso. Este es otro ámbito en el que me he propuesto poner toda la carne en el asador. Creo que tenemos que trabajar todos a una, con la ley en la mano y con las autoridades del país de origen. Nosotros hemos empezado a hacerlo. Lo que pasa es que costará.

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