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Las reservas de agua y nieve caen a su peor registro en 5 años pese a las recientes lluvias

El Pirineo cierra el quinto peor invierno de las últimas dos décadas y los regantes temen restricciones.

Situación actual del embalse de La Sotonera, que actualmente acumula 151 hectómetros cúbicos.
Situación actual del embalse de La Sotonera, que actualmente acumula 151 hectómetros cúbicos.
Pablo Segura

Los embalses de la cuenca del Ebro se sitúan ya en los peores registros de los últimos cinco años. La falta de precipitaciones y las altas temperaturas de enero febrero y marzo, meses "secos o muy secos" en gran parte de Aragón según la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet), han hecho que actualmente no superen el 71,5% de su capacidad, un 3,3% menos que hace un año y 6,7 puntos por debajo de la media del último lustro, según datos de la Confederación Hidrográfica del Ebro (CHE).

Los 5.464 hectómetros cúbicos embalsados hasta esta primera semana de abril se sitúan por debajo de los 5.677 de 2017, que hasta ahora marcaban el mínimo. La explicación está en las escasas precipitaciones de los últimos 90 días. Marzo, último mes del que se tienen datos, fue "normal" en Zaragoza, "seco" en Huesca y "húmedo" en Teruel. Según la Aemet, en la capital llovió prácticamente un 30% menos de lo habitual y en Huesca, un 80%. Allí se acumularon únicamente 0,4 litros por metro cuadrado, cuando lo ‘normal’ es superar los 29. La única nota positiva la puso el sur de la Comunidad, donde llovió hasta un 32% más. Los registros del observatorio Teruel alcanzaron los 25,4 litros por metro cuadrado, 6,1 por encima de la media de la serie histórica, circunstancia que ha favorecido a los embalses de la margen derecha.

Los últimos 30 días también destacan por haber sido "cálidos" en las tres provincias, con anomalías de hasta 1,5 grados en Canfranc y de 1,2 en Zaragoza capital. Las temperaturas estuvieron 0,6 grados por encima, de media, en todo Aragón, una tendencia similar a la de los últimos meses que ha provocado una fusión nival temprana.

En los embalses, las diferencias respecto a otros años se aprecian, sobre todo, en los de mayor tamaño. El de Mequinenza, al 63,2% de su capacidad, almacena 969 hectómetros cúbicos, 322 menos que el dato que marca la media de los últimos cinco años. Esta variación, de más del 20%, lastra la media global. También están claramente por debajo el de Yesa, con 250,4 hectómetros cúbicos frente a los 362,4 que tiende a registrar por estas fechas; Mediano, que se sitúa a 15,8 puntos del periodo 2014-2018 con 275 hectómetros cúbicos; El Grado, con 362,7 (-5,1%) y Lanuza, con 7,5 (-0,3%). Los hay, como el de la Sotonera, que están a 13 puntos de la media pese a presentar un buen nivel de llenado (80,3%). Lo mismo ocurre con el de El Val, de menor tamaño. Está al 83,2% de su capacidad, pero prácticamente un 3% por debajo de la media del lustro.

La margen derecha, en cambio, sigue por encima del promedio de los últimos cinco años. Está al 70% de su capacidad máxima, muy lejos del 47% de 2018, que marcó el mínimo. Destaca, por ejemplo, la situación del embalse de Moneva, con 2,6 hectómetros cúbicos que contrastan con los apenas 1,6 del periodo 2014-2018 o Cueva Foradada, que con 21,6 hm3 saca un 28,7% a dicha media. Otro de los embalses que superan los registros previos es el de Calanda, que marca 46 hectómetros cúbicos en contraposición con 37,9 del promedio, un 15% más.

Seis semanas de caídas

La cuenca suma ya seis semanas de descensos. Pero si estos datos preocupan, el de las reservas de nieve, consideradas un embalse en diferido capaz de proporcionar recursos en la época de deshielo, lo hace todavía más. Las precipitaciones de los últimos días (el sábado cayeron hasta 40 cm en cotas altas) ayudan pero no resuelven la situación. Con marzo ya finalizado, en el Pirineo solo hay 335 hectómetros cúbicos de agua equivalentes en forma de nieve. Esto supone casi una quinta parte de la reserva del año anterior. Con esta cantidad, y teniendo en cuenta que el 60% no llegará a los ríos, apenas se podría llenar el embalse de La Sotonera.

Desde el inicio de la temporada invernal únicamente ha habido dos periodos de nevadas importantes: uno en noviembre y otro a finales de enero. Entre uno y otro se han sucedido temperaturas más propias de la primavera y una prolongada sequía. El 60% de la nieve caída en febrero ha desaparecido y todas las cuencas presentan actualmente una mala situación, especialmente las del Gállego y el Ara. La primera, por ejemplo, almacena apenas una sexta parte de la registrada el año pasado por estas fechas.

El invierno de 2018-2019 pasará a la historia por sus escasas nevadas. Ha sido, concretamente, el quinto peor año desde que la CHE empezó a medir la reserva nival en 2002, solo superado por el 2005, 2008, 2011 y 2012.

La situación actual contrasta con la vivida el pasado invierno. Entonces ocurrió todo lo contrario, ya que se batió el récord por la abundancia de nieve. Si en toda la cuenca del Ebro se contabilizan ahora unos 802 hectómetros cúbicos equivalentes, hace un año había 2.865 y la media de los últimos cinco es de 1.837.

Afecciones al regadío

Los regantes vuelven a ser los más perjudicados. El Canal de Aragón y Cataluña ya se vio obligado hace dos semanas a abrir, con tres meses de antelación, el embalse de San Salvador por la escasez de nieve en las montañas, y Riegos del Alto Aragón ha recomendado prudencia a todas sus comunidades en el reparto de agua. En el anuncio de inicio de la campaña de riegos ya salió a relucir el fantasma de los cupos teniendo en cuenta la falta de lluvias, pero también que la cantidad de nieve es sensiblemente menor.

De acuerdo con los datos de la CHE, los regantes del Alto Aragón tienen a su disposición 840 hm3 de 1128 posibles. Son 27 menos que hace una semana y 108 menos que hace un año. "Las cosas van muy mal, estamos soltando más agua de la que trae el río. Eso en estas fechas es impensable y hay muy pocas perspectivas de que mejore", explica César Trillo, presidente de Riegos del Alto Aragón.

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