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“Teruel no es la provincia del olvido, es una presencia viva”

Tras haber recorrido a pie los Monegros y la Guarguera, completa su viaje a pie por Aragón con ‘Montes Universales, gentes universales’ (Mira).

Entrevista con el novelista y viajero Javier Arruga. Autor de Montes Universales, Cuentos Universales / 25-02-2019 / FOTO: GUILLERMO MESTRE [[[FOTOGRAFOS]]]
Javier Arruga (Perdiguera, 1970) viaja por todo Teruel.
Guillermo Mestre

¿Quería hacer una novela de viaje por Aragón?

El propósito original con ‘En el país de los cucutes’, el primer libro de la serie, era hacer una viaje no iniciático, sino de regreso.

¿De regreso?

Después de varios años fuera de Aragón, quería explicarme por qué había vuelto, qué tenía esta tierra seca y caliza de especial para sentirme tan vinculado a ella. Quería, además, reivindicar el territorio y caminar por un lugar sin relevancia turística alguna. Y por último, estaba la influencia de ‘El río del olvido’, un libro de Julio Llamazares donde narra un viaje a pie por el territorio emocional de su niñez.

O sea, que no había pensado en una trilogía de la Comunidad...

Eso vino después, pero lo que sí que tuve siempre claro es que se trataba de una novela, ese género proteico que todo lo permite.

¿Cómo define, desde la realidad y la ficción, Zaragoza y Huesca?

Para mí, Huesca es la montaña y Zaragoza el llano, teniendo la montaña una dimensión superior por cuanto representa la fuerza, el magnetismo máximo que puede ejercer un paisaje. En el caso de Aragón, además, el río Aragón, el Condado del Aragón, son el inicio de todo. En el caso de Zaragoza, yo hablo de los Monegros, que es como una ‘rara avis’, como un friki paisajístico y cultural, como el hermano artista en una familia burguesa.

Con ese bagaje ya encima y con esa experiencia, ¿cómo se planteó el libro de Teruel?

El proyecto de la trilogía aragonesa ya estaba lanzado, pero no quería repetirme y quería hacer algo diferente. Y no me refiero solo a la utilización de la segunda persona, sino que quería que fuera una novela diferente en la que expresara más libremente mi voz. Por ello hay muchas más reflexiones e impresiones personales. Quería rebelarme contra esa negación de uno mismo que es la ficción. ¡Ya vale! El autor ya está condenado al ostracismo social, no tiene por qué seguir escondiéndose en un segundo olvido.

En un sentido abstracto y concreto a la vez, ¿cómo es Teruel?

Teruel es la última frontera, con lo que conlleva de territorio con algo de experiencia límite.

¿Es justo decir que Teruel es la provincia del olvido?

No, no. Tal vez por influencia del poeta Luis Cernuda, para mí el olvido es la ausencia, lo que no quedará de nosotros, del poeta… y yo voy muy a menudo a Teruel, mi mujer vive en Utrillas entre semana, no me puedo olvidar de Teruel; está ahí. Otra cosa es la pérdida de relevancia económica, la despoblación, pero olvido, olvido no, no, para mí es una presencia muy viva.

¿Qué lugares le han emocionado más? Siempre se habla del Maestrazgo y del Matarraña...

Pues el Matarraña es maravilloso, pero es un paisaje mediterráneo y no es único. Sinceramente, lo que más me impacta es cuando Teruel se revela con toda su brutalidad geológica: Aliaga, Villarroya de los Pinares… y, por ejemplo, una carretera, la que va de Tronchón a Cantavieja. Esas quebradas, el contacto permanente con la roca, las vastas proporciones que se perciben… Y en cuanto a pueblos, Guadalaviar, Jabaloyas, las parameras calcáreas de Pozondón, Rodenas… ¡Ah...!

¿Sí?

Soy fan de la piedra seca de La Iglesuela del Cid. La verdad es que me resulta difícil limitarme. Porque el Teruel morisco que digo yo, el Teruel de Libros, del Turia, el Teruel del barro, también me encantan. No pararía.

¿Qué le debe el azar a su libro? ¿Concertaba citas previas?

No, no. No soy ni de viajar con alguien ni de quedar. Pero siempre que puedo, voy libre como el viento, donde me llevan mis pasos. Se puede ir ligero de alforjas, porque el paisaje es siempre evocador; por no hablar de las personas y las charlas, que son siempre la puerta a un mundo.

¿Qué ha aprendido de Aragón?

No lo sé, porque no paro de preguntarme qué es Aragón. Es un misterio, y tal vez esa sea la razón de que me refugie en el mundo rural, porque los vestigios de las certezas son más aparentes. En el caso de Teruel, esa presencia espiritista es claramente el ganado.

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