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Aragón

La tarea pendiente en Sijena

Hay mucho trabajo que hacer todavía para recuperar, restaurar y difundir el tesoro del monasterio de Sijena.

Visitantes contemplando las obras retornadas a Sijena.
Visitantes contemplando las obras retornadas a Sijena.
Patricia Puértolas

El regreso a Sijena, hace ahora doce meses, de las 44 piezas retenidas en el Museo de Lérida fue un triunfo de la tenacidad aragonesa y de la fe en el derecho. Pero hay que ser conscientes de que queda mucho trabajo por hacer para que Aragón recupere el esplendor del histórico monasterio y de su tesoro patrimonial. Y para que se exhiba y difunda con la dignidad y la amplitud que merece un lugar emblemático para la historia de nuestra Comunidad.

Fue necesaria la intervención de la Justicia y la protección de la Guardia Civil, pero el 11 de diciembre de 2017, la perseverancia de los aragoneses consiguió que regresasen a Sijena, casi medio siglo después de su salida irregular, un conjunto de bienes retenidos en museos de Lérida y Barcelona. Transcurrido un año, los visitantes que se han acercado a la exposición y al monasterio prueban el interés que suscita un monumento tan emblemático para la historia de Aragón. Un poder de atracción que ahora habrá que consolidar y reforzar. Es fundamental proceder a la restauración de todas las piezas recuperadas, pero también, completar el plan director del edificio y llevarlo a cabo, para restaurar el esplendor del conjunto monástico. Y, en coherencia con su importancia, habrá que facilitar las visitas a todo el edificio, con horarios más amplios, mediante acuerdos con la orden religiosa residente y con la propietaria. Además de su valor cultural, Sijena tiene también un innegable potencial turístico para la comarca de Monegros; y para desarrollarlo es necesario cuidar una multitud de detalles, desde la señalización en las carreteras hasta la promoción. Y, al mismo tiempo que se trabaja en todo ello, Aragón tendrá que seguir batallando, aferrado al derecho, para recuperar las muchas obras del tesoro de Sijena -unas 150- que continúan dispersas, buena parte de ellas en Cataluña. Una tarea trascendente, en favor de nuestro patrimonio histórico, en la que las instituciones no pueden flaquear.

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