Aragón

Casi el 50% de los colegios públicos tienen cocina propia, pero solo un 37% en Zaragoza

Educación ha recibido más de 30 solicitudes de centros que quieren contar con este servicio.

Cocineras del Zaragoza Sur y el cocinero de la empresa Combi, el jueves de la semana pasada en la nuevas instalaciones del centro.
Cocineras del Zaragoza Sur y el cocinero de la empresa Combi, el jueves de la semana pasada en la nuevas instalaciones del centro.
Guillermo Mestre,

La cocina de toda la vida quiere volver al cole y desterrar el caterin de línea fría. Cada vez son más los colegios y asociaciones de madres y padres que luchan por contar con unos fogones en los que se preparen los menús como antaño. En Aragón, de los 232 comedores escolares públicos existentes, casi la mitad de ellos, 113, tienen cocina ‘in situ’, lo que supone un 48,7%, según los datos facilitados por el Departamento de Educación de la DGA.

La situación difiere sensiblemente si se pone la lupa en cada provincia. En la provincia de Zaragoza, la comida que llega congelada en bandejas sigue siendo el servicio mayoritario en casi un tercio de ellos. De 150 comedores, solo 55 cuentan con cocina propia, el 36,6%. Mientras, en la de Huesca son un 83,3% los centros de enseñanza en los que se guisa. En Teruel, este porcentaje se reduce al 46,4%.

La Plataforma por unos Comedores Públicos de Calidad lleva tiempo inmersa en una cruzada para conseguir una buena alimentación para los más de 31.000 niños aragoneses que comen en los colegios. La DGA ha puesto en marcha un plan de cocinas propias, en el que el pasado año invirtió medio millón de euros. Ha recibido más de una treintena de peticiones de centros interesados en transformar sus instalaciones. Esta remodelación supone un coste medio de entre 40.000 y 90.000 euros. Además, los nuevos establecimientos de enseñanza que se construyen disponen ya de una cocina tradicional.

La plataforma exige una apuesta «más decidida» de la Administración. «La propia DGA reconoce que el servicio provincial de Zaragoza, por ejemplo, solo tiene capacidad para acometer la transformación de tres o cuatro cocinas cada año, lo que, vistos los números, resulta totalmente insuficiente», asegura el portavoz de este colectivo, Pablo Alconchel. Ante la proximidad de las elecciones municipales y autonómicas, persigue que el tema figure en los programas de todos los partidos.

Entre estrenos y esperas

Unos colegios están estrenando flamantes cocinas, otros están en obras y los hay que no saben cuándo se atenderá su demanda. Los colegios Zaragoza Sur y Sobrarias (Alcañiz) inauguraron sus fogones la pasada semana. El Ferrer y Racaj de Ejea de los Caballeros espera poder cortar la cinta los primeros días de febrero, en el San Roque de María de Huerva acaban de instalar hornos y electrodomésticos y el Vadorrey Les Allées de Zaragoza está pendiente de la legalización del servicio de gas.

La prometida en el Parque de Huesca arrastra un considerable retraso. La previsión inicial era que la licitación saliera antes de fin de año, pero de momento los trabajos ni han comenzado y el último plazo es que podría estar hecha para Semana Santa.

Hay centros que cuentan por primera vez con comedor, aunque en algunos de ellos funcionará la línea fría por falta de espacio para acondicionar una cocina. Es el caso del Moreno Calvete de Zaragoza (su inaugura el 4 de febrero), Grisén y Nuez de Ebro.

En 2019 también se quieren poner en marcha los de Peñaflor o Sádaba. El de las Cincos Villas quedó destruido por la riada de Riguel en octubre de 2012 y hay que levantar un edificio nuevo que también albergaría psicomotricidad y otros espacios comunes que se perdieron con la avenida. Sobre los nuevos colegios que se reconvertirán a cocina propia, Educación se limita a apuntar que «están en fase de estudio». Desde la DGA se argumenta que la transformación de las cocinas ha sido por orden de petición de la comunidad educativa, algo que para la plataforma de comedores públicos no responde a la realidad.

Lechuga aliñada como en casa

Garbanzos con verdura, bacalao rebozado y manzana de postre. Con este menú inauguró el jueves de la semana pasada su cocina el colegio Zaragoza Sur, donde comen 238 alumnos de los 398 que asisten al centro, en el que este curso se imparte hasta 3º de primaria.

«Estamos encantados, yo la primera. No hay nada como la comida recién hecha, te sientes casi como en casa. Esperamos incluso que aumenten los alumnos que se quedan», explicaba a primeras horas de la mañana la directora, Mª Cruz Gimeno.

Mientras, las cocineras Anunciación y Sandra se afanaban, ante la cazuela con la legumbre y preparando la fruta. Al ser el primer día un cocinero de la empresa Combi, que actualmente gestiona el servicio, les echaba una mano. Anunciación presume de que ha conseguido que todos los niños, hasta los más reacios, coman una lechuga que «aliño como en mi casa».

«Hay profesores que se van a sus casas a comer y que están esperando que se ponga en marcha la cocina para quedarse», cuenta la directora del Sobrarias de Alcañiz, Ana Ginés. El pasado viernes llegó ese momento.

La supervisora de Dietética del hospital Miguel Servet, Mari Lourdes de Torres, es una defensora de las cocinas en los colegios. Reconoce que los nutricionista hacen su trabajo en las empresas de restauración y que «por higiene y seguridad alimentaria» la línea fría tiene un punto a su favor. Pero hay que ir más allá y aboga por «la cultura alimentaria del niño y las formas de la dieta mediterránea».

«La palabilidad (más agradables al paladar) y las propiedades organolépticas de los alimentos, como el olor, el color, la textura y el sonido, son mucho mejores. El niño tiene que ser consciente de lo que come, no engullir», mantiene. Lo ideal sería que se sirviera en platos.

En cuanto a la gestión, la mayoría corre a cargo de empresas. Solo una decena son administrados por el centro o los padres. En Zaragoza están el Doctor Azúa, Cesáreo Alierta, César Augusto, Eliseo Godoy, Tío Jorge, San Braulio, Agustina de Aragón y El Espartidero. También funcionan así el San José de Calasanz de Fraga (Huesca) y el Montalbán (Teruel).

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