Aragón

Y en Aragón, ¿cómo afecta el cambio climático al mundo animal?

Nuevas formas de alimentarse, actitudes más dóciles, cambios en ciertos hábitos… estas son algunas de las modificaciones que han detectado los expertos en ciertas especies.

Parto de una vaca en Eresué, en el valle de Benasque
Parto de una vaca en Eresué, en el valle de Benasque
Juan Manuel Lamora

El pasado mes de febrero, decenas de osos polares hambrientos y desconcertados asaltaban un pequeño asentamiento militar ruso y tomaban el vertedero local causando el temor entre los habitantes de la zona. Hace tan solo una semana, un grupo de gallinas mataba a picotazos a un zorro que se coló en su corral en Francia. Estas conductas, aunque lejanas, resultan bastante peculiares en el mundo animal. Sin embargo, en Aragón también contamos con ciertos ejemplos poco habituales.

Hace tan solo unos días llegaba a redacción una fotografía del parto nocturno de una vaca en Eresué, en el valle de Benasque ubicado en el Pirineo Aragonés. La imagen muestra cómo una vaca ayudante ejerce, durante el proceso, de partera. El ganadero que presenció dicho parto, Juan Manuel Lamora, aseguraba que hoy en día casi todas sus vacas paren de noche, algo que hace unos años no ocurría. ¿A qué puede deberse este cambio en su comportamiento?

A pesar de que Toño Vela, vocal de ganadería de la Junta del Colegio de Veterinarios de Zaragoza (COVZ) afirma que este fenómeno no obedece a ningún cambio de comportamiento, sino más bien a al momento de la última ingesta de la res, - “como normal general el animal dará a luz 10 o 12 horas después de la última comida tras presentar los signos evidentes del inicio del proceso”, indica; lo cierto es que son numerosos los expertos que aluden a distintos factores que podrían haber modificado la conducta de diferentes especies en ciertos ámbitos.

“En la fauna salvaje detectamos varias especies, tanto mamíferos como anfibios, que se han vuelto estrictamente nocturnas debido a la persecución histórica que han sufrido por parte del hombre. De noche se les caza menos y encuentran en la nocturnidad las condiciones necesarias para alimentarse, aparearse, etc.”, explica Ismael Sanz, naturalista y miembro de Volunta-Rios Aragón. De hecho, esta realidad afecta de forma directa a su faceta de educador ambiental. “Muchas veces hacemos las salidas de noche para poder ver más animales en el medio natural”.

Los animales salen a cazar amparándose en la noche.
Una gineta acecha a una golondrina por la noche.
Ismael Sanz

Entre los mamíferos, frente a especies diurnas como la cabra montesa o el corzo, algunas de las que se han vuelto más nocturnas son nutrias, zorros, erizos, castores o jabalís. “Estos últimos pueden desplazarse más de 30 km en una noche, pero camuflados”, advierte. La presencia del ser humano cerca de espacios animales también les ha vuelto más dóciles, como vemos en el caso de la gallineta común o polla de agua. “Siempre han estado escondidas en las orillas y han sido muy esquivas. Sin embargo, cuando ven que ánades reales y patos se postran ante nosotros y no pasa nada, se confían y repiten este comportamiento”, explica Sanz.

En opinión del experto, este hecho que solo se produce en zonas urbanas guarda relación con la ausencia de caza: “Al año se cazan más de 25 millones de animales salvajes en España. Justamente en los lugares en los que no se les mata se acercan al hombre, algo que en el medio natural no se daría”. Otro caso curioso que detectan en las ciudades tiene que ver con las palomas, que se han acostumbrado a salir tanto te día como de noche. “Tienen comida las 24 horas del día y no tienen miedo al ser humano”, indica.

La cuarta extinción masiva del planeta

Finalmente, en cuanto a los cambios que han sufrido los anfibios a lo largo de los años, Sanz asegura que están siendo los grandes afectados, sobre todo por el cambio climático. “La mayoría se han vuelto nocturnos por el aumento de las temperaturas y el descenso del número de precipitaciones. Tan solo en 50 años la temperatura media del valle del Ebro ha aumentado en dos grados, algo que parece muy poco, pero que para estas especies es una barbaridad”, asegura.

“En este sentido la gran excepción es la rana, que se ha mantenido diurna, pero el resto se ha decantado por la noche porque se pueden mover más, se esconden mejor y el número de depredadores desciende de forma considerable”, explica el naturalista. Por supuesto, esta realidad es bien distinta dependiendo del lugar en el que nos encontremos. “Sin embargo, la realidad es que en cuanto a anfibios, estamos hablando de la cuarta extinción masiva del planeta ya que están desapareciendo”, lamenta Sanz.

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