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Aragón

Maite Rodellar: "A todos nos queda mucho por aprender en esta vida"

Fue premio a la Excelencia a la Innovación para Mujeres Rurales por su panadería-cafetería de Alquézar

Maite Rodellar
Maite Rodellar, en la terraza de su cafetería-panadería con unas impresionantes vista de Alquézar
Verónica Lacasa

Fue la primera barbera de Monzón, porque Maite Rodellar (Alquézar, 1968) es una mujer inquieta que, dice, "he rodado mucho. He sido peluquera, barbera; he trabajado en tiendas, en supermercados, en el Parador Nacional de Viella; he hecho ayuda a domicilio en la comarca del Cinca Medio. Siempre cara al público", y siempre, también, sin abandonar el mundo rural. Un mundo que defiende y por el que lucha. Porque Maite es parte de esas 270.000 mujeres que viven en localidades de menos de 20.000 habitantes (de un total de 663.230 mujeres que hay en todo Aragón) y que son fundamentales para el mantenimiento de la población. Por eso apuesta porque estén en "donde se toman decisiones. Yo estuve en las apas de los colegios de mis hijos, del conservatorio de música donde estudiaban... La mujer en poblaciones pequeñas es quien más ha apostado por fijar población, por crear viviendas sociales, colegios". Y con ese espíritu creó hace cuatro años la panadería L’Ártica, en Alquézar, un proyecto personal y familiar premiado por el Ministerio de Agricultura, con una filosofía de trabajo de respeto al territorio, utilizando productos de temporada, autóctonos y recetas tradicionales de la zona.

En su cafetería tiene un armario lleno de instrumentos musicales.

Mis hijos han estado en orquestas sinfónicas, han tocado mucho por Aragón. Ya no los usan, pero ellos siempre han asociado la música con el sonido del pan cuando se va cociendo, que también es música. Querían tenerlos cerca porque la música era un referente de su infancia.

Su proyecto recibió el Premio de Excelencia a la Innovación para Mujeres Rurales.

No me considero excelencia de nada. El premio fue muy bueno, pero nos queda mucho por aprender en esta vida. A todos. Ya hace tiempo de eso, y ya está, porque hay que mirar siempre hacia adelante y ahora lucho por seguir sacando mi trabajo y por mi pueblo, porque hace falta poder gestionar bien todo el volumen de gente que viene y faltan servicios de calidad y mucho por hacer.

¿Que pueda absorber a quienes van los fines de semana?

Hay muy pocos servicios y mucho movimiento de visitantes. Hace 50 años Alquézar agonizaba, hasta que los franceses descubrieron los barrancos, porque la gente del pueblo se tenía que ir fuera, sobre todo iba a trabajar en la industria al País Vasco y a Cataluña, porque aquí no había subsistencia. Los franceses convirtieron esta zona en pionera del barranquismo, y ahora también se viene por otras muchas cosas, porque el pueblo es precioso, por la naturaleza.

Es usted mujer, en el mundo rural, en un pueblo pequeño de 304 habitantes.

Los territorios rurales no gustan a todos, y algunos no aguantan un segundo invierno aquí porque es duro. Nosotros tenemos cafetería y panadería y la hostelería es muy sacrificada, únale a ello el obrador de la panadería porque tienes que trabajar de noche. Te tiene que gustar mucho, porque no tienes tiempo de nada; yo antes veía el telediario y ya no, no puedo. Haces muchas renuncias, pero cuando a algo se le pone pasión, sale adelante.

Y usted sigue con ella intacta.

Tengo mucho que agradecer a mi marido y a mis hijos, porque esto es un equipo, aunque yo ponga la cara. Pero también a Alquézar en general, porque todo suma, porque llevamos 50 años trabajando con la rehabilitación del pueblo, desde los años 70 con las calles, la subida de aguas, la luz… Ha habido mucho trabajo y no hay que olvidar a todos esos voluntarios, personas que de manera desinteresada han luchado por amor a su pueblo, a todos aquellos que tuvieron que marcharse porque aquí no había subsistencia, que han sido grandes embajadores de su pueblo, y su referencia nunca hay que olvidarla.

Su aventura empresarial arrancó con toda su familia, incluso sus hijos.

Al principio comenzamos con los dos pero uno ya no está. Él no sabía lo que era el mercado laboral y empezar de golpe en un mundo como este, que se trabaja todos los días de noche, sin poder salir con sus amigos, fue muy duro y a los dos años se fue. Me costó muchos llantos, porque te metes en un proyecto de trabajo por tus hijos, pero también tienes que dejarles volar y que hagan otras cosas. Yo lo veo feliz y creo que volverá, necesitaba su espacio y disfrutar, vivir, y cuando vuelva al medio rural a gestionar esto lo hará con aportaciones nuevas.

Proyectos como el suyo ayudan a fijar población.

Sí, porque desde el día que abrimos hemos tenido una media de 5 personas trabajando aquí, cinco familias que se han venido a vivir a Alquézar, aunque hay que hablar del grave problema que tenemos con la vivienda para que estas familias se asienten, porque aquí todo está pensado para el turismo y hay carencia de vivienda para la población local. No hay, son caras, y esto nos va a reventar en la cara. Yo he tenido problemas para poder tener camareros o cajeros por ello. Invito a quien quiera buscar un nicho de mercado que piense en esto, en levantar apartamentos individuales, que es fundamental. Ahora se trabaja todo el año, no como antes que eran sólo dos meses, y aquí siempre hay movimiento de camareros, guías... personas que se asientan, que sus hijos van al colegio. Algunas cosas han mejorado, como la cobertura de internet, porque cuando entran 3.000 móviles es problemático y hay días que no podemos cobrar con el datófono. Pero el mayor problema es el de la vivienda y es tremendo que no puedan quedarse porque no tienen donde vivir.

Tienen que irse a pueblos cercanos.

Y es cuando tenemos otro grave problema y es el los aparcamientos, que no hay. No hay oferta de garajes, y cuando viene un trabajador desde un pueblo cercano no tiene donde dejar el coche, y pienso que casi es mejor que venga andando. Francia está a solo una hora y vienen muchos incluso entre semana.

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