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Aragón

Una alacena del siglo XXI que apuesta por las delicias de cercanía

Elena Bernad y Roberto Rasal son los propietarios de Chez Marzola, una tienda oscense dedicada a venta de productos artesanos y locales.

En la imagen, Roberto Rasal y Elena Bernad en la tienda de Chez Marzola, en el Coso de Huesca.
En la imagen, Roberto Rasal y Elena Bernad en la tienda de Chez Marzola, en el Coso de Huesca.
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Hace cuatro años, en un trayecto en coche por una carretera de Huesca, Elena Bernad paró a una mujer belga que hacía autostop. Durante el tiempo que estuvieron juntas, la joven le preguntó a Elena por los platos típicos de la provincia altoaragonesa y a ella solo se le ocurrió nombrar el ternasco.

Tiempo después, Elena y su marido, Roberto Rasal, son los propietarios de Chez Marzola (www.chezmarzola.com), una alacena ubicada en el Coso oscense, que acaba de celebrar su primer aniversario y en la que se venden productos de agroalimentación de cercanía, elaborados por artesanos de la zona, sobre todo de la provincia.

"Este recorrido en coche, corto pero intenso, me provocó mucha curiosidad, hasta el punto de que empecé a preguntarle a mi familia y amigos qué productos consideraban ellos que serían representativos del sector agroalimentario de nuestra provincia. Esta información, unida al hecho de que yo cada vez estaba más interesada por el mundo de la alimentación sana, de calidad y respetuosa medioambientalmente, nos hizo plantearnos la posibilidad de poner en marcha este negocio", indica.

Durante varios años, Roberto y ella estuvieron dándole vueltas a la cabeza y un día la casualidad hizo que se enteraran de que estaba en alquiler el local de una vieja librería, cuyos orígenes se remontaban a 1863 y que acababa de cerrar sus puertas después de 150 años de comercio ininterrumpido.

"Y nos decidimos. El local daba mucho juego y nos pareció el mejor sitio para arrancar un proyecto con el que queríamos apostar por los pequeños productores. Queremos dar la importancia que se merece a los alimentos de cercanía, naturales o ecológicos. Cuando compras uno de los productos de nuestra tienda intervienes en la vertebración del propio territorio y la conservación de nuestra biodiversidad, entendiendo que hay pueblos muy pequeños en nuestra provincia donde hay personas que han apostado por quedarse, recuperando oficios de matacía, conservas tradicionales...", matiza Elena

Y con ello evitan el abandono de lugares donde, si no solo habría personas mayores que se quedan solas, sin servicios básicos como el médico o la farmacia. «Hay que volver a entender que el campo tiene su ritmo, que debemos consumir frutas y verduras de temporada y de variedades locales que están desapareciendo o apostar por la carne de crianza en extensivo, porque todo ello contribuye al equilibrio natural de nuestro entorno», apunta.

Cestas semanales

A lo largo de este año, el proyecto se ha ido consolidando y en sus estanterías se puede llenar la cesta de la compra de las mejores verduras y frutas ecológicas, panes, leche, patés, mermeladas, queso, carne o vino de calidad. "Nuestro sueño en este año 2019 es conseguir que los clientes se decidan a consumir semanalmente nuestra cesta de productos frescos, desde pollo de corral, a patatas de la huerta más cercana. Queremos convertirnos en un pequeño mercado de proximidad", matiza la empresaria.

Pero este proyecto es mucho más que un escaparate abierto al público. Poco a poco, se ha convertido en un espacio gastro-lúdico abierto a catas, degustaciones y tallleres centrados en productos de lo más diversos. "Queremos estar al servicio de la gente, pensando en su alimentación. Los compradores no vienen aquí a llenar la cesta de la compra. Se acercan porque saben que van a encontrar productos de calidad, de agricultores, ganaderos o artesanos que no utilizan la vía corta para vender sus productos, sino que respetan el ciclo natural. Queremos apostar por el trabajo diario de esa gente y, además de vender sus productos, organizamos estas catas o degustaciones para que la gente pueda conocer el producto mucho mejor antes de adquirirlo", señala.

Un mundo más amable

Ella asegura que el negocio les ha dado muchísimas satisfacciones, sobre todo a nivel personal. "Veníamos de un sector laboral muy competitivo, el los siniestros de vehículos, donde seguimos involucrados, y el hecho de que la gente te dé las gracias por algo no es muy habitual. Me hace muy feliz que un nieto venga a buscar a nuestra tienda un saco de judía Caparrona de Monzón para regalárselas a su abuelo, que lleva tiempo diciéndole que se ha enterado que han recuperado esa variedad, que ya sembraba su padre y que era la mejor. Por eso, disfruto tanto con este trabajo que me permite aportar mi granito de arena para lograr un mundo más amable y más respetuoso con los demás y con el planeta que nos rodea", afirma.

Y una prueba de ello es el medio de transporte que han elegido para hacer sus repartos, un triciclo de madera, elaborado a mano, con el que reparten sus pedidos por Huesca. Un triciclo con el que estas navidades han repartido decenas de cestas y lotes de productos alimenticios que se han convertido en uno de los regalos más demandados estas fiestas en el Coso oscense.

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