Aragón

aragón y el mercado asiático

Un hogar a más de diez mil kilómetros de casa

Según las últimas estadísticas, en 2018, 770 aragoneses residían en alguno de los países del continente asiático. 

Según los últimos datos del Iaest, en 2018, 770 aragoneses residían en alguno de los países que componen el continente asiático.
Según los últimos datos del Iaest, en 2018, 770 aragoneses residían en alguno de los países que componen el continente asiático.
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Dice en su obra ‘Hacia rutas salvajes’ el escritor estadounidense Jon Krakauer que para su protagonista "el hogar es el camino". Para algunos de los más de 46.300 aragoneses que actualmente residen fuera de la Comunidad, ese hogar se encuentra a más de 10.000 kilómetros de distancia. Según los últimos datos publicados por el Instituto Aragonés de Estadística (Iaest), el año pasado, 770 personas procedentes de la Comunidad residían en alguno de los países que componen el continente asiático. China, con más de un centenar de inmigrantes, Emiratos Árabes Unidos y Filipinas destacaban como los principales destinos receptores, aunque también había cuatro aragoneses establecidos en Omán, Vietnam y Kazajstán y uno en Irán y Laos.

"Ni me lo pensé. En el momento en que se me presentó la oportunidad de mudarme a China, no tenía nada que me atase y sabía que de rechazarla me arrepentiría el resto de mi vida. Además, llevaba tiempo buscando experiencias internacionales", cuenta el ingeniero civil y director técnico delegado de CPV Global en Shanghái, David Ostáriz. "El choque cultural al principio fue tal que me es imposible especificar una sola cosa que me llamase la atención. Para mí, antes de venir, China no era más que un país en el otro extremo del mundo del que no sabía nada", explica este zaragozano de 28 años. Como curiosidad, el joven relata que le sorprendió la gran cantidad de motos eléctricas que se mueven en Shanghái: "Son como enjambres y llegan a todas partes. La primera semana incluso vi una meterse en el ascensor de mi casa para realizar una entrega a domicilio".

"Siendo una persona que aprecia llevar cierta rutina en su vida, una vez aprendí a manejarme en mi vecindario e hice algunas amistades no me costó mucho tiempo hacer de Shanghái mi hogar, como lo considero ahora", señala Ostáriz, quien ya lleva dos años establecido en esta ciudad situada en el extremo este de China. "Aquí la gente llega y se va constantemente, por lo que es complicado encontrar personas con afinidades que vayan a permanecer el tiempo suficiente como para establecer lazos", lamenta el zaragozano.

En cuanto a las particularidades de esta cultura, Ostáriz señala: "Su tema de conversación principal es el dinero, o al menos esa es mi impresión. Por norma general no discuten sobre ideas, opiniones o noticias, salvo que estén relacionadas con el trabajo. Otra diferencia abismal es que casi todo lo que comen o beben tiene que haber sido hervido o cocinado antes, hecho que justifican alegando los beneficios para la salud que supone esta práctica".

Cosmopolita

"Siempre me ha gustado viajar y después de trabajar tres años en Londres me apetecía dejar el frío a un lado para poder disfrutar del calor durante todo el año", apunta la zaragozana Silvia Enguita, quien reside desde el pasado agosto en Kuala Lumpur, capital de Malasia. "Lo que más me gusta de este país es el respeto que existe entre todas las culturas y religiones que conviven en él. La mezcla es impresionante –señala la profesora de primaria de 28 años–. La mayoría de los grupos de amigos están formados por malasios musulmanes, chinos e indios. Además, me sorprendió lo cosmopolita que es Kuala Lumpur para estar en un país musulmán".

«Los malasios son más reservados, pero en amabilidad somos iguales»

En cuanto a las dificultades que encontró al llegar, Enguita indica: "Siempre he sido una persona capaz de adaptarme rápido y los locales son muy amables, así que eso ayuda. Diría que lo que peor llevo es la humedad". "Los aragoneses somos bastante abiertos y hablamos alto, mientras que los malasios son más reservados. Pero a pesar de las diferencias, en amabilidad somos iguales", asevera la joven. Sobre si importaría a la Comunidad alguna de las costumbres malasias, Enguita lo tiene claro: "Me llevaría el respeto y la tolerancia que se tiene a la cultura y la religión de otros".

Tanto el ingeniero como la profesora coinciden en que lo que más echan de menos de Aragón son la familia, los amigos y, sobre todo, la comida, aunque para Ostáriz otros dos imprescindibles son "el aire y el ambiente relajado", concluye.

Silvia Enguita: "Siempre me ha gustado viajar y me apetecía disfrutar del calor durante todo el año"

Silvia Enguita, aragonesa en Malasia.
Silvia Enguita, una aragonesa en Malasia.
S. E.

Depués de ejercer durante tres años de profesora de español en Londres, Silvia Enguita, una joven docente zaragozana, decidió apostar por el continente asiático como destino. "Siempre me ha gustado viajar y me apetecía dejar el frío a un lado para poder disfrutar del calor durante todo el año", explica Enguita, quien actualmente trabaja en el British International School of Kuala Lumpur, en la capital de Malasia. "Cuando eres adulto no tienes muchas oportunidades de hacer nuevos amigos, algo que he encontrado en mis compañeros del colegio", resume sobre su experiencia.

David Ostáriz: "Si no aceptaba la oportunidad de mudarme a China me iba a arrepentir el resto de mi vida"

David Ostáriz, un aragonés en China.
David Ostáriz, un aragonés en China.
D. O.

A sus 28 años, el zaragozano David Ostáriz, titulado en Ingeniería Civil por la Escuela Universitaria Politécnica de La Almunia de Doña Godina, ocupa el puesto de director técnico delegado de CPV Global en Shanghái. "Ni me lo pensé. En el momento en que se me presentó la oportunidad de mudarme a China no tenía nada que me atase y sabía que de rechazarla me arrepentiría el resto de mi vida", cuenta Ostáriz. Sobre su adaptación: "Una vez aprendí a manejarme en mi vecindario e hice algunas amistades no me costó mucho tiempo hacer de Shanghái mi hogar", relata.

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