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Opinión

Natalio Bayo, el 'obrerico uno'

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    Uno de los grabados de Natalio Bayo.
    HERALDO

    El romanticismo decimonónico nos ha legado una imagen arquetípica del artista bohemio, que no se corresponde en absoluto con el modo de vida de la generación de Natalio Bayo (Épila, Zaragoza, 1945), quien ha desarrollado un trabajo profesional y ordenado, a lo largo del último tercio del siglo XX y las dos primeras décadas del XXI.

    Me gusta recordar que, a comienzos de los años setenta, tuve conocimiento bastante directo de los pintores del grupo aragonés Azuda 40, entre los que destacaba la potente personalidad de Natalio, que siempre me subyugó. Sin embargo, cuando pude conocerlo de verdad fue durante las intensas tardes de trabajo de los seis primeros meses del año 1986, en su luminoso ático de la calle de Vicente Berdusán, en Zaragoza.

    Sentados frente a frente sobre el tablero de diseño, con las galeradas de mi texto para los dos volúmenes de la ‘Historia del Arte en Aragón’ de la ‘Enciclopedia Temática de Aragón’, que aparecía por fascículos semanales. Natalio era el responsable de la maquetación y el diseño, incluidos la selección y el formato de las ilustraciones.

    Nunca se ha conducido como un artista, sino como un trabajador gráfico. Entonces me comentó sus inicios juveniles en un taller de joyería. Fue un privilegio compartir tantas tardes de colaboración con él, en las que se iban consolidando nuestras afinidades electivas, y durante las que ambos nos autodenominamos «obrericos del libro y de la ilustración», con nuestro habitual saludo desde entonces de «obrerico uno» (Natalio) y «obrerico dos» (un servidor). En nuestra relación profesional, que pronto devino en amistad, Natalio fue siempre el «obrerico uno», no solo por su talento artístico y por la devoción invariable que le profeso, sino por su amplísima generosidad intelectual y humana. Siempre he tenido conciencia de que los amigos son los hermanos que uno puede elegir y en el caso de Natalio este pensamiento cobra toda su intensidad.

    Acerca de su imagen profesional y ordenada, quiero aportar mi testimonio personal sobre su intenso trabajo artístico, extraordinariamente versátil, fundamentado en su manifiesto dominio del dibujo, principio básico de toda su labor como ilustrador, grabador y pintor. Otros colegas generacionales han podido ayudarse para sobrevivir dignamente de alguna cátedra de Dibujo en institutos de Enseñanza Media y escuelas de Artes y Oficios. Natalio Bayo ha salido adelante tan solo con su trabajo diario y constante de dibujante, ilustrador, grabador y pintor.

    Un trabajo, además, desarrollado en Aragón, con todo lo que esta decisión personal de residencia conlleva. Federico Torralba nos recordó que, desde los tiempos de Goya, los aragoneses que querían triunfar en pintura tenían que emigrar a la corte madrileña. He compartido con Natalio la decisión personal de trabajar en Aragón, en mi caso en la docencia universitaria, en nuestra Universidad de Zaragoza a la que regresé en 1977 desde mi destino en la Universidad Autónoma de Barcelona. Esta decisión de trabajar en nuestra tierra, para devolverle lo mucho que de ella hemos recibido, sin duda en el caso de Natalio ha condicionado en vida la proyección universal de su arte. Pero sus obras permanecen, cada día más cargadas de verdad artística, mientras la historia del arte se reescribe continuamente.

    Quede para la historia el testimonio fehaciente de mi apuesta por el valor universal de su trabajo artístico. Un reconocimiento que le llega a Natalio Bayo desde las nuevas generaciones de historiadores del arte, y en este caso desde el perspicaz análisis de la joven doctora Belén Bueno, redactora de una tesis sobre el grabado aragonés contemporáneo, que le ha dedicado un espléndido texto convertido acertadamente en hermoso libro por la Institución ‘Fernando el Católico’. Con él la obra de Natalio entra en el futuro.

    Gonzalo M. Borrás Gualis, que ha fallecido con 78 años de edad, fue catedrático de Historia del Arte de la Universidad de Zaragoza. Con la publicación de este artículo póstumo, que recoge ideas del prólogo al libro ‘Natalio Bayo. Obra grabada, 1978-2018’, se rinde homenaje a su legado intelectual y académico

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