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Museos 'Gastro': visitas para chuparse los dedos

Los ricos alimentos aragoneses y la variada gastronomía han dado lugar a una extensa y ecléctica lista de museos y centros de interpretación 

Museo del Jamón de Calamocha
Capoladora para triturar carne en una de las salas del Museo del Jamón de Calamocha.
Ayuntamiento de Calamocha.

La gastronomía aragonesa se ha convertido es uno de los principales focos de interés para el turismo que viaja hasta la Comunidad. Pero alimentos y elaboraciones culinarias autóctonas son un rico patrimonio que va más allá del límite de cocina o de la mesa, para formar parte del acervo cultural aragonés, aportando una gran riqueza de tradiciones. Para conservar y visibilizar este legado existen no pocos museos y centros de interpretación a lo largo de las tres provincias que nos permiten conocer mejor estos productos y atisbar el singular universo (cultivo o cría, elaboración, preparación...) que rodea a cada uno. Recorrerlos nos lleva por un viaje para chuparse los dedos.

El Museo del Azafrán de Monreal del Campo es probablemento el decano de todos estos centros. Creado en 1983 se ubica en la cambra, o último piso, de un caserón del siglo XVIII, y permite conocer todos los elementos que intervienen en el cultivo, recolección y resto de faenas que intervienen en la obtención de esta especia tan valorada y tan unida a esta localidad, a través de más de 150 piezas donadas por los vecinos de Monreal. «Se exponen los aperos de labranza para cultivar las cebollas cuyo bulbo necesita la flor del azafrán y los que intervienen en el resto del proceso hasta la mesa donde se desbrizna, es decir, se arrancan los pistilos de la flor, de donde se obtiene el azafrán, así como el tueste y el pesaje», dice Charo Rizos, de área de Cultura del Ayuntamiento de Monreal del Campo, sobre este museo municipal.

Museo de Azafrán Monreal del Campo.
Recreación de una familia sentada a la mesa ‘desbriznando’ la flor del azafrán en el Museo de Monreal del campo
Ayuntamiento de Monreal del Campo

Conocido como el ‘oro rojo’, el azafrán era utilizado como medio de pago: «Las muchachas que venían de otros pueblos para la época de desbriznar pedían siempre que se les pagara en azafrán, ya que era un producto muy valioso, y además se puede guardar durante largo tiempo. Para las familias de Monreal, el azafrán eran sus ahorros, se guardaba para venderlo cuando se tenía que hacer frente a un gasto grande», afirma Rizos. Se trataba de un cultivo tradicional que daba lugar a una gran cultura oral («en la mesa, desbriznando, había mucho tiempo para contar y cantar», dice Rizos), y muy presente en la mesa: «funciona tanto para dulces como en guisos de puchero... era muy habitual añadirlo al bacalao, que se traía a secar, para darle sabor y olor», añade. En octubre, para la época de recolección, desde el museo se organizan actividades especiales, que incluyen participar en la recolección y desbrizne, y llevarse lo recolectado. (Información: 978 863 236).

Museo del Jamón

Mucho más reciente, de 2017, es el Museo del Jamón de Calamocha, aunque la imbricación local con el producto sea de igual intensidad. En su centro de la avenida Bigas Luna, 2, el visitante puede conocer todo el proceso de elaboración de los perniles, tal y como lo hacen ahora los productores locales al tiempo que se muestra lo que era la matacía tradicional. Para mostrar todo el ceremonial del mondongo y elaboración de perniles, se cuenta con elementos auténticos, como el banco de la matacía, o los cuchillos y otros utensilios que usó el último matachín de la localidad, León, durante todos los años que ejerció su labor; además de fotos antiguas y carteles explicativos. En el centro se explica también las características exigidas para que un jamón reciba la denominación de origen Teruel, un producto que puede adquirirse en la tienda situada en la parte posterior del museo. (Información: 978 730 645).

El cerdo es también el protagonista en el Centro de Interpretación del Porcino, en Peñarroya de Tastavins (978 896 667), donde mediante paneles expositivos, imágenes y juegos interactivos se explica todo el proceso de elaboración del jamón y de los distintos embutidos, y su histórica importancia en la economía de la zona. El visitante puede conocer tanto los modernos métodos de elaboración como todo el tradicional ceremonial que suponía en las casas la crianza de un cerdo cada año, y la matacía al llegar San Antón. El centro se encuentra dentro del complejo del Santuario de la Virgen de la Fuente, donde también puede visitarse la ermita gótica con su techumbre mudéjar, declarada Monumento Nacional.

Dulces y pastelería

En Daroca, el Museo de la Pastería Manuel Segura nos lleva por el mundo del dulce a través de las maquinas y utensilios atesorados por esta saga familiar que ya ha llegado a su sexta generación. «El museo se creó en 2002 por iniciativas de mis padres, al cumplirse el 125 aniversario de la pastelería», dice José Manuel Segura, actualmente al frente. Se levantó un edificio de tres plantas: «La primera está dedicada al chocolate, con un galé o molino de cacao, el tostador, moldes de bombones, y una pequeña biblioteca con libros y cuadernos de recetas manuscritas por mis tatarabuelos», dice Segura. En el segundo piso aparece todo lo relacionado con la elaboración de dulces y turrones, «las máquinas que tenían para pelar y triturar las almendras para los guirlaches, peladillas... todo a manivela», añade. La última planta está dedicada a la miel y la fabricación de velas con la cera «que antes también se hacían en las pastelerías», señala Segura. Ubicado en el centro de pueblo, al visitas al museo se gestionan desde la Oficina de Turismo: 976 800 129. 

Las abejas y su rico néctar protagonizan el Museo de la Miel ‘Sanz León’ de Báguena, un espacio fruto de la pasión de Jesús Sanz por la apicultura, a la que se dedica con sus propias colmenas en los ratos que quita a su profesión de albañil. Sanz dedica la planta calle de su casa a este espacio en el que explica, de manera gratuita, «la importante función que desarrolla en la naturaleza la abeja», afirma. Se exponen las plantas melíferas, «tomillo de tres variedades, cantueso, lavanda y encina», con las que elabora su miel (que puede adquirirse en el centro), colmenas antiguas y modernas y el traje y los útiles que emplea en el trabajo de la miel. El mayo planea abrir otro museo en Anento.

Hornos y almazaras

Siresa conserva su antiguo horno de pan, ‘Lo Furno’, que Gema Fondevilla (629 078 513) explica en una visita guiada que incluye también la iglesia de la localidad. «Era un horno de leña comunal, de todos los vecinos, activo hasta mediados del XX; al frente estaba la ‘furnesa’, cargo designado por el ayuntamiento, que organizaba los turnos y preparaba el horno para que las familias viniesen a cocer el pan», explica.

El antiguo molino de Ráfales es ahora el hotel Molí del’Hereu, donde mantienen un Museo del Aceite con las prensas, piedras, cubetas... de la vieja almazara, que puede visitarse. En La Cañada de Verich se encuentra el Museo y Centro de Interpretación del Aceite del Bajo Aragón, en un molino del siglo XVIII.

Mas de las Matas abre a las visitas su molino harinero, que ganó en un pleito ante el Justicia de Aragón en 1749, donde los antiguos mecanismos de madera conviven con instalaciones más modernas. En Caldearenas mantienen como espacio expositivo la antigua fábrica de harina La Dolores, conservada en perfecto estado.

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