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Aragón

Aragón, un país de montañas

Cantavieja, encanto en cada rincón

La capital del Maestrazgo es uno de los Pueblos más Bonitos de España. Al pasear por su cuidado casco urbano se puede sentir la historia, desde un épico pasado templario hasta su papel protagonista durante las guerras carlistas.

Fachada del Ayuntamiento en la porticada plaza Mayor de Cantavieja.
Fachada del Ayuntamiento en la porticada plaza Mayor de Cantavieja.
Antonio García

Capital de la comarca del Maestrazgo, Cantavieja está incluida en la red de Los Pueblos más Bonitos de España. Pasear por sus calles, de claro sabor medieval, nos descubre la belleza de esta localidad, llena de rincones con encanto. Situada a 1.300 m de altitud, esta privilegiada posición le permite disfrutar de grandes panorámicas desde sus miradores: como la imponente mole de la Muela Monchén al oeste, la vega de San Antonio y el Rebollar al este, y al sur, la Tarayuela.

Cantavieja cuenta con un bien conservado casco urbano que la hizo merecedora de la declaración de Conjunto Histórico-Artístico en 1981. Más allá de la riqueza arquitectónica que muestran sus casas señoriales, sus plazas, sus calles o sus soportales, recorrer la localidad es sumergirse en una pasado lleno de historia, desde sus primeras épocas como baluarte templario a sus 500 años bajo el gobierno de la orden sanjuanista de los hospitalarios. De esos tiempos datan algunos de los más importantes monumentos que aún se conservan en la localidad, aunque el momento de mayor auge llegó en el siglo XVIII cuando, enriquecida con el comercio de la lana, se construyó la ermita de Loreto (año 1700) o el hospital de San Roque (1775) y, aupados por esa prosperidad, sus habitantes levantaron sus casas solariegas.

Con el siglo XIX llegó su momento de mayor protagonismo: cuando el ‘Tigre del Maestrazgo’, el general Ramón Cabrera, la convirtió en la capital del Carlismo, y el bastión desde el que llevó a cabo toda su actividad durante la guerra civil entre los partidarios del infante Carlos y los defensores de la reina Isabel II. En la calle Mayor se puede visitar el Museo de las Guerras Carlistas y conocer los conflictos que vivió toda la zona durante todos los años que duró este enfrentamiento bélico y la figura, engrandecida por el mito, del general Cabrera.

Por su entorno escarpado, el contrincante del ‘Tigre del Maestrazgo’, el general Jovellar, describió a Cantavieja como un ‘nido de águilas’, lo que no la libró de sufrir duros ataques que acabaron afectando a sus fortalezas exteriores. El conjunto arquitectónico interior, por fortuna, pudo conservar enteramente su integridad y, así, hoy en día podemos seguir disfrutando de la armonía de su plaza Mayor, porticada y posiblemente una de las más bellas de Aragón. Señoreando la plaza, el edificio del Ayuntamiento, uno de los más antiguos de la comarca. Construido en la baja Edad Media, mantiene sus amplias ventanas góticas que iluminan el interior del salón de plenos, coronado por una preciosa techumbre, también gótica. En la misma plaza Mayor podemos encontrar la iglesia barroca de la Asunción, finalizada en 1748 siguiendo el modelo de la Basílica del Pilar. La iglesia se construyó sobre un antiguo templo gótico, del que se conserva la torre campanario, en cuyo interior se ha recreado una antigua escuela masovera abierta al publico que puede también subir a lo alto de la torre y disfrutar de una completa panorámica sobre Cantavieja.

Completan el conjunto de la plaza la Casa del Bayle, o Casa de los Osset, una de las familias más poderosas de la comarca. En las cercanías de la plaza se encuentran buenos ejemplos de casas nobles, realizadas en piedra sillar, pertenecientes otras sagas de la aristocracia rural de los siglos XVII y XVIII. Es también recomendable visitar la iglesia de San Miguel, construida al principios del siglo XV en la parte alta del pueblo, la ermita de la Virgen de Loreto, la nevera, de 7,5 m de altura, y la ermita del Santo Sepulcro, en el calvario, situado en el recinto que ocupaba el antiguo castillo templario.

Por detrás de la plaza de España, en la calle Calzadilla, sale un recorrido de 1 km que nos lleva de paseo por la parte baja de las murallas, con vistas a la vega y el Rebollar.

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