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"Es muy duro salir de tu casa sin saber cuándo vas a poder volver"

Samuel Trigueros es un refugiado hondureño que vive en Zaragoza desde hace ocho meses y acaba de ganar un concurso literario.

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El refugiado hondureño Samuel Trigueros.
S. T.

Una foto en tonos amarillos acompaña a Samuel Trigueros en su exilio. En el retrato salen su madre, sus cuatro hijos y su nieto, en el último cumpleaños de su madre que pasaron juntos, escondidos en una casa de seguridad en Honduras. Samuel ya no vive en Honduras, tuvo que huir del país con parte de su familia hace un año por amenazas de muerte. Ahora vive refugiado en Zaragoza. Esa foto inspiró un relato, 'Retrato con una gota de ámbar', con el que acaba de ganar el concurso literario Acercando orillas del Ayuntamiento de Zaragoza.

"Me persiguen. Soy un objetivo para los agentes y he tenido que abandonar mi casa y llevarme conmigo a parte de mi familia. Mi madre no ha querido dejar las paredes, el jardín con las gladiolas y los girasoles, el sitio donde vivimos tanto tiempo, pero hoy ha venido a nuestro refugio porque le dijimos que queremos estar con ella y celebrar su cumpleaños...", cuenta Samuel Trigueros, de 52 años, en su relato autobiográfico 'Retrato con una gota de ámbar'.

"Quieren matarme. Un poco de mí, quizá, ya está muerto. Hay dolor en la muerte. Hay un deseo inmenso de gritar, pero dicen que hay que guardar silencio porque los agentes podrían estar en cualquier parte y escuchar. Yo no quiero callar. Nunca he callado. Mis palabras han sido mi máquina de guerra, mi antorcha de libertad. Son tiempos oscuros", sigue el relato literario.

Samuel es escritor, editor y diseñador gráfico. A eso se dedicaba en Honduras hasta el golpe de estado que derrocó al presidente Manuel Zelaya en 2009. Después él se involucró activamente en los movimientos de resistencia política. "Queríamos revertir el golpe de estado y denunciar la situación que estaba viviendo el país, muy desconocida por la comunidad internacional. La represión fue brutal, con muertos y desaparecidos, como en los años 80. Yo siempre he apoyado la lucha pacífica, he participado en manifestaciones y he firmado manifiestos. Empecé a recibir amenazas de muerte y a temer por mi vida y la de mi familia. Decidimos que teníamos que huir. Es muy duro salir de tu casa sin saber cuándo vas a poder volver", cuenta ahora desde Zaragoza.

Samuel, su mujer, dos de sus hijos y su nieto, de 5 años, vivieron unos meses escondidos en una casa en Honduras, y después decidieron emigrar a España. Cogieron un vuelo y aterrizaron de madrugada en Madrid, sin conocer a nadie. Allí iniciaron el procedimiento de solicitud de asilo -que tarda meses o años en resolverse- y luego se trasladaron a una casa de acogida en Bilbao. En agosto llegaron a Zaragoza de la mano de Cruz Roja. "En España hemos encontrado muchas organizaciones y personas solidarias que nos han ayudado mucho. Estamos muy agradecidos", subraya.

Refugiados en Zaragoza

Samuel y su mujer viven en un piso de alquiler en la capital aragonesa y están haciendo un curso de formación de pescadería en Mercazaragoza. Sus hijos y su nieto viven en otros pisos. Su objetivo es encontrar trabajo, asentarse, aportar sus conocimientos y su experiencia. "Vivimos tranquilos, caminamos sin miedo por la calle. A veces me siento culpable de poder vivir esta tranquilidad mientras otros familiares y tanta gente lo están pasando mal en Honduras", reflexiona.

Como Samuel y su familia, en Aragón hay unas 1.500 personas acogidas dentro del Programa de acogida e integración dirigido a solicitantes y beneficiarios de protección internacional (un programa del Ministerio de Empleo, gestionado por entidades colaboradoras). Estos refugiados proceden de más de 50 países distintos, Siria y Venezuela son los principales lugares de origen. Hay 54 hondureños acogidos: 29 mujeres y 25 hombres.

El programa les ofrece protección, alojamiento, manutención, apoyo social, económico y jurídico durante un periodo máximo de 18 meses o hasta 24 en casos de especial vulnerabilidad. Tiene tres fases de seis meses cada una: la primera de integración (viven en centros de acogida), la segunda de integración (viven en pisos y pueden trabajar) y la tercera de autonomía (orientada a su autonomía e independencia futura). Samuel y su familia están en la segunda fase y tienen ayudas garantizadas hasta junio.

Samuel ya se ha gastado el dinero del premio literario en compras básicas y en enviarlo a sus familiares en Honduras. Hace poco fue el cumpleaños de su madre, hablaron con ella por whatsapp. Aún no ha podido colgar el retrato familiar en tono ámbar.

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