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entrevista

María José Estarán:“También se puede ser científico en Humanidades”

La Doctora en Historia Antigua ha sido galardonada con el Premio Aragón Investiga a Joven Investigador.

María José Estarán, delante de la estatua de César Augusto.
María José Estarán, delante de la estatua de César Augusto.
R. Labodía

María José Estarán, doctora en Historia Antigua, ha sido galardonada con el Premio Aragón Investiga a Joven Investigador. Muy pocos científicos relacionados con las Humanidades han recibido este reconocimiento.

Se lo concedieron al catedrático Martín Bueno, pero fue en la modalidad senior, especialidad que ya no existe en el premio. Ahora está destinado a empresas y a investigadores menores de 35 años que trabajen en Aragón.

Por tanto, usted es la primera y la única en esta concesión.

Sí. Y siento un enorme orgullo por proceder de las Humanidades. Porque la Historia también es una ciencia, pues lo que hacemos tiene un método científico. Lamentablemente, cuando se cita a una investigadora, solo se piensa en los laboratorios. Nadie piensa en las Humanidades, en las bibliotecas, en los archivos. También se puede ser científico en Humanidades.

Nada le rebatiré yo…

No pretendo despreciar a las ciencias puras o exactas; pero quiero reivindicar el papel de las Humanidades como generadoras de conocimiento. ¿Qué sería de nuestra sociedad sin el conocimiento humanístico?

Quién mejor que usted para responder a la pregunta…

No seríamos nada. Es básico para entender nuestra sociedad y adquirir un pensamiento crítico.

¿Cómo anidaron en usted estas inquietudes?

Desde muy joven amaba la Historia, el Arte, la Literatura. Mi padre, José Estarán, es historiador. Él educó mi visión humanista.

¿Cómo se divisa el mundo desde los ojos de las Humanidades?

Valoras el patrimonio artístico, histórico y lingüístico. Entiendes que no eres el centro del mundo.

¡Ay, la percepción egocéntrica…!

El humanismo explica de forma diáfana que otros han pasado por el mundo, que han dejado su huella. Es necesario comprender esa huella para valorar más todo, incluso para disfrutar con más intensidad de las pequeñas cosas.

Qué seríamos sin la Odisea, sin Leónidas y las Termópilas, sin nuestra madre Roma…

Latín y griego, nuestra cultura. Y la raíz de nuestro idioma.

También sirven para conocer la etimología de su trabajo.

Me centro en la epigrafía: ‘epi’ significa ‘sobre’ en griego; y ‘grafein’, ‘escribir’, también en griego. Es una ciencia auxiliar de la Historia. Hay epigrafía antigua, medieval, renacentista, contemporánea. Estudia lo que está escrito sobre soportes no perecederos: metal, piedra, cerámica. Perecedero es el papiro, el pergamino, el papel.

Fundamental la escritura. Con ella comenzó la Historia.

Exacto. La división entre Prehistoria e Historia lo marca la invención de la escritura en Mesopotamia en el 3700 antes de Cristo.

Usted investiga sobre los pueblos paleoeuropeos.

El concepto paleoeuropeo es nuevo y se ha acuñado en Zaragoza gracias al catedrático y actual vicerrector, Francisco Beltrán. Paleoeuropeo es todo pueblo que habitaba en Europa antes de la romanización: etruscos, galos, íberos y un largo etcétera. Yo, básicamente, he estudiado la transición lingüística, cultural y religiosa de los pueblos paleoeuropeos hacia la romanización.

En ese tiempo gobernaba el latín. Ahora es el inglés.

Sin duda, es el idioma vehicular, de entendimiento internacional, de negocios; pero el idioma de la cultura con mayúsculas sigue siendo el latín, origen de otro idioma fundamental, el español.

El idioma español: Quevedo, Cervantes, García Márquez… El delirio de Alonso Quijano, la soledad de Macondo…

Lo que le decía: cultura con mayúsculas, manjares que no podrá disfrutar jamás quien carezca de sensibilidad humanística.

Por cierto, nada de esto se escuchó en los debates políticos de la pasada semana…

Es descorazonador que ningún candidato dedicara ni un segundo de sus palabras a las Humanidades, a la cultura. Lamentablemente, como si echáramos la vista dos milenios atrás: pan y circo.

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