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Aragón

Riego

Un bien inmaterial para repartir agua

Una tradición ancestral que simboliza la importancia de los usos del agua en el regadío histórico aragonés se ha convertido en un bien inmaterial del patrimonio cultura de Aragón. Se llama Trallo y se celebró este domingo (y el 20 de mayo).

Un grupo de personas observa el recorrido que realizan los fajos de hierba camino del partidero de Almisén.
Un grupo de personas observa el recorrido que realizan los fajos de hierba camino del partidero de Almisén.
Hermandad Acequia de Pedrola y el Cascajo

Hoy, como es tradición ancestral todos los 21 de abril en la Ribera Alta de Ebro, los regantes de la Hermandad de la Acequia de Pedrola y el Cascajo se reúnen en el Partidero de Almisén para establecer el reparto de turnos de riego que corresponderá a los agricultores de Figueruelas, Azuer, Cabañas de Ebro, Álcala de Ebro y Pedrola, por un lado, y a los que Alagón, Grisén y Oitura, por el otro.

Lo deciden cinco fajos de hierba (que corresponden a cinco días) que se lanzan sobre el agua, 20 metros arriba del partidero; un trallo o madero (ahora una tajadera) de unos 25 metros de altura, y el curso y el caudal del agua. Este sistema de reparto, que vuelve a realizarse el 20 de mayo (en esa ocasión con cuatro fardos de hierba) puede parecer excesivamente azaroso, pero resulta totalmente imparcial y ha conseguido mantener durante siglos la paz social de una zona en la que las provisión de agua de riego provocaba no pocos conflictos. El Trallo o Arruedo, como así se llama esta tradición, es uno de los escasos elementos conservados del derecho consuetudinario generado en torno a los sistemas hidráulicos en Aragón a lo largo de los siglos.

Todas estas características y, sobre todo, la decidida voluntad de sus organizadores, que la mantienen sin pausa desde que aparece documentada allá por el siglo XIX (aunque sus orígenes podrían remontarse siglos atrás), le ha hecho merecedor de entrar a formar parte del patrimonio aragonés. Porque el Trallo ha sido catalogado por el Gobierno autónomo como Bien Inmaterial del Patrimonio Cultural de Aragón. Un reconocimiento en el que ha jugado un papel fundamental el decidido impulso de las organizaciones y localidades vinculadas a este sistema de reparto, que en 2015 decidieron ponerse manos a la obra para realizar la laboriosa documentación necesaria para justificar dicha catalogación.

Así que, si bien hoy o el próximo día 20 de mayo, decide viajar hasta la Ribera Alta del Ebro podrá vivir en primera persona una tradición única en torno a lo que ahora tanto denominan gobernanza del agua, que coloca a los regantes de esta comarca zaragozana a la par de los que forman parte del Tribunal de Regantes del Levante español, reconocido por la Unesco como Patrimonio Cultura Inmaterial de la humanidad.

Y si hasta allí se acerca podrá además no solo conocer más sobre esta ceremonia -existe un centro de interpretación- sino también disfrutar de la hospitalidad de las gentes de la zona, que, tal y como recoge el informe realizado por la historiadora Pilar Pérez Viñuales, rememoran también la costumbre de obsequiar a los asistentes con vino y avellanas, "no solo para los presentes, sino también para peregrinos, si por casualidad pasasen, viandantes, mendigos...".

Como cada 21 de abril, este domingo el encargado de aguas del sindicato de riegos de Pedrola elaborará cinco pequeños fajos de hierba (recogida el día anterior del mismo margin o ribazo) y se situará a unos 20 metros aguas arriba del Partidero de Almisén, situado en el término municipal de Pedrola, en el que la acequia principal se parte en dos, convirtiéndose en la acequia de Pedrola y la del Cascajo. Allí esperará a que el notario de Alagón le vaya indicando que arroje uno a uno dichos fajos al agua. Y a esperar.

Porque cuando estos hatillos lleguen al partidero se encontrarán el paso ‘embarazado’, ahora con una tajadera, pero hasta que esta infraestructura se instaló se colocaba de punta a punta, -y de ahí el nombre- un trallo o madero de 25 centímetros de altura.

Todo dependerá del curso y el caudal del agua. Ambos determinarán el final de los fajos y dependiendo de cuántos de ellos salten el trallo o van hacia un lado (Pedrola y Figueruelas) o hacia el otro (Alagón y Grisén) se establecerá los turnos de riego.

De esta manera, los pueblos que riegan por la acequia de Cascajo -Alagón, Grisén y Oitura- tendrán tantos días de agua de riego como fajos de hieba salten por encima del trallo (uno, dos, tres, cuatro, cinco... o ninguno). Si por el contrario, alguno o todos ellos toman el rumbo directamente a la acequia de la Hermandad de Pedrola, serán los regantes de esta zona -Figueruelas, Azuer, Cabañas de Ebro, Alcalá de Ebro y Pedrola- los que se beneficien del agua, ya que el trallo (ahora tajadera) permanera colocado tantos días como ramilletes hayan ido a parar a la citada acequia.

El ritual vuelve a celebrarse en mayo, más en concreto el día 20, aunque en esa ocasión se utilizan cuatro fajillos de hierba y en este caso el responsable de prepararlos y lanzarlos al agua, siempre de nuevo bajo la supervisión del notario de Alagón, es el encargado de aguas del sindicato de riegos de Figueruelas.

