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Aragón

Educación

Cómo se transforma un patio de colegio: el ejemplo de Peñaflor

El colegio Florencio Jardiel de Peñaflor ha estrenado aulas y patio, con una intervención artística de Trayectos. Aún falta el comedor.

Hace cuatro años el colegio público Florencio Jardiel del barrio rural de Peñaflor tenía barracones de 50 años con techo de amianto, un patio lleno de piedras y agujeros, y una antigua casa de maestros abandonada. Hoy sigue sin comedor (los niños comen de 'tupper' en la ludoteca del barrio), pero el centro ha vivido una transformación profunda y colorida.

"Aún faltan algunas cosas por acabar, pero la transformación del colegio ha sido tremenda. Hace cuatro años parecía un colegio de Sarajevo en guerra. Ahora es un centro moderno, bonito. Estamos muy contentos. Hemos llenado el colegio con 70 niños y prevemos que pronto harán falta más plazas por el aumento de la población infantil en el barrio", destaca la alcaldesa, Mamen López.

El cambio ha costado varios años de reivindicaciones y molestias. Mientras hacían las obras, los niños dieron clase un curso repartidos entre el centro cívico y la casa de juventud, y un solar del barrio servía de recreo. Este curso han estrenado el edificio de Primaria y el recreo (aunque aún falta el trámite de la recepción oficial de las obras). "El gran tema pendiente es el comedor. Tenemos un proyecto y espacio para la construcción de un aula polivalente dentro del colegio, pero está pendiente de la aprobación de los presupuestos del Ayuntamiento de Zaragoza", recuerda Mamen López.

La Máquina de Bailar

Uno de los espacios que más ha cambiado es el patio. Ahora hay una pista deportiva con porterías y canastas, una zona infantil y una cubierta con forma de ola. También hay un circuito dibujado con círculos amarillos y palabras que invitan a bailar y a descubrir. Es la huella dejada por La Máquina de Bailar, un proyecto artístico del festival Trayectos que busca transformar los patios y reflexionar sobre el uso del espacio. Muchos colegios están inmersos en procesos de rediseño de sus patios y de reflexión sobre las actividades que se desarrollan en ellos.

"Los patios de los colegios son lugares de interacción y educación no formal. Los niños se relacionan, juegan, aprenden. La mayoría de los patios están copados básicamente por el fútbol y relegan las demás actividades a las márgenes. Con el proyecto de La Máquina de Bailar queremos cuestionar el uso del espacio y transgredir", explica el arquitecto Nacho Grávalos, que ha realizado varias intervenciones artísticas en centros escolares con Patrizia di Monte y un equipo multidisciplinar. El colegio Santo Domingo fue el primero (en 2017), y después siguieron en el Ramiro Soláns, el IES Blecua, el Fernando el Católico y, el último, el colegio de Peñaflor.

La Máquina de Bailar es un artefacto diseñado por ellos y un proyecto educativo que gira en torno a la danza. En cada colegio realizan talleres con los alumnos, profesores y familias. Y transforman los patios pintando circuitos, líneas, palabras ("baila", "gira", "siente", "respira", "salta", "conoce"). En algunos casos, estos dibujos ocupan y comparten espacio con las pistas deportivas. En Peñaflor el circuito une los distintos espacios del colegio: el edificio viejo, el nuevo y el huerto.

"Esta propuesta nos despierta tanta ilusión como dudas e interrogantes. ¿Cómo viven el espacio del patio de recreo los niños del colegio y el profesorado que se ocupa de ellos? ¿Hasta qué punto la Máquina de Bailar puede estimular la danza y el movimiento lúdico? ¿Habrá correlación entre el diseño artístico de la máquina y el desarrollo de la creatividad de los niños en el recreo? ¿Qué pasará cuando pongamos un elemento nuevo en medio de un espacio cotidiano? ¿Dejará alguna huella en lo que ocurre cada mañana en el patio de recreo? Después de varias experiencias, vamos llegando a algunas respuestas. Lo que es indudable es que la Máquina de Bailar no deja a nadie indiferente", reflexionan sus creadores.

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