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Aragón

Tercer Milenio

La digitalización que dará de comer al mundo

La transformación digital del sector agrario no es solo una cuestión de modernidad. Será imprescindible para alimentar a un planeta superpoblado.

La maquinaria agrícola ya está dotada de moderna tecnología que consigue que las labores agrícolas sean más precisas y eficientes.
La maquinaria agrícola ya está dotada de moderna tecnología que consigue que las labores agrícolas sean más precisas y eficientes.
J. D.

Ya no resulta extraño encontrar drones sobrevolando las viñas para controlar el grado de maduración del fruto. Tampoco que haya ganado pastando en alta montaña equipado con un dispositivo móvil que permite tener localizado a cada animal. A (casi) nadie le sorprende asomarse a la cabina de un tractor y encontrar todo tipo de herramientas tecnológicas (radares, cámaras, gps) con las que el agricultor realiza sus tareas en el campo no solo con más precisión sino con mayor seguridad. Por no hablar de lo habitual que comienza a ser descubrir entre los cultivos sensores que permiten utilizar el big data para analizar en tiempo real la posibilidad de plagas o malas hierbas en una superficie muy concreta.

Son algunos ejemplos de que la revolución digital comienza a echar raíces en el sector agrario. Pero lo cierto es que queda camino por recorrer para recoger los frutos deseados, que no son otros que el uso generalizado de una tecnología que permitirá mejorar la eficiencia de la actividad agraria o la productividad y rentabilidad de las explotaciones, pero también lograr una producción (en las mejores condiciones de sanidad y seguridad) con la que garantizar la alimentación de un planeta cada vez más poblado y con menos superficie disponible para el cultivo. Es un argumento largamente repetido y que se ha escuchado de manera cada vez más habitual en los últimos años en la voz de los representantes del propio sector agrario. Y ahora vuelve a ocupar primeras páginas porque han sido los dirigentes mundiales del ramo quienes lo han puesto negro sobre blanco.

Lo han hecho los 74 ministros de agricultura (entre ellos el español Luis Planas), reunidos el pasado fin de semana en el Foro Global para la Alimentación y la Agricultura (GFFA), que se celebró en el marco de la Semana Verde –la gran feria agropecuaria celebrada en Berlín (Alemania)–. Todos ellos han estampado su firma en un documento en el que se comprometen a impulsar la digitalización del campo como parte de una estrategia común (y mundial) que sirva para que el desarrollo agrícola sea tan sostenible como adaptado al consumidor actual. Porque estos responsables de la política agraria de sus países están convencidos de que las nuevas tecnologías son las herramientas más adecuadas para hacer más productiva y rentable una agricultura que se enfrenta, además, a las exigencias de sostenibilidad, seguridad y sanidad y a los retos del cambio climático y la despoblación rural. Y advierten –como recoge documento– que estas soluciones inteligentes son necesarias para «satisfacer la demanda actual y futura de alimentos seguros y nutritivos».

"Nosotros, los ministros de Agricultura de 74 naciones, nos hemos reunido aquí en 19 de enero de 2019 (...) para discutir cómo la digitalización puede fortalecer la viabilidad económica del sector agrícola, su sostenibilidad, la conservación de recursos, la resiliencia y la orientación de los consumidores». Así comienza la comunicación ‘La agricultura se vuelve digital’, a la que ha tenido acceso esta publicación, con la que los ministros reunidos en Berlín en el Foro Global para la Alimentación y la Agricultura han consensuado medidas y propuestas con las que impulsar una agricultura 4.0 que esté a la altura tecnológica del resto de sectores productivos, pero, sobre todo, que tenga capacidad para alimentar con garantía a un planeta con un futuro superpoblado.

