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Aragón

Cuando el consumidor toma el control del supermercado

El establecimiento cooperativo A Vecinal, que ofrece productos ecológicos, de proximidad y socialmente justos, abrió sus puertas en diciembre en Zaragoza.

Para ocupar las estanterías, los socios han de aprobar los productos del supermercado. a vecinal
Para ocupar las estanterías, los socios han de aprobar los productos del supermercado. a vecinal
A Vecinal

Un supermercado gestionado por sus propios consumidores, quienes deciden qué productos deben ocupar las estanterías basándose en los criterios ecológicos, de justicia social, de proximidad y de reducción de residuos. Esta es la definición de A Vecinal, un proyecto que acaba de iniciar su andadura en Zaragoza y que se apoya en la colaboración y el respeto al medioambiente. "La idea consiste en una cooperativa de consumidores a través de la que poder acceder a productos de alta calidad –ecológicos y locales– a precios asumibles", explica Marta Marín, socia y miembro del grupo de comunicación de A Vecinal.

Las puertas de este supermercado, que está ubicado en el antiguo local de una frutería especializada en productos de cercanía y ecológicos situada en el barrio Jesús de la capital aragonesa, se abrieron el pasado 21 de diciembre, y la acogida, según señala Marín, ha sido "muy satisfactoria". "Actualmente, ya superamos los 150 socios. Vamos creciendo cada día", indica. Para formar parte de la cooperativa, los interesados tienen que aportar 150 euros al capital social y dedicar algo de tiempo a las labores de mantenimiento y gestión del establecimiento. Sobre las ventajas de pertenecer a este supermercado colaborativo, Marín indica: "Al ser dueño del negocio, como los demás, puedes decidir qué productos quieres que estén en las estanterías, participar en la toma de decisiones de las asambleas generales y beneficiarte del 10% de descuento en todos los productos".

Pero cualquier consumidor es bienvenido. "El espacio y la cooperativa está abierta a todo el mundo", aclara Marín. "Por ahora nos estamos organizando para que funcione con el mínimo coste y podamos ofrecer a los miembros una mejor oferta de precios. Actualmente, hay dos personas trabajando a media jornada. Para el resto de tareas, necesitamos que los socios participen. Además, es una manera de crear red y el ambiente es muy bueno. La gente viene a trabajar pero con la sensación de participar en un proyecto común". Las baldas y estantes de A Vecinal no tienen nada que envidiar a los de los hipermercados convencionales. "Tenemos de todo, productos frescos, especialmente de temporada, artículos de limpieza, cosmética, cacao, café, infusiones, pasta, legumbres... En realidad, todo lo que se necesita para llenar una cesta. La idea es que los consumidores puedan hacer su compra semanal o mensual con facilidad", subraya la socia. "Todavía no podemos competir con los precios de las grandes superficies, porque el producto ecológico siempre tiene un coste adicional, pero sí con otros supermercados de las mismas características".

¿Y los proveedores?

Los miembros de la cooperativa también son los encargados de seleccionar a los proveedores que se encargan de abastecer el supermercado. "Se ha formado una comisión de criterios, un grupo de trabajo que se dedicará a establecer los principios de selección. Por ahora, en lo que nos estamos basando es en que el producto sea ecológico –avalado por el certificado, los grupos de consumo o por los productores artesanos–, de proximidad, que provenga del comercio justo y que reduzca, en la medida de lo posible, los residuos plásticos. Por eso estamos apostando por la venta a granel", explica Marín.

"Nuestra idea también es ir haciendo mensualmente actividades, como catas, en las que los proveedores se puedan acercar a los consumidores y enseñarles su producto. Nos apetece mucho ser el vínculo, el nexo de unión, entre el campo –lo que comemos, quién lo produce, quién lo trabaja– y los compradores. Dar a conocer y visibilizar el sector primario", señala Marín.

Un éxito importado

A raíz del éxito del supermercado ‘Park Slope Food Coop’, ubicado en el neoyorquino barrio de Brooklyn y con más de 17.000 socios, cuya experiencia descubrieron a través de un documental, los promotores de A Vecinal decidieron apostar por este modelo colaborativo en Zaragoza. "Había muchas ganas y gente interesada en este tema y en que pudiera funcionar", concluye Marín.

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