Despliega el menú
Aragón

"Apoyamos la educación inclusiva, pero nuestros hijos necesitan un centro especial"

Las familias aragonesas con niños con discapacidad intelectual se movilizan ante la propuesta del Gobierno central que deja en el aire la continuidad de estos colegios específicos.

Marta Binaburo, Charo Santamaría y Susana Álvarez charlan con otro padre afectado.
Marta Binaburo, Charo Santamaría y Susana Álvarez charlan con otro padre afectado.
Raquel Labodía

La hija de Charo Santamaría, de 7 años, sufre una pluridiscapacidad. Se mueve en silla de ruedas, no habla, empezó a gatear a los 5 años y ahora ya es capaz de ir con andador y ha aprendido a beber con un vaso. Su primera escolarización fue ya en el colegio de educación especial Rincón de Goya de Zaragoza. "Hemos empezado a trabajar con un sistema de comunicación pecs (intercambio de imágenes). No creo que estos progresos hubieran sido posibles en un centro de integración, necesita un entorno como en el que está para poder desarrollarse y ser feliz", cuenta esta madre. "Apoyamos la educación inclusiva, hay que dotarla de todos los medios, pero nuestros hijos necesitan también centros especiales", reivindica.

Santamaría, como otras familias aragonesas que se han sumado a la plataforma nacional ‘Educación inclusiva sí, especial también’, teme por el futuro de estos centros específicos. La ministra Isabel Celaá anunció la intención de integrar a los alumnos con discapacidad en escuelas ordinarias y el Gobierno aprobó el pasado viernes el proyecto de ley de Educación. Aunque su tramitación parlamentaria quedará en suspenso por la convocatoria de elecciones generales, el colectivo que defiende la convivencia de las diversas modalidades de escolarización entiende que se trata de una declaración de intenciones del PSOE.

El documento contempla que en diez años se desarrollará un plan para que las escuelas ordinarias cuenten con los recursos "para poder atender en las mejores condiciones al alumnado con discapacidad". Añade que se prestará apoyo a las especiales para que estas, además de escolarizar a los alumnos que requieran "una atención muy especializada", desempeñen "la función de centros de referencia y apoyo para los centros ordinarios".

La plataforma critica que "se deja abierta la puerta a cualquier tipo de interpretación". Muestra su preocupación por lo que se entienda como "una atención muy especializada" y de qué manera influye la opinión de los padres en el dictamen escolar del menor.

Las familias aragonesas están inquietas también por el proyecto de ley de los derechos y la atención a las personas con discapacidad que se está tramitando en las Cortes y que se quiere aprobar en esta legislatura. Entre otros puntos por una enmienda de Podemos en la que se plantea que la segregación del alumnado en diferentes centros y dentro de estos por razones de discapacidad desaparecerá progresivamente con un límite temporal de 10 años. Esta cuestión todavía no se ha debatido en la ponencia.

"Deben contar con los padres"

"Deben contar con la opinión de los padres, a nosotros nadie nos ha preguntado", lamenta Susana Álvarez, madre de un chico de 19 años con un trastorno de espectro autista que hasta los 10 tuvo una plaza de integración y ahora asiste al San Martín de Porres.

"Me costó mucho llegar a la educación especial. Fue muy duro sacarlo del entorno normalizado que me parecía lo mejor para él, pero descubrí que necesitaba estar en un sistema donde todos los niños tienen distintas capacidades y se trabaja con ellas de forma individualizada. Cada discapacidad es un mundo", relata.

Reclama, además, que en los exámenes de escolarización se tenga en cuenta la opinión de los padres y el derecho a elegir la modalidad.

Una opinión que comparte Marta Binaburo, profesora de infantil con un hijo de 14 años con parálisis cerebral que estudia en el Jean Piaget. Se empeñó en que asistiera con 3 y 4 años al colegio en el que ella trabajaba. "Tenía los días contados, pero yo quería que viviera la integración. No funcionó, a pesar de que mis compañeras tuvieran una voluntad inmensa. La verdadera inclusión requiere más medios y no cerrar los centros especiales que funcionan y en los que pueden ser ellos mismos y evolucionar a su ritmo", explica.

Francisco Miguel Paredes, con dos hijos con autismo severo de 11 y 18 años, concluye: "Soy realista y fuera del sistema de un centro especial mis hijos no pueden sobrevivir. Se les negaría una formación que les enseña algo tan simple como vestirse. Ellos están en su mundo y hay que preservarlo".

División de opiniones entre las organizaciones

La posibilidad de incorporar al sistema educativo general a los alumnos con discapacidad matriculados en centros especiales suscita debate y división de opiniones. Atades y Aspace abogan por garantizar una dotación suficiente para atender a estos niños en ambos espacios. Atades aprobó esta semana sumarse a la plataforma ‘Educación inclusiva sí, especial también’.

Mientras, la federación Plena Inclusión Aragón mantiene que los colegios tanto ordinarios como especiales "se tienen que transformar" y que para llegar a una verdadera inclusión, que no "mera integración", hay que poner todos los medios. "El camino para llegar hasta la educación inclusiva debe ser debatido y consensuado", asegura.

Etiquetas
Comentarios