No es un reto nuevo para agricultores y ganaderos. La actividad primaria ha demostrado su capacidad para adaptarse a las crecientes necesidades de los ciudadanos. De hecho, en los últimos 50 años la población mundial se ha duplicado, pero durante ese periodo, las innovaciones tecnológicas y organizativas así como las políticas de agricultura y alimentación han conseguido que la producción agrícola mundial se triplicará. Pese a todo, lamenta el escrito firmado en Berlín, «todavía hay 821 millones de personas que padecen hambre y más de 2.500 millones que sufren desnutrición».

Y las previsiones no son precisamente tranquilizadoras. Se pronostica que el número de habitantes del planeta crecerá en unos 1.000 millones en los próximos 15 años, hasta alcanzar en 2015 los cerca de 10.000 millones de personas. Dar de comer a todos ellos no va a ser tarea fácil porque los recursos naturales son limitados y la agricultura camina hacia un horizonte repleto de desafíos entre los que preocupa especialmente el cambio climático, la escasez de agua, la degradación de los suelos o la pérdida de la biodiversidad.

Aún más, su reto no es nada baladí. «La producción agrícola debe aumentar significativamente al mismo tiempo que aumenta su sostenibilidad, mejora el bienestar animal, se adapta mejor a las condiciones locales y proporciona empleos e ingresos dignos a lo largo de la cadena de suministro», señala el documento, que añade, además, que todo esto debe hacerlo utilizando de manera eficiente los recursos y minimizando la pérdida de alimentos. Y, por si fuera poco, dice el texto, la actividad agraria tiene una misión ineludible: satisfacer la demanda actual y futura de alimentos y piensos seguros y nutritivos.

Ante esta perspectiva, estos responsables de política agraria creen que ha llegado el momento de dar «soluciones inteligentes» que permitan armar al sector con las herramientas (digitales) necesarias para hacer frente a estos retos. Eso sí, señalan en su documento, sus propuestas ponen el foco en las explotaciones familiares «que representan alrededor del 90% de las empresas agrícolas en todo el mundo, y aproximadamente el 37% de la producción agrícola».

Inversión e investigación

La comunicación firmada en Berlín repite constantemente el compromiso adquirido para promover e impulsar la digitalización y conseguir así que la agricultura sea más eficiente y sostenible y mejore la vida rural. Para eso, señalan, hay que proporcionar el desarrollo de «soluciones digitales adecuadas, escalables y adaptadas» al sector agrario. Eso explica que uno de sus objetivos sea crear las condiciones para fomentar «la inversión responsable» en tecnologías digitales orientadas específicamente en la actividad agraria «y en particular en el desarrollo de las micro, pequeñas y medianas empresas en un entorno orientado al mercado», señala el documento.

Claro que para invertir en esa tecnología es necesario que la misma esté disponible y que quien tenga que utilizarla conozca su manejo. Por eso los 74 ministros se comprometen a intensificar la investigación y el desarrollo de nuevas tecnologías digitales, pero también a fomentar entre los profesionales de la cadena alimentaria la capacitación en habilidades digitales, el intercambio de conocimientos técnicos y de experiencias prácticas para crear un entorno empresarial «innovador», o el uso de procesos digitales (como los datos de la certificación fitosanitaria) para facilitar el comercio agroalimentario y la cooperación regulatoria.

Banda ancha

A pesar de que el agrario es un sector innovador, uno de los problemas con los que se topa su digitalización es la falta de infraestructuras que permitan el acceso a los canales de comunicación ‘online’. Los datos lo corroboran. En la actualidad más de la mitad de la población mundial utiliza internet, pero este uso es mucho menor en las poblaciones rurales, donde además vive el 45% de la población mundial y donde la agricultura es un sector económico vital.

