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Aragón

infraestructuras 

Los vecinos de Mediano claman por la torre del embalse al cumplirse 50 años del desalojo

Catalogada como Bien de Interés Cultural, es «un símbolo de la montaña» y el único resto de la iglesia del siglo XVII. 

La torre de la iglesia de Mediano es del siglo XVII y está catalogada como Bien de Interés Cultural.

Los vecinos de Mediano claman por la protección de la torre de la iglesia el día en el que se cumplen 50 años de su salida del pueblo a la fuerza. Tal día como hoy, en 1969, la Administración soltó el agua del embalse y ellos se vieron obligados a huir con sus enseres para no morir ahogados en su pueblo.

«Esa noticia del 29 de abril de 1969 nunca se publicó. Cincuenta años después creemos que debemos pedir que la torre del embalse se proteja porque es un Bien de Interés Cultural y todo un símbolo de la montaña», manifiesta José María Campo, un economista que sufrió con su familia el final de su pueblo natal.

La torre de la iglesia del siglo XVII necesita, según los habitantes de Mediano, «consolidarse» para evitar que, después de estar medio siglo «a remojo» en el embalse, acabe derrumbándose un día. «Los turistas extranjeros que vienen a Mediano se quedan sorprendidos con la torre. Ahora que se habla de la España vacía, esto es el signo de la despoblación en la montaña y se podría incluso iluminar para que se viera bien», señala Campo. Esta torre tiene hasta una canción de La Ronda de Boltaña que fue compuesta para el documental ‘La memoria ahogada’ (realizado por Factoría Plural para Aragón TV) y se tituló ‘La dama del lago’.

El único arreglo, en 2001 

En el año 2001, la Confederación Hidrográfica del Ebro (CHE) concedió a la Mancomunidad de Sobrarbe los permisos necesarios para desarrollar las obras de rehabilitación de la torre. Y este ha sido el único arreglo que ha tenido. Cuando lo permitió el nivel de las aguas del pantano, la empresa Prames llevó a cabo los trabajos durante tres días y cuatro operarios utilizaron una barca como plataforma de apoyo. Limpiaron la parte superior del tejado, repusieron la tierra de asiento y aplicaron cemento a la cúpula para asegurar las losas. Sustituyeron, además, las que estaban en mal estado. La mayor parte de los 500 habitantes de Mediano (junto a los de Morillo de Tou, Arasanz y Coscojuela de Sobrarbe, que al final se fueron al expropiarles las tierras) se tuvieron que marchar del pueblo y en la hégira acabaron viviendo en Barbastro, Huesca, Zaragoza, Lérida o Barcelona. Ahora, una de las pocas cosas que siguen uniéndolos es que todos los vecinos juegan al mismo número de la lotería en Navidad que, coincide con la fecha de la inundación: 29469 (29 de abril de 1969).

Al borde del pantano 

Pocos se quedaron cerca del pueblo perdido. Tres de las familias decidieron construirse una casa en el borde del pantano y los mayores suelen residir solo la mitad del año, entre primavera y verano. Begoña Oliver, de Casa Cavero, pertenece a una de esas familias que optaron por esta alternativa, pero a sus 87 años reside la mayor parte del año en Barbastro y suele ir a su casa de Mediano cuando mejoran las temperaturas. Cuenta que sí les habían avisado, pero que aguantaron en sus casas hasta que el agua los echó.

Su hijo José María Campo recuerda que el día que fueron expulsados de su casa era Jueves Santo porque inundaron el pueblo la mayoría de los vecinos estaban en los oficios en la iglesia y llevaba tres días lloviendo. «Cuando llegamos ese día a casa era de noche. Tuvimos que subir las maletas a las falsas. Pusimos allí los libros y acabaron como una pasta. Salimos como pudimos para no ahogarnos», rememora el vecino de Mediano. «Los del pueblo habían tenido que estar declarando en la Guardia Civil unos días antes», apunta. Entonces, no podían protestar por nada. Cuando quisieron recuperar sus ropas, tuvieron que regresar en barcas a sus viviendas.

Los últimos habitantes que habían resistido la tentación de marcharse fue porque no aceptaron las propuestas económicas de la CHE. De hecho, Begoña recuerda que por cinco casas en Mediano y 40 hectáreas de tierra que fueron inundadas apenas les pagaron 300.000 pesetas.

Nunca se inauguró 

Como la puesta en marcha del embalse de Mediano fue tan abrupta con la expulsión de los habitantes y la suelta del agua (como ocurrió en Fayón el 20 de noviembre de 1967 con el pantano de Ribarroja), no se aconsejó que la dictadura de Franco inaugurara esta obra hidráulica, como tenía por costumbre. «A nosotros nos llevaron del colegio de Escolapios con banderitas cuando vino Franco a inaugurar el pantano de El Grado», revivió José María Campo.

Los vecinos de Mediano lamentan el devenir del pueblo inundado porque la CHE ha ido permitiendo que las piedras o sillares de las casas se pudieran recuperar para utilizarlas en otras residencias o en obras como el santuario de Torreciudad, situado en el extremo del pantano de El Grado. Pero ellos dicen que esa es otra historia y anuncian que van a emprender acciones a lo largo de este año para que no se olvide su memoria anegada.

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