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Aragón

Alejandra Grepi: "Con mis 56 años vuelvo a buscar mi sitio en la vida"

La actriz y azafata del 'Un, dos, tres...' presentó en Zaragoza su libro 'Un paseo por la infancia y la adolescencia' en el que narra su experiencia como madre de un chico con síndrome de Tourette.

Alejandra Grepi presentó este viernes su libro en Zaragoza.
Alejandra Grepi presentó este viernes su libro en Zaragoza.
Guillermo Mestre

Azafata de ‘Un, dos, tres...’, actriz, concursante de ‘La isla de los famosos’, ahora escritora. ¿Con qué papel se queda?

Sobre todo madre y ‘coach’ para terapias con familias, que es lo que estoy haciendo ahora y a donde me han llevado la vida y la maternidad. Cuando con 7 años a mi hijo le diagnosticaron síndrome de Tourette lo dejé todo por él. Hace dos años me di cuenta de que tenía que reinventarme en mi profesión y comencé a prepararme como terapeuta.

¿En qué momento empieza la historia de su libro ‘Un paseo por la infancia y la adolescencia’?

No sabía cómo hacerlo, yo no soy escritora. Decidí remontarme al día en que me enteré de que estaba embarazada, el más feliz. Mi hijo siempre había sido un trasto, era muy movido. A los 6 o 7 años empezó a tener tics en los ojos y no era un problema de visión. Un neurólogo me dijo que tenía el síndrome de Tourette, una distorsión de los neurotransmisores y no una enfermedad mental. Nunca había oído hablar de él.

¿Fue un duro golpe?

Me tranquilizó, porque vi que no estaba loca y que a mi hijo le pasaba algo de verdad. Son niños molestos, aparentemente maleducados y desafiantes. Lo que se llama coprolalia les lleva a decir palabras malsonantes. Te sientes muy incomprendida ante el desconocimiento que existe.

Lo dejó todo por él.

Ocurrió así. Nunca he hecho planes, he improvisado siempre mucho y he vivido para mi hijo. En cuanto se lo diagnosticaron me apunté a la Asociación Ampastta de Madrid. Vi a adultos con depresiones y falta de autoestima, provocadas en muchos casos por la no aceptación de los padres y el ‘bullying’. Decidí que mi hijo no podía caer en eso. Me inventé una forma de estudiar para él. Las tablas de multiplicar las aprendimos jugando con un globo por toda la casa, en la asignatura que peor se le daba descansábamos haciendo tortitas de nata y estudiaba siempre en movimiento y en voz alta. Luego he visto que son técnicas que se utilizan.

Su hijo lleva una vida normal.

Quiere ser bombero. Sigue teniendo sus tics, porque el síndrome de Tourette no se cura, tienen que aprender a vivir con él tanto ellos como su entorno. Está estudiando para técnico de actividades deportivas porque hasta los 21 años no se puede presentar a bombero. Él tenía un nivel leve de tourette, pero hay otros totalmente incapacitantes.

¿Ha leído él el libro?

No he entregado ningún capítulo sin que le diera el visto bueno. Me animaba a contar más cosas.

¿Cómo están reaccionando otras familias en la misma situación?

Recibo cartas de padres a los que les han diagnosticado un tourette a sus hijos con 14 años y la mitad de su vida se les ha medicado. Me gusta ser la voz de esas personas que no han sido tan afortunadas como yo.

¿Habrá una segunda parte?

El editor de Sar Alejandría, Javier Más, me animó a escribir este y quiere que continúe la historia.

¿Y llevarla a los escenarios?

Hay gente que me lo propone, sobre todo como un monólogo con un toque de comedia, que lo puede tener. Voy a dejar que termine este año y a ver qué camino sigo. Con mis 56 años vuelvo a buscar un sitio en la vida y estoy encantada con las expectativas.

Alejandra Grepi: Con mis 56 años vuelvo a buscar mi sitio en la vida

Tantos años después del ‘Un, dos, tres...’ y todavía se le recuerda como una de sus azafatas.

Tenía 17 años cuando empecé y le tengo un gran cariño a ese programa. ¡Aún hay un club de fans! Hace tres años hicieron una quedada en Madrid y nos invitaron.

Su relación con Aragón es algo especial.

Tengo amigas en Zaragoza y a mi prima Laura. Además, la asociación Aragón Tourette está en la presentación de mi libro. Mi madre era de Guadalajara, pero muy devota de la Virgen del Pilar. Tenía una muy pequeña y siempre entraba con ella al quirófano. Ahora que ya no está conmigo, no me voy sin visitar la basílica.

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