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Aragón

Nicolás, dos años viviendo en seis metros cuadrados, sin agua

Nicolás está instalado en un cubículo de seis metros cuadrados sin agua corriente, aseo ni ventilación

Nicolás, junto a la entrada del trastero en el que está instalado desde hace dos años
Nicolás, junto a la entrada del trastero en el que está instalado desde hace dos años
Oliver Duch

En el cubículo hay apiladas unas estanterías de madera, un viejo sillón, una mininevera y una pequeña televisión de tubo. El olor a humo es intenso; apenas hay luz. A la entrada, una Virgen del Pilar colgada en la pared parece dar la bienvenida al trastero de seis metros cuadrados en el que desde hace al menos dos años vive Nicolás. En la calle de Juan José Lorente, en pleno centro de Zaragoza.

"Y ¿adónde quieres que vaya? ¿Me pagas tú el alquiler?". Nicolás, de nacionalidad rumana, cuenta que vino hace diez años a Zaragoza y que tiene arrendado el trastero desde hace seis. Pero no ha sido hasta hace un par de años, a raíz de su divorcio, cuando se vio obligado a instalarse de forma permanente en el cuarto.

Y no es el único que duerme en trasteros de esa misma finca, aunque sí el inquilino más asiduo. En otro habitáculo, según cuenta el presidente de la comunidad de propietarios, Manuel Pérez Magaña, una pareja suele pernoctar, aunque no en estos momentos debido al intenso frío. Se dedican a recopilar chatarra, para lo que echan mano de un tercer trastero, que hace las veces de su lugar de trabajo. "Llegaron a emplear una radial para cortar la chatarra, lo que provocaba que se fuera la luz de todos los garajes. Pero surgieron quejas y ahora ya no la utilizan", explica Pérez Magaña.

Finalmente, hay una cuarta persona instalada en otro trastero situado al lado de las escaleras de emergencia.

Según cuenta –y confirma administradora, Iberogest–, tanto la Policía Nacional como Servicios Sociales del Ayuntamiento de Zaragoza están al corriente y han visitado los trasteros, pero todo sigue igual. "Si la Policía no lo resuelve, qué vamos a hacer nosotros", dicen en Iberogest.

De baja

Desde el Ayuntamiento informaron este martes de que existe un protocolo entre la Policía Local y los Servicios Sociales "de acceso extraordinario a la vivienda", y que este se activa cuando la Policía es informada de un caso que implica alguna "emergencia". Fuentes municipales aseguraron desconocer las interioridades de la situación en la calle de Lorente.

Por su parte, el propietario del trastero, A. S. G., eludió hacer declaraciones a este periódico.

En junio de 2017, el presidente de la comunidad de propietarios firmó una comunicación que hizo llegar a todos los dueños en el que les recordaba que estos cuartos son "exclusivamente trasteros, no se puede pernoctar ni usar como talleres", y situaba la responsabilidad "única y exclusiva", en caso de incumplimiento, en "el propietario del trastero".

En la actualidad, Nicolás está de baja por problemas en la espalda y se encuentra a la espera de que le digan si será necesario que le operen. Sobre el respaldo del sillón hay una fila de analgésicos con los que trata de mitigar los ostensibles dolores que padece. A la entrada del trastero hay un andador con el que se ayuda cuando tiene que salir del garaje.

"Pago 60 euros al mes" , explica. Y cuenta que vivía en un piso compartido, pero que prefiere estar solo. También rechaza permanecer en el albergue municipal por el mismo motivo: "No quiero estar encerrado en un cuarto con otras tres personas". No tiene agua corriente ni hay baño, con lo que todas sus necesidades las hace fuera. "¿Para qué necesito más? Si necesito asearme voy a una iglesia cerca de la plaza del Pilar, donde me proporcionan un aseo y me puedo duchar. O pago 30 céntimos por un baño público". Frecuenta los supermercados de la zona para comprar comida con la que hacerse bocadillos, aunque también cocina en el trastero.

El hombre sostiene que los Servicios Sociales hay ido a verle, pero que no le han resuelto su situación. "Me aseguraron que en estos momentos no hay adonde ir". Así, continúa en un lugar sin las mínimas condiciones higiénicas y sin permisos de habitabilidad.

Pérez Magaña admite que obviamente tienen una "sensibilidad social". "Todos somos personas, no me gusta verlo así; a nadie le gusta", admite. Aun así, desde la comunidad de propietarios han tenido que tomar medidas para limitar el coste que supone el hecho de que haya gente viviendo ahí de forma permanente. Por ejemplo, han sustituido todas las bombillas por otras de bajo consumo para limitar el gasto eléctrico. También el agua se ha tenido que limitar.

Su situación recuerda a la de los temporeros que viven hacinados durante la temporada de la recogida de fruta. Aunque en su caso, en pleno centro de Zaragoza. "Sí, aquí estoy bien. No puedo pagar el alquiler de un piso. ¿Adónde voy a ir", zanja Nicolás.

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