En este aspecto se ha manifestado ampliamente el ministro español del ramo, Luis Planas, tras estampar su firma en el documento consensuado en Madrid. Dice Planas que España ocupa, en cuanto a desarrollo digital, «un buen puesto» en el conjunto de la UE, ya que un71 % de su población tiene acceso a banda ancha de internet. Lamenta, sin embargo, que este alto porcentaje se desploma hasta el 21% cuando de lo que se habla es de los pueblos. Por eso, asegura que el objetivo del Gobierno para superar la brecha digital entre el mundo rural y el urbano es que la banda ancha alcance a un 90% de la población en los próximos dos años, «aunque en lo que compete al campo hay que superar aún muchos desniveles», advierte.

Porque, destaca el ministro, digitalizar el campo puede contribuir no solo a mejorar la rentabilidad de las explotaciones o garantizar la alimentación futura. Además es la mejor herramienta para luchar contra la llamada ‘España vacía’ o despoblación progresiva del ámbito rural. «Sin acceso a la banda ancha no es posible lograr ese desafío», reitera Planas, quien recuerda que aquellos puntos dónde más álgida es la despoblación es justamente donde más pesa la brecha digital.

Pero, y en este aspecto han insistido todos y cada uno de los representantes del sector, las infraestructuras digitales son una herramienta imprescindible para el necesario relevo generacional del sector, porque los jóvenes exigen en el medio rural en el que deciden vivir y trabajar la misma conectividad de la que dispondrían si su modo de vida estuviera en la ciudad.

Por eso, la alianza mundial sellada en Berlín, insiste en que la conectividad tiene que ser una realidad en el medio rural en general y en la agricultura en particular. Además, que abogan por medidas que permitan que esta sea «confiable y con precios competitivos». Señalan, sin embargo, que también es necesario mejorar la conciencia pública sobre las oportunidades digitales y las necesidades de los agricultores «para crear aceptación y mejorar el atractivo de la profesión agrícola».

Para conseguirlo, se comprometen a «apalancar fondos, promover instrumentos financieros innovadores y movilizar inversiones privadas y públicas» con el claro objetivo de impulsar el uso de las tecnologías digitales y que ello contribuya no solo a mantener empleos sino a generar nuevos puestos de trabajo, y mayores capacidades y oportunidades empresariales «especialmente para los jóvenes y las mujeres».

En presente

En Berlín, los ministros de Agricultura hablaron de futuro, pero lo cierto es que la agricultura digital es una realidad presente. «El sector agroalimentario no tiene nada que envidiar a los de otros países, o incluso a otro tipo de sectores económicos que pueden parecer más glamurosos, modernos y tecnológicos», defienden los expertos, que recuerdan que siempre ha sido un sector innovador que lleva años valiéndose de la tecnología. Pero, reconocen que queda camino por andar para conseguir la transformación digital que el futuro exige a un sector atomizado y muy diverso en el que la capacidad de inversión en tecnología «tampoco es muy grande».

Por eso, todo el medio rural, en general, y el sector agroalimentario, en particular, espera que la alianza mundial sellada en la capital alemana sea el espaldarazo público definitivo que necesita este proceso de transformación para alcanzar la total digitalización.

Habrá un día en que la PAC se pida desde la tablet

La digitalización no solo debe llegar al campo o a la granja. Es necesario también que impregne la PAC. Y no solo en sus políticas sino en su forma de solicitar las subvenciones. Lo ha pedido incluso la canciller alemana, Angela Merkel, que aboga por eliminar tanto papeleo y burocracia para que los agricultores y ganaderos «no tengan que pasar tantas horas delante del ordenador».

La idea la comparten los 74 ministros reunidos en la capital alemana y es uno de los principales objetivos de los mandatarios europeos. De hecho ya han mostrado su deseo de que la política agraria comunitaria tenga menos condiciones y más reglas de fácil aplicación. El objetivo es que «en 2027, las ayudas puedan pedirse y gestionarse desde una tablet».

La pelota está ahora en el tejado de los gobiernos, porque tendrá que ser cada país el que ponga en marcha sus propias medidas para que así sea.