Todo queda documentado, porque en ambos casos, una vez terminado el reparto, el notario se reúne con los representantes de la Hermandad de la Acequia para levantar acta notarial de cómo ha transcurrido el Trallo y recoge las indicencias producidas si las hubiera. Un texto que se lee en voz alta, y que con el acuerdo de todos los presentes se sella con la firma de los testigos.

Consenso y hospitalidad

La ceremonia, en la que participan todos los agricultores que así lo deseen de los distintos pueblos que integran la Hermandad, termina en torno a las viandas, porque como recoge la tradición, y "según costumbre", una vez finalizado el ritual "se debe repartir a todos los asistentes, así como también a los pobres, mendigos o foráneos que pasen por allí", almendras, avellanas, pan y vino.

"El sistema que en sí puede parece un poco ingenuo tiene su razón de ser", recoge un informe realizado por la historiadora Pilar Pérez Viñuales. Porque, como detalla, en época de abundancia de agua los fajos pueden pasar el trallo sin menoscabo del agua que discurra para la acequia de Pedrola. Pero, cuando el recurso escasea durante cinco o cuatro días es la acequia de Pedrola la que cuenta con toda el agua, mientras que el Cascajo tiene que conformarse con un menor caudal porque está obligado a permanecer con el trallo puesto.

¿Origen?

No se conoce bien el origen de esta tradición tan ligada a la importancia del agua para las sociedades campesinas. Lo que sí se sabe es que en el pasado y cuando la Ribera Alta del Ebro solo disponía de las aguas del Jalón, la asignación de turnos de riego era una cuestión capital que no estuvo exenta de problemas y enfrentamientos.

Y se sabe que hay numerosas referencias documentales que apuntan a la existencia de una infraestructura hidraúlica desarrollada desde tiempos medievales en el ámbito de lo que actualmente ocupa esta comarca. Sin embargo, como tal, el Trallo no aparece documentado hasta el siglo XIX, aunque desde entonces, se tiene constancia de que se ha venido desarrollando "según costumbre inmemorial que constituye derecho consuetudinario", como dicen sus estatutos.

A toda esta histórica trayectoria, habrá que sumarle ahora nuevas fechas no menos destacadas. La primera, la de este domingo, 21 de abril de 2018, en la que el Trallo se realiza por primera vez con la catalogación de Bien Inmaterial del Patrimonio Cultura de Aragón. Así lo declaró el Gobierno de la Comunidad en una orden firmada el 7 de noviembre del pasado año.

Pero hay más. Para llegar hasta este reconocimiento han sido necesarios más de tres años de intenso trabajo documental desde que en el Trallo de mayo de 2015 la ceremonia contase con un asistente de excepción. Entonces, entre los participantes se hallaba allí Miguel Zapater Baselga, agente de patrimonio cultural del Ejecutivo autonomo de las Cinco Villas y Ribera Alta del Ebro. "Él nos dio la idea de solicitar la catalogación para que el Trallo fuera incluido en el patrimonio aragonés. Así nos lo planteamos y en la junta general que celebramos en mayo acordamos iniciar los trámites», explica Begoña Gómez, secretaria de la Hermandad de la Acequia de Pedrola y del Cascajo.

"En 2017 presentamos mucha documentación, entre ellas el estudio que ha realizado la historiadora Pilar Pérez Viñuales, muchas imágenes de la celebración de este sistema de reparto de agua e incluso un vídeo en super8 que habíamos recuperado", señala Gómez.

La dirección general de Cultura y Patrimonio resolvía el 10 de mayo de 2018 -otra fecha para recordar- iniciar el procedimiento para la declaración del ‘Acto del Trallo de la Hermandad de la Acequia de Pedrola y del Cascajo’ como Bien Catalogado Inmaterial.

Con esta catalagoción se reconoce que si bien la conflictividad, las disputas y los litigios -por el reparto del agua, por la distribución de los gastos de mantenimiento, por el establecimiento de los turnos de riego, etc.- ha sido consustancial en la historia de los regadíos, "el consenso y la cooperación entre los usuarios han sido factores para la perduración de los sistemas hidraúlicos". Un consenso que, como en el caso del Trallo, "permitieron administrar los recursos naturales de forma armónica", señala dicho documento.

Y por eso, la dirección general de Cultura y Patrimonio del Gobierno de Aragón valoró el reconocimiento de este sistema de reparto de agua "como una forma de salvaguardar y reconocer la representatividad y la singularidad de esta norma consuetudinaria en el contexto de la Ribera Alta del Ebro".

Hay además otra razón. El Trallo se merece ser un bien inmaterial "por su capacidad de simbolizar la importancia histórica y cultura que alcanzaron los usos del agua del regadío histórico en la Comunidad autónoma de Aragón", tal y como justifica el Gobierno de Aragón.

Mucho ha cambiado la situación agrícola y de riego de esta comarca zaragozana situada en pleno corazón del valle del Ebro. La presencia de explotaciones agrícolas ha ido evoluciando -e incluso retrocediendo- al ritmo que lo hacía la expansión de una industria del automóvil que tiene su máximo exponente en la comarca de la Ribera Alta del Ebro. Incluso la disponibilidad de agua para el riego no es la misma, porque los agricultores cuentan también con el recurso que aporta el Canal Imperial de Aragón. Pero la costumbre y la historia se mantiene intacta a través con consensuado reparto de agua que deciden unas gavillas hechas con paja, hasta ahora ‘propiedad’ de los regantes de la zona, y desde ahora patrimonio de la Comunidad.

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