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Aragón

Rayos cósmicos para el suelo

La Estación Experimental de Aula Dei EEAD-CSIC es pionera en el uso de un sensor portátil de neutrones para medir la humedad y estimar las necesidades hídricas.

En la imagen, un doctorando mide la humedad del suelo con este dispositivo CRNS portátil.
En la imagen, un doctorando mide la humedad del suelo con este dispositivo CRNS portátil.
Aula Dei

La falta de agua es uno de los grandes problemas a los que se enfrentan miles de agricultores a lo largo y ancho del planeta. Por eso, conocer la humedad del suelo y su comportamiento en función de sus características y las condiciones climáticas ayuda a poder predecir cómo se comportarán determinados tipos de suelos en condiciones de sequía, lo que contribuiría a mejorar la capacidad de alertas tempranas para que agricultores y usuarios del suelo puedan implementar planes de manejo de sus cultivos y de gestión del agua.

Y en esto consiste el proyecto de investigación y cooperación CRP-D1.50.17 de la división conjunta FAO-IAEA (ONU), en el que participan 11 países de todo el mundo y en el que España está presente gracias al proyecto liderado por las doctoras Leticia Gaspar y Ana Navas, del grupo Erosión y Evaluación de Suelo y Agua (EESA) de la Estación Experimental de Aula Dei del CSIC. «Su finalidad es usar técnicas nucleares para una mejor comprensión del impacto del cambio climático en la erosión del suelo en los ecosistemas agrícolas», matiza Gaspar.

Y lo hacen con el dispositivo CRNS portátil, un sensor de neutrones de rayos cósmicos portátil para medir la humedad del suelo en agrosistemas y así poder evaluar cómo el contenido de agua afecta a los procesos de degradación del suelo por erosión hídrica, por ejemplo (lluvias torrenciales) y a la pérdida de suelo. Se encuentra dentro de una caja metálica que puede ser transportado a modo de mochila (20 kilos de peso) o instalado en un dispositivo móvil como un coche, pudiendo ser transportado hasta cualquier punto de interés, incluso aquellos de difícil acceso.

«Su manejo es sencillo, cuenta con un localizador GPS y una vez que se activa el detector de neutrones hay que obtener información en el punto donde se realiza la medida durante aproximadamente 20 minutos. El procesado de la información se hace a posteriori en el laboratorio teniendo en cuenta las propiedades del suelo que han sido analizadas previamente. A modo de ejemplo: si el suelo está muy húmedo después de un episodio de lluvia el recuento de neutrones será mayor que cuando hacemos una lectura en ese mismo punto en otro momento en el que el suelo esté más seco», matiza Gaspar.

Trabajo de campo

En los últimos seis meses se han llevado a cabo 20 campañas de campo en diversas localizaciones de Aragón sobre diferentes tipos de suelos. Información que se está procesando en colaboración con el profesor Trenton Franz, de la Universidad de Nebraska y el laboratorio de Suelos de FAO-IAEA.

También se han comparado áreas de suelos erosionados con otras bien conservadas con cubierta arbórea. «El objetivo es registrar la variación de la humedad en el suelo y analizar sus cambios estacionales. Estos datos procedentes de la radiación cósmica junto con la exhaustiva caracterización de los suelos de la que dispone nuestro grupo de investigación permitirá la calibración de estos sensores para latitudes similares y para suelos comparables», apunta Ana Navas, quien recuerda que los resultados se presentarán en los próximos meses en la tercera reunión del proyecto CRP-D1.50.17, que tendrá lugar en Viena, así como su difusión en congresos internacionales y artículos científicos de investigación.

Riego más eficiente

Según los investigadores, conocer la humedad del suelo y su comportamiento en función de los tipos de suelo ayudará a «poder crear sistemas de riego más eficientes permitiendo a los agricultores gestionar mejor los recursos hídricos pudiendo cultivar más alimentos con menos agua. Además de ayudar a comprender cómo el contenido de agua afecta a los procesos de escorrentía, movilización y pérdida del suelo, ya que el suelo es el soporte físico vital de los ecosistemas terrestres así como para la producción de alimentos y mantener la biodiversidad».

Por último, también servirá para mejorar las capacidades para la modelización climática y la predicción meteorológica.

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