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Aragón

Ganaderos y guardianes de los ecosistemas de montaña

Los municipios del Pirineo reclaman una renta básica por explotación para garantizar la supervivencia de la ganadería extensiva y como compensación a los servicios prestados.

Albert de Moner en los pastos del valle de Castanesa.
Albert de Moner en los pastos del valle de Castanesa.
Heraldo

Formamos parte de la naturaleza, somos un engranaje más. El día que no estemos se romperá ese equilibrio y tendrá consecuencias, como los grandes incendios, porque cuando se retira el ganado, avanza el bosque». Albert de Moner es uno de los supervivientes de la crisis sufrida en las dos últimas décadas por el sector de la ganadería extensiva del Pirineo. Con esas palabras resume el papel desempeñado por los rebaños de ovino y vacuno en el mantenimiento de los ecosistemas de montaña. La viabilidad de su explotación de 70 reses no afecta solo a su economía doméstica sino al futuro del medio rural y al del paisaje de los valles pirenaicos.

Con este argumento, la última asamblea general de la Asociación de Entidades Locales del Pirineo Aragonés (Adelpa) propuso una lista de actuaciones para conseguir que el sector remonte la crisis porque la ganadería extensiva «es el único modelo» capaz de luchar contra la despoblación, mantener el paisaje, la cultura y la biodiversidad, ser base de la producción de alimentos naturales, prevenir los grandes incendios y liberar CO2 a la atmósfera. «Y todo ello a un coste muy bajo para la sociedad», plantea el acuerdo alcanzado.

Adelpa ha concretado este coste. Propone, para hacer rentables las explotaciones, que se garantice a los ganaderos de montaña una renta anual de unos 40.000 euros. La herramienta sería el Contrato Territorial de la Explotación (CTE), un marco por el cual los titulares asumen un compromiso para desarrollar un modelo de actividad agraria y las administraciones lo «compensan, incentivan y retribuyen» como un reconocimiento social a los servicios públicos prestados.

Marcel Iglesias, representante de Adelpa y alcalde de Bonansa, está firmemente convencido de que los ganaderos tienen una función ambiental que debe retribuirse. «Mantienen los pastos de alta montaña, los de siega, reducen la masa vegetal en los bosques e incluso en los perímetros de los pueblos. Buenas prácticas a las que no podemos renunciar, por el bien de todos», afirma.

«Llevamos miles de años modelando el paisaje», comenta Albert de Moner, ganadero del mismo municipio. Le gusta su trabajo y la vida en el pueblo, «pero el problema es la rentabilidad de las explotaciones», dice, al tiempo que reivindica el papel de sus reses en la conservación de los pastos. «Gracias a nosotros sobreviven muchas especies animales y vegetales». Algo que parece no reconocer la administración cuando castiga a las zonas de montaña con normativas que no respetan su singularidad, sus limitaciones geográficas o sus condiciones climáticas. «Las mismas leyes para los Monegros que para el Pirineo», lamenta.

«El bosque se come los pastos de montaña, y eso no se tiene en cuenta. En 10 o 15 años habrá una debacle. Yo tengo 53 años, soy de la generación del ‘baby boom’ y me he quedado aquí, pero ahora la dinámica de los jóvenes es otra». Y añade: «Mis vacas pastan donde no se limpia el monte porque no pueden entrar las máquinas, en pastos de siega y en zonas de alta montaña, evitando que la maleza y los árboles se lo coman todo».

No es una opinión sino una constatación científica. Lo corrobora el profesor titular de Producción Vegetal de la Escuela Politécnica Superior del campus universitario de Huesca y especialista en pastos Ramón Reiné, quien habla de la importancia ecológica de la actividad y de la necesidad de «mimar» a los ganaderos. «La mayoría de los pastos de puerto están incluidos en la Red Natura 2000, y dependen de que suba el ganado a pastar», asegura, mostrándose muy crítico con el Gobierno de Aragón por no haber trabajado en estas zonas de especial protección de la biodiversidad en la Unión Europea cuando es una competencia autonómica.

La lista de beneficios citada por Reiné es larga: además de preservar esos ecosistemas animales y vegetales y de ser una herramienta en la prevención de incendios al disminuir la masa de vegetación combustible, los pastos resultan fundamentales en la regulación del ciclo hidrológico (prevención de inundaciones, disminución de escorrentías...), el secuestro de carbono en los suelos, la conservación de paisajes, la estabilización y fertilidad del suelo, previniendo la erosión, o la purificación del agua.

Hasta en las pistas de esquí

Incluso las estaciones de esquí, aclara este experto, están ubicadas en zonas de pastos de puerto, por lo que el pastoreo en estas superficies es fundamental para facilitar la revegetación de las zonas erosionadas, reducir el impacto de las instalaciones sobre la biodiversidad o evitar la existencia de una elevada biomasa que adelanta la fusión de la nieve y facilita la formación de aludes.

Sin embargo, debido a la escasa presión ganadera, un 45% de los pastos no son utilizados y se están embasteciendo. «Hay un problema claro de degradación. La hierba, si no se consume, evoluciona a matorral en muchas zonas», recuerda Reiné, que es director de la revista científica nacional ‘Pastos’. En su opinión, es necesaria una ordenación que debe venir de la mano de la administración como responsable de monte público. «Hay que ordenar el manejo de esas comunidades vegetales. En otras autonomías sí se ha empezado con los planes de gestión de la Red Natural 2000, pero no en Aragón, donde no se ha hecho absolutamente nada». Y advierte: «Apoyando el sector ganadero se apoya la conservación de los pastos. Si no hay rebaños que se los coman, el recurso se pierde y se puede perder para siempre».

Casi 90.000 hectáreas de pastos en los puertos del Pirineo

Un estudio cartográfico sobre los pastos españoles calculó en 86.490 hectáreas las grandes superficie existentes en los puertos del Pirineo, la mayor parte de propiedad comunal, mientras que los prados de siega situados en los pueblos del fondo de valle, parcelas particulares, ascendían a 9.609 ha. Una amplia extensión donde cada vez hay menos reses. El ovino ha visto cómo se reducían en un 60% el número de explotaciones en dos décadas en la provincia de Huesca.

Estos datos, extraídos de diversos informes, se citan en un artículo sobre los pastos del Pirineo aragonés firmado por Ramón Reiné en la revista 'Lucas Mallada', la publicación científica del Instituto de Estudios Altoaragoneses. El profesor de la Escuela Politécnica Superior de Huesca destaca en él que de las 13 formaciones vegetales de carácter herbáceo reconocidas en España por la Directiva Europea Hábitat, cuatro están presentes en los pastos de puerto de la provincia. También menciona como un científico de referencia en este tema al famoso botánico Pedro Montserrat, ya fallecido, quien abogó por la conveniencia de la conservación del paisaje de prados y pastos en mosaico, biodiverso y heredado de la acción humana.

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