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Sanidad

«Me insultó por no darle una receta»

Trabajadores sanitarios de diferentes centros denuncian su "desprotección" y cuentan algunos de los percances a los que han tenido que enfrentarse.

Agresión a un médico Zaragoza 2019
Concentración de condena a la agresión a un médico, el pasado 8 de marzo.
José Miguel Marco

Pilar, como el resto de testimonios recogidos en estas líneas, prefiere mantener el anonimato para evitar problemas en un futuro. Como trabajadora de admisión en un centro de salud de Zaragoza reconoce que aunque la mayoría de usuarios son "encantadores", hay algunos con los que prefiere no cruzarse por los pasillos o en la fila de un supermercado.

"Hay una paciente que simplemente me tiene manía. Cada vez que mis compañeros la ven o vemos que está citada en el ordenador, dejo el mostrador y me meto dentro a trabajar. Prefiero evitar problemas", relata esta profesional que ha sido incluso testigo de cómo un usuario ha escupido a una compañera. "Algunas veces echo para atrás la silla porque hay personas que se ponen tan violentas que parece que te van a pegar", comenta otra compañera.

Pilar cuenta su caso a las pocas semanas del último ataque a un médico del centro de salud de Univérsitas, que fue acuchillado en su consulta. Pero no ha sido el único. Aragón registró en 2018 hasta 253 agresiones a sanitarios. El personal coincide en que estas "desagradables" situaciones normalmente están ocasionadas por los mismos motivos. "La gente exige inmediatez en la atención, se queja del tiempo de espera, no está de acuerdo con la atención recibida...", explica otra profesional de Atención Primaria, con diez años de experiencia, que reconoce que la mayoría de agresiones son verbales pero también ha vivido algún episodio en el que el paciente ha llegado a lanzar violentamente el mobiliario del centro de salud. El sábado pasado, un usuario rompió la puerta del de la Bombarba al indicarle que no le correspondía ese ambulatorio.

El personal de Atención Continuada, que cubre los turnos de urgencias de tarde, fines de semana o festivos, también tiene "historias que contar". Su trabajo se desarrolla en horarios y jornadas en las que las instalaciones tienen menos actividad lo que, aseguran, muchas veces facilitan los insultos, las amenazas o las "exigencias".

"Una vez cuando le dije a un hombre que no podía darle una receta de continuidad, que para eso tenía que ir a su médico de cabecera, me soltó de muy malas maneras que se la tenía que dar. Que él pagaba mi sueldo", cuenta una médico, que reconoce que en ocasiones tiene que "morderse la lengua" para evitar "males mayores". "Hace unos días, un paciente llegó a decirle a un médico: ‘No me extraña que os acuchillen’. Solo porque le dio la receta de un antipsicótico para un mes", lamenta otra profesional.

"Sabía mi matrícula"

A Luis, también nombre ficticio de un enfermero de Primaria, un paciente le llegó a decir la matrícula de su coche y otro le sacó una navaja porque, por un error administrativo, "no habíamos ido a una visita domiciliaria a ver a su madre...", recuerda. "Hay gente tan conflictiva que viene a la consulta y pasa delante de todo el mundo sin esperar. Terminas por aceptarlo para evitar problemas", comenta este profesional.

Él llegó a presentar una denuncia porque llegaron a amenazarle de muerte, pero al final, «tras darle muchas vueltas», la retiró. "Luego, tienes que ir a diario al mismo centro, te encuentras con esas mismas personas", afirma Luis, que reconoce que desde hace algunos años no va en coche a trabajar y va "dando un paseo".

Recrimina al Salud la respuesta ante estos incidentes. "Cuando pones un parte, lo único que hacen es mandar una carta a la persona recriminándole su actitud. Pero no se dan cuenta de que al día siguiente los tienes en el centro", censura Pablo, que asegura que por experiencia propia lo único que ha comprobado que funcionan son medidas disuasorias como los guardias de seguridad. "Los vigilantes conocen perfectamente a los pacientes conflictivos y están atentos cuando entran por la puerta", afirma. El personal también pide cámaras de seguridad y pulseras con geolocalizador.

Algunos trabajadores aseguran que sienten una "completa indefensión" durante las visitas a domicilio. Explican que muchas veces los problemas no son con el propio paciente sino con su familia. "He llegado a correr escaleras abajo con un maletín", cuenta una médico del 061. "Cuando iba a las casas siempre me fijaba dónde estaba la puerta, examinaba un poco el lugar...", añade.

En hospitales

Pero el personal sanitario es consciente de que estas situaciones se repiten en otros ámbitos de atención. Los servicios de Urgencias de los hospitales también son propicios a estas agresiones. El presidente del Colegio de Médicos de Huesca, José María Borrel, recuerda una reciente agresión en el servicio de urgencias del hospital de San Jorge a raíz de una noche de fiesta. "Un joven vino con lesiones porque había participado en una pelea, estaba borracho y empezó a pegar al médico al que debió confundir con su agresor", lamenta.

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