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Hacerse mayor

OPINIÓNACTUALIZADA 24/03/2019 A LAS 02:00
MITIN DE PEDRO SANCHEZ ( ZARAGOZA ) / CINE PALAFOX / 02/02/2019 / FOTO : OLIVER DUCH [[[FOTOGRAFOS]]]
Alegría y Lambán, el pasado mes de febrero durante un mitin en Zaragoza.
Oliver Duch

Sin pretextos ni excusas. La candidata del PSOE al Ayuntamiento de Zaragoza y actual consejera del Gobierno de Aragón, Pilar Alegría, ya no tiene parapeto ni freno alguno. Ganada la batalla por la composición de la lista municipal del PSOE al Ayuntamiento de Zaragoza, todo un logro para una ‘susanista’ en un mundo ‘sanchista’, Alegría se ha hecho mayor en lo político y ha crecido repentinamente para administrar en solitario el respaldo de Ferraz mientras convive con Javier Lambán.

Sin control sobre las agrupaciones zaragozanas del PSOE y aupada en las primarias gracias a un acuerdo bien trabado que hizo coincidir a los sectores más distantes del partido, Alegría mostró su disconformidad con la negociación de la lista electoral en el mismo instante en que supo que contaba con la fortaleza necesaria. Su exigencia, sin marcha atrás, pensada para sentirse líder frente a sus compañeros de lista y argumentada para controlar el futuro grupo municipal ante una posible batalla en clave orgánica, se convirtió en una apuesta tan firme que situó en tereno estéril el intento por negociar una solución intermedia que frenase la intervención de Madrid. Pese al pretendido entendimiento que se buscó tejer con José Luis Ábalos desde Zaragoza, las muchas diferencias entre Pedro Sánchez y Javier Lambán convertían el cambio en las listas en algo esperado. El Pignatelli interpretó el paso dado por Alegría como una falta de lealtad, aunque lo que se produjo fue una calculada ruptura del cordón umbilical, consciente de que su fortaleza –también su principal baza electoral– se sostenía en un mensaje de renovación que ella entendía no quedaba reflejado en la relación de nombres inicialmente incluidos. Alegría, a quien sería injusto culpar de la constante marejada que sacude al PSOE en Zaragoza, aprovechó la grieta existente para dar su primer golpe sobre la mesa y convertirse ella misma en alternativa. El reto, tan arriesgado como la negación de un padre a quien la candidata solo le reconocía una paternidad compartida, le otorgó su primera victoria interna y una condición política propia.

Lambán también daba por descontados los cambios que comunicaría Madrid, incluso, sabía de los muchos beneficios que le reportaba saberse víctima de la criba de Sánchez: su papel como barón se reforzaba, crecía su complicidad con las agrupaciones locales también castigadas desde Ferraz (evitando ser él mismo quien alterase las listas bajo un criterio de cierta competencia electoral) y, por último, descargaba toda la responsabilidad del éxito o el fracaso de estas modificaciones en el resultado final que coseche Pilar Alegría.

Alegría mostró su disconformidad con la lista electoral en el mismo instante en que supo que contaba con la fortaleza necesaria

La candidata socialista, que tras el respaldo de Ferraz ha abandonado su condición de promesa, ha convivido estos años de Gobierno generosamente protegida e impulsada por Lambán y por todo el PSOE aragonés. Al frente de una consejería amable, sin grandes tensiones, Alegría tiene ahora ante sí su gran prueba de fuego. Sabedora de que su exigencia es la de convertirse en alcaldesa de Zaragoza, su hipotética reclusión como líder de la oposición municipal, bien por ser víctima de un pacto a la andaluza o bien por no lograr los concejales suficientes para gobernar, borraría de un plumazo su progresión política. Su éxito, el de una candidata que reúne muchas de las condiciones que al PSOE le gustaría descubrir en otros cabeza de cartel, puede abrirle un intenso recorrido político.

Sin duda alguna el discurrir de la próxima campaña al Ayuntamiento será uno de los capítulos más interesantes de la cita del 26 de mayo. PSOE y PP saben de la importancia de imponerse en la capital y de lo mucho que hay en juego. Alegría está inmersa en un todo o nada con la única compañía de sus fichajes, que aparte de su valía personal deberán demostrar su tirón electoral. A partir de ahora, sin tolerancia alguna hacia sus posibles errores, la candidata socialista también tendrá que demostrar cómo gestiona su mayoría de edad.

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