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Aragón

Despoblación y desindustrialización

Por
  • Francisco José Serón Arbeloa
ACTUALIZADA 16/04/2019 A LAS 02:00
Chimenea de una antigua fábrica.
Chimenea de una antigua fábrica.
Raquel Labodía

En las últimas décadas, 22 provincias españolas han sufrido una fuerte pérdida de población rural y en los próximos quince años muchas de ellas todavía perderán casi el 20% de su población actual. La despoblación de buena parte de la España rural interior, unida al envejecimiento compone un cuadro descorazonador al que se suma el déficit de infraestructuras y de servicios que hipoteca para siempre su desarrollo y condena a sus resistentes pobladores a la agonía silenciosa o a la emigración... Ver [http://sosrural.org/index.php/manifiesto/] Ese link también hace referencia a la convocatoria de la manifestación en Madrid, identificada en las redes sociales con el hashtag ‘#EspañaVaciada’.

Desde hace décadas, la ciudad atrae a los jóvenes que desean formarse, por lo que las zonas rurales se quedan con una población cada vez menos cualificada, a la vez que paulatinamente se van despoblando y envejeciendo. Posteriormente, algunas de las personas mejor formadas suelen buscar empleo en las regiones más prósperas, lo que impide la acumulación de capital humano de excelencia en las menos prósperas. Creíamos que las nuevas tecnologías de la información propiciarían la deslocalización de empleos de alto valor añadido, pero ha sucedido lo contrario: estos se concentran en las ciudades que ofrecen calidad de vida y que se especializan e impulsan los sectores emergentes que lideran el crecimiento económico mundial, como son el financiero, la biotecnología, la genética, el ‘software’, la inteligencia artificial, el medio ambiente… lo que está permitiendo de paso que la riqueza se concentre preferentemente en aquellas ciudades más activas del mundo. Aunque todos sabemos que no es oro todo lo que reluce. En las grandes ciudades del mundo también viven millones de personas pobres, sin empleo o con empleos de bajo valor añadido. Y también sabemos que hay zonas rurales ricas, mecanizadas e innovadoras, que se corresponden normalmente con las zonas de agricultura subvencionada, que conviven con otras zonas empobrecidas, con industrias que sufren el zarpazo de la desindustrialización.

La desindustrialización es un proceso de cambio económico y social, causado por la eliminación o reducción de capacidad industrial, especialmente en lo que concierne a la industria pesada e industria transformadora. Las empresas tienden a deslocalizar su producción desde las regiones punteras hacia el mundo en vías de desarrollo, donde los costes laborales son menores y la regulación más relajada. En este contexto, la irrupción de la globalización amenaza seriamente, cual espada de Damocles, con pérdidas repentinas de ese tipo de industria y de sus beneficiosos efectos colaterales. Ahora bien, la desindustrialización de las regiones más desarrolladas se ha producido en paralelo a la gran expansión de los sectores de servicios y de información, lo que explica que hayan seguido creciendo. El problema que tienen las regiones que todavía están en la fase de industrialización, no es haberse incorporado tarde sino que ahora, cuando tendrían que encontrarse en la cresta de la ola, se han topado con que la industria está perdiendo peso y por ello su capital humano tiende a decrecer si no a desaparecer.

Resumiendo, el talento, los servicios de alto valor añadido y la riqueza tienden a concentrarse de manera estable en un conjunto razonablemente pequeño de ciudades del mundo. Y lo preocupante es que los motivos que están provocando en ciertas regiones su desindustrialización prematura lastran ahora la irrupción de los servicios de alto valor añadido, por lo que el riesgo de quedarse rezagadas vuelve a ser una realidad como lo fue en la segunda mitad del siglo XX.

Resumiendo, el talento, los servicios de alto valor añadido y la riqueza tienden a concentrarse de manera estable en un conjunto razonablemente pequeño de ciudades del mundo. Y lo preocupante es que los motivos que están provocando en ciertas regiones su desindustrialización prematura lastran ahora la irrupción de los servicios de alto valor añadido, por lo que el riesgo de quedarse rezagadas vuelve a ser una realidad como lo fue en la segunda mitad del siglo XX.

Efectivamente, tenemos un problema con la España vaciada, pero recordemos una frase de John F. Kennedy, «nuestros problemas son hechos por el hombre; por lo tanto, pueden ser resueltos por el hombre. Ningún problema del destino humano está más allá de los seres humanos». Por lo tanto solo hay que querer, pero ¿queremos?

Francisco José Serón Arbeloa es catedrático de la Universidad de Zaragoza

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