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Aragón

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La férrea defensa del Ebro y de la autonomía

La amenaza de los trasvases y la lucha por un reconocimiento de los derechos históricos de la Comunidad han sacado a la calle a miles de aragoneses en legendarias protestas del 23 de abril.

Histórica manifestación del 23 de abril de 1978, en la que más de cien mil aragoneses reafirmaron su vocación autonomista. Uno de los momentos más emotivos se vivió cuando se izó la bandera de Aragón junto a la estatua del Justicia.
Histórica manifestación del 23 de abril de 1978, en la que más de cien mil aragoneses reafirmaron su vocación autonomista. Uno de los momentos más emotivos se vivió cuando se izó la bandera de Aragón junto a la estatua del Justicia.
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Más de cien mil aragoneses celebraron el 23 de abril de 1978 el primer Día de Aragón reafirmando en la calle su vocación autonomista. La Asamblea de Parlamentarios había elegido el 9 de abril a Juan Antonio Bolea Foradada, parlamentario de UCD, presidente provisional de la Diputación General de Aragón, y en el primer Consejo de Gobierno se acordó conmemorar una fecha tan señalada exigiendo el reconocimiento a los derechos históricos de la Comunidad. Y vaya si se consiguió. Al son de los tambores del Bajo Aragón, se reclamó más autonomía para reconstruir la identidad aragonesa. Ya en 1976, el 4 de julio, unas 6.000 personas habían participado en la marcha de Caspe, con la que se pretendía conmemorar el 40 aniversario del primer Estatuto de Autonomía.

El aragonesismo, entendido como el sentimiento de pertenencia a una Comunidad histórica integrada en España, y la oposición al trasvase han dado pie a las principales manifestaciones que se recuerdan en la Comunidad, solo comparables a las que secundaron más de 200.000 zaragozanos para condenar los atentados de la Casa Cuartel y el asesinato de Miguel Ángel Blanco.

La defensa de una mayor cuota de autogobierno cristalizó el 23 de abril de 1992 en una protesta secundada por el 10% de los aragoneses, sin precedentes en la España de las autonomías, para exigir la reforma del Estatuto y las mismas cuotas de autogobierno que las comunidades que se acogieron al artículo 151 de la Constitución española. Más de 10.000 aragoneses llevaron esa misma reivindicación al Congreso de los Diputados unos meses después.

El clamor autonomista se volvió a adueñar de Aragón un año después, en otro histórico 23 de abril que incorporó un ‘no’ rotundo al trasvase del Ebro. Y las movilizaciones para exigir ‘Agua y futuro’ fueron a más y culminaron, el 8 de octubre del año 2000, con más de 400.000 zaragozanos en la calle.

El componente reivindicativo del 23 de abril se empezó a desinflar a partir de 1994, un año en el que la crispación política y una organización caótica, con peleas partidistas incluidas, redujo la asistencia a la manifestación por la plena autonomía a poco más de 20.000 personas. Pero repuntó con fuerza en 2002 y en 2003, donde la oposición al Plan Hidrológico Nacional llevó a miles de personas a conmemorar el Día de Aragón con protestas en la calle. Un año después, en 2004, se celebró el fin del trasvase con un reparto simbólico de barquillos con forma de trozos de tubería para saborear el triunfo de la sociedad civil. Aunque en 2008, el año Expo, se amagó con el trasvase del Ebro al Barcelona, que tampoco llegó a prosperar.

Desde entonces, el Día de Aragón tiene un marcado carácter lúdico e institucional, aunque no hay que descartar que retome su espíritu más reivindicativo si la defensa de la Comunidad lo requiere de nuevo.

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