Aragón

Ana Betegón: "En las mesas de paz se demuestra que el talante femenino consigue más que el de los hombres"

Esta teniente coronel zaragozana, que dirige la Unidad Médica Aérea en Torrejón de Ardoz (Madrid), defiende que "la discriminación no debe ser ni positiva ni negativa hacia la mujeres. Tiene que llegar a general el mejor".

La teniente coronel Ana Betegón, al frente de la Unidad Médica Aérea de Apoyo al Despliegue (UMAAD)
Enrique Cidoncha

Acaba de recibir, de manos de la ministra de Defensa, Margarita Robles, uno de los premios a la trayectoria profesional que conceden la Organización Médica Colegial y el Consejo General de Colegios Médicos. "Es un premio muy importante para mí porque por primera vez se otorga a un médico militar", reconoce la teniente coronel Ana Betegón (Zaragoza, 1962), jefa de la Unidad Médica Aérea de Apoyo al Despliegue (UMAAD). Licenciada en Medicina en Zaragoza, estudió para ser forense y cuando el Ejército abrió la puerta a las mujeres en 1988 vio que era su oportunidad y entró en 1990 como médico militar en los cuerpos comunes. Durante su dilatada carrera pasó por la Academia General Militar de Zaragoza, la Armada en Marín, la Escuela Militar de Sanidad en Madrid, el centro de buceo de Cartagena (Murcia) y la escuela del Ejército del Aire en San Javier.

Como médico, salió de las academias como teniente. ¿Cómo empezó su carrera?

Conseguí el número 15 y el destino más cercano de casa, de Zaragoza, era la Brigada Acorazada el Goloso, en Madrid, al frente de la compañía de sanidad del grupo 12. Y ya fue una ruptura porque nos dijeron que los médicos no tendríamos mando en plaza. Era la segunda mujer que mandaba una compañía, antes estuvo una veterinaria, y la primera que llegaba al Goloso rompiendo moldes y la vida cotidiana de una unidad que tenía 2.000 personas. Luego llegaron dos alféreces enfermeras.

La mujer en el Ejército alcanza un 12,7% y la ministra quiere ampliar la presencia femenina. ¿Hasta dónde cree que debería llegar para equipararse?

La entrada de la mujer en el Ejército fue para Cuerpos Comunes (médicos, farmacéuticos, veterinarios, jurídicos, interventores o ingenieros técnicos), pero no en Armas. Ahora ha cambiado mucho. En el Cuerpo de Sanidad entran más mujeres que hombres y ya somos un 20%. Pero es difícil que eso ocurra en lo que llamamos Cuerpo General en Tierra, Aire o Armada, porque requiere unas características físicas determinadas que no cumplen las mujeres y allí no aumentará ese porcentaje.

Tiene una hija que ha seguido sus pasos en el Ejército, pero en Infantería, y es teniente de Regulares.

Mi marido es coronel veterinario y hemos transmitido a nuestras dos hijas que el Ejército tiene una vida apasionante, a pesar de sus complicaciones como todos los trabajos. Mi hija ha salido infante del Cuerpo General en el Ejército de Tierra, en Infantería, que es lo más difícil para una mujer. Ella nos llama ‘aspirinos’ y nosotros a ella, ‘pisahormigas’.

En Afganistán estuvo al frente del hospital Role...

En las misiones se demuestra que el talante femenino en una mesa de paz consigue más que el de los hombres, que es más impetuoso. En Afganistán, una operación de mantenimiento de la paz, hay mucho contacto con la población civil y para eso las mujeres tenemos una sensibilidad especial. Pero en todos los lugares de las misiones como Bosnia, Iraq o Kosovo, los militares hombres y mujeres españoles han respondido muy bien, y el trabajo es el mismo.

Una compañera será la primera general. ¿Y usted?

Llegar a ser general es mi ambición. Cuando se consigue, intentas solucionar problemas, pero no es sencillo solventarlos. Las grandes cuestiones no se resolverán con la llegada de la primera mujer a general. Mi compañera, la coronel Patricia Ortega, va a hacer el curso de general y espero que llegue. La discriminación no debe ser positiva ni negativa hacia las mujeres. Tiene que llegar a general el mejor.

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