Opinión
Agroalimentación, punta de lanza de la innovación

La UE muestra una creciente preocupación por la brecha que en materia de innovación muestra el continente respecto a Estados Unidos y varios países de Asia, especialmente China. Todas las políticas e instrumentos de fomento del I+D+i puestos en marcha por la CE en los últimos años insisten en la necesidad de que la producción científica tenga mayor impacto en la competitividad y en que se facilite el camino a las innovaciones más disruptivas y con mayor potencial de crecimiento. El programa Horizon Europe 2021-2027 va a reforzar todavía más ese enfoque hacia la competitividad industrial, los grandes retos globales y la innovación.

Una de las iniciativas más novedosas del último periodo ha sido la de las plataformas temáticas interregionales. Lo que la Comisión pretende es que, además de que todas las regiones prioricen las áreas específicas en que quieren especializar su economía, se pongan manos a la obra y colaboren con otras regiones que tengan la misma prioridad, ya que es la única forma de conseguir escala suficiente para afrontar grandes retos tecnológicos.

El sector agroalimentario está teniendo un gran protagonismo dentro de esa estrategia de las plataformas de especialización inteligente (S3P). La razón es contundente: el 75% de las regiones europeas han incluido la agroalimentación entre sus prioridades para especializar y tecnificar su economía. Aragón, también.

Bajo el paraguas de la plataforma S3P Agrifood se han creado hasta ahora cinco alianzas interregionales de colaboración en algunos de los principales retos del sector en materia de transformación digital: trazabilidad y big data; agricultura de precisión; sensores inteligentes; participación del consumidor en la innovación; e ingredientes nutricionales.

Aragón, a través del Parque Científico Tecnológico Aula Dei, forma parte del grupo de trabajo sobre trazabilidad y big data. Liderado por Andalucía y Emilia-Romagna, el grupo reúne a 20 regiones europeas de 12 países y a 11 centros, entre ellos la Universidad de Wageningen (Holanda), considerada como la número uno del mundo en I+D agroalimentario.

El uso de tecnologías avanzadas en materia de trazabilidad y big data es una de las tendencias de mayor impacto futuro en sectores de altísimo interés para Aragón como el del porcino, y también en el de la fruta de hueso, tanto en términos de seguridad y calidad alimentaria como de herramienta de gestión para mejorar la productividad y reducir el desperdicio.

Estas alianzas tienen como fin localizar y conectar a los agentes más relevantes y comprometidos en el campo elegido y fomentar la realización de proyectos piloto que puedan dar lugar a soluciones comercializables en el futuro. Gobiernos regionales, empresas, clústers, universidades, centros tecnológicos, ‘startups’ y agentes sociales alinean así sus capacidades en torno a retos específicos de alta especialización tecnológica. El objetivo es que se creen al mismo tiempo nodos regionales de alta capacidad en esos desafíos regionales y redes eficaces de cooperación entre esos nodos a lo largo de la UE.

Se trata de una estrategia compleja, que está evolucionando conforme se van poniendo en marcha los grupos de trabajo. En la primera reunión conjunta de todas las plataformas temáticas celebrada en Bilbao, se puso de manifiesto que la CE está decidida a mantener firme su apuesta por estos instrumentos territoriales de cooperación en innovación y que se crearán mecanismos de financiación específicos. El director general de Desarrollo Rural de la CE, Mario Milouchev, confirmó que en la nueva PAC se va a reforzar el apoyo a estos programas de innovación interregional. Uno de los resultados prácticos de todo esto es que la transformación digital del sector agroalimentario va a elevar su rango en las políticas de los gobiernos regionales para convertirse en una acción estratégica de amplio espectro. La agricultura 4.0 solo será posible si es capaz de implicar a todos los recursos tecnológicos existentes en cada región y a la vez cooperar con otros territorios para escalar las soluciones y procedimientos y crear un verdadero mercado europeo para los nuevos productos.

José Carlos Arnal, es director de Fundación Parque Científico Tecnológico Aula Dei

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