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Elecciones 2019

Fabricando votos: los Whatsapp sobre Sánchez, los cazadores o el feminismo que te manda tu primo no salen de la nada

Los partidos elaboran el grueso de los memes y vídeos de contenido político que acaban entrando en tu móvil.

Extracto del vídeo que envió este viernes el PP.
Extracto del vídeo que envió este viernes el PP.
Heraldo.es

"Lo que los españoles hemos conseguido durante estos años #PedroSeLoFunde. Sánchez tiene un plan: mantenerse y que lo pagues tú". Este mensaje, junto a un vídeo perfectamente editado, llegó este viernes a quienes están inscritos a la lista de difusión de Whatsapp del PP. Son los primeros en recibir este tipo de contenido y quienes se encargan de difundirlo entre sus familiares y amigos, sobre todo entre aquellos que comparten sus filias y fobias. Una parte de ellos seguirán con la cadena, otros trasladarán el contenido a las redes y unos cuantos medios lo replicarán. Así se habrá convertido en viral un mensaje que a los populares les costó más bien poco elaborar. Ocurrió con un vídeo de Epi y Blas explicando la Ley D'Hont y atacando, en última instancia, a Ciudadanos.

Podemos llama 'activistas' a quienes integran su primera capa de receptores. Los de Vox no tienen un apodo oficial, pero su esfuerzo, vistas las redes, es notable. Las tres formaciones son las más activas en una red social que tiene una implantación sin igual en España. En 2019 se puede sobrevivir sin Facebook ni Twitter, pero pruebe a desinstalar durante una semana la aplicación de mensajería que usa tanto su madre como su sobrino de 12 años: no se enterará de los planes la mitad.

Porque Whatsapp es, ante todo, una forma de estar conectado a tu círculo más cercano, sin intermediarios ni fisgones. De ahí que confiemos con los ojos cerrados en lo que nos llega a través de él. "Permite una relación de persona a persona, entre iguales. Eso valida el mensaje, le da interés y confiabilidad", indica Antoni Gutiérrez, asesor en comunicación y autor del libro 'La política en tiempos de Whatsapp'. El canal también confiere cierto tono "clandestino", que "motiva un sentido de pertenencia".

Para Gutiérrez, la aplicación cuenta con otras ventajas que la han convertido en el gran arma de los comicios que vienen: "La conexión es permanente, no requiere de estar logueado, los mensajes te llegan automáticamente y eso es más cómodo. Además, no hay una exposición pública para quien lanza el mensaje, como sí ocurre en Facebook, y no te obliga a mostrar ese contenido a gente que no comparte tus ideas. Se alcanza un nivel casi de intimidad y no deja rastro.". Por otro lado, los mensajes de Whatsapp permiten "una gran plasticidad, una personalización de emojis, memes, fotos y vídeos", lo que hace el mensaje "mucho más atractivo". También es "más personalizable", ya que siempre cabe la posibilidad de añadir comentarios centrados en micronichos, responder personalmente a interlocutores...

Spam político a bajo coste

Además del recurso del voluntario, que a criterio de Gutiérrez responde a "personas motivadas y con formación que se ven en la supuesta obligación de aleccionar en el voto a otras con las que comparten emociones e intereses", los partidos tienen el respaldo legal necesario para recurrir a agencias de marketing centradas en el envío masivo de mensajes a determinados perfiles: amantes de los animales, activistas feministas, hombres divorciados, jóvenes con bajos ingresos o mujeres con alto poder adquisitivo. Las posibilidades de configurar cada mensaje son más altas que el coste económico.

Contrastar, ¿para qué?

Durante los últimos días circula por Twitter un aforismo: “Si te llega por Whatsapp… es mentira”. Quizá suene exagerado, si bien no es menos cierto que el grueso de los mensajes con contenido político que nos llegan tienen un sesgo evidente. Y no hacemos el esfuerzo de comprobar qué de cierto hay en ellos. “No contrastamos porque no queremos contrastar. Los mensajes que cuadran con nuestro ideario sirven para refrendar nuestros prejuicios y nuestra propia burbuja informativa”, lamenta Carmen Lumbierres, profesora de Ciencias Políticas en la UNED y miembro del grupo de investigación Comunicación, periodismo, política y ciudadanía de la Universidad San Jorge.

Son las propias formaciones las que prefieren que no contrastemos. “Vox, por ejemplo, lo hace muy bien. En las elecciones andaluzas sabían que Pacma, en determinadas circunscripciones, podía crecer mucho. Por eso puso en circulación vídeos en los que se veía a supuestos musulmanes maltratando perros. Fue una campaña segmentada en el que se enfrentaban dos temas: inmigración y maltrato animal. Los mensajes en cadena buscan sacar lo más bajo, lo más visceral, los instintos más bajos”, abunda Lumbierres.

El ánimo de los mensajes tiene un tinte destructivo. “Por encima del 95% de ellos, según diferentes estudios, buscan atacar en lugar de proponer. Así es como se despiertan las emociones. Lamentablemente estamos en la campaña de las ‘no propuestas’, se busca más despertar el odio a las feministas o el miedo a la ultraderecha que el plantear ideas y propuestas. El electorado está saturado y ya no se cree los programas ni a los propios candidatos”. A ello también contribuye “la desintermediación de los medios de comunicación desde el 15M, cuando se ubicó a los medios tradicionales del lado de los grandes partidos”, así como “la falsa sensación de que los ciudadanos tenían un canal directo de comunicación e interacción con los políticos a través de las redes sociales.

¿Un efecto Bolsonaro?

La aplicación del logo verde jugará su papel en los procesos electorales que se vienen. Aunque limitado. Si Bolsonaro confió en Whatsapp buena parte de su campaña para convertirse en presidente de Brasil, las cosas a este lado del Atlántico son, por suerte, distintas. La experta considera que “España no funciona todavía como América Latina. No comparte aún esos códigos comunicativos ni de funcionamiento de los partidos, aunque estamos acercándonos al hiperliderazgo político latinoamericano que permite hacer campañas sencillas, con ideas simples y que ha conducido a la banalización de la política. Ahí han jugado un papel fundamental las redes sociales y, a partir del público mayor de 45 años, la televisión, a través de las tertulias de fondo político.

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