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Aragón

Tercer Milenio

Cebadas para luchar contra el cambio climático

La Estación Experimental de Aula Dei-CSIC es uno de los socios del proyecto internacional Gendibar, que pretende obtener cebadas mucho más resistentes.

En la imagen, momento de recolección de cebada.
En la imagen, momento de recolección de cebada.
Eead-Csic

La cebada es uno de los principales cultivos de la cuenca del Mediterráneo. Hace muchos siglos, los pueblos que vivieron en el Neolítico y llegaron a conquistar estos rincones trajeron consigo sus semillas, que fueron adaptándose al terreno y las condiciones climáticas de cada zona.

Clima que está cambiando y que hace que algunas de estas variedades de cebada ya no sean tan provechosas como han sido en un pasado más o menos cercano.

Conscientes de esta realidad y con el fin de anticiparse a estos cambios, este año se pondrá en marcha un ambicioso proyecto internacional, que lleva por nombre ‘Gendibar’, y con el que se pretende aprovechar la diversidad genética local de las cebadas para tratar de adaptarla a las difíciles condiciones que implica el cambio climático. «Es un proyecto muy interesante, que arranca ahora y durará tres años, y con el que los mejoradores de cultivos pretendemos estudiar la adaptación de las diferentes variedades locales de cebada al clima que puede haber en un futuro más o menos próximo», indica Ernesto Igartua, investigador de la EEAD-CSIC y responsable de una parte del proyecto.

Con Gendibar se aplicarán diferentes modelos predictivos para examinar cómo afectará el cambio climático a las zonas agroecológicas de los países mediterráneos en términos de temperatura, precipitación mensual, olas de calor... Un proyecto pluridisciplinar que contará con la participación de prestigiosos centros de investigación italianos (que son los coordinadores), argelinos, alemanes, egipcios, tunecinos, turcos y españoles. En este caso, intervienen la Universidad de Lérida y la Estación Experimental de Aula Dei-CSIC (EEAD-CSIC).

Este último organismo se encargará, junto con sus colegas italianos, de investigar la adaptación genética al estrés climático típico de los ambientes mediterráneos. «Nos vamos a encargar, a lo largo de los próximos tres años, de caracterizar genéticamente el panel de 1.000 entradas identificadas a nivel molecular con el fin de poder hacer un estudio genético de cada variedad y ver su adaptación a los diferentes tipos de condiciones climáticas», señala Igartua.

Otros centros, como es el caso de la Universidad de Lérida, se encargarán de hacer experimentos en campo para poder comprobar el estrés que sufren las plantas de cebada ante las altas temperaturas.

«Los científicos e investigadores tenemos la obligación de ser predictivos y anticiparnos al pasado mañana para conseguir las mejores variedades, las más resistentes y las que mejores resultados den a medio plazo», concluye Igartua, quien recuerda que todos esos datos, conocimientos y tecnologías que se desarrollen serán luego divulgados y compartidos con obtentores, investigadores, agricultores y pymes, con el fin de mejorar las cebadas actuales y las futuras.

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