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Aragón

Subastas procedentes de embargos: desde un piso en Fernando el Católico... hasta una cachimba o un reloj de 5.000 euros

Los expertos aconsejan andarse con ojo y estudiar bien las propiedades antes de pujar por un chollo que quizá no lo sea tanto.

A. M. B. Actualizada 08/11/2018 a las 09:50
Uno de los lotes más jugosos en Aragón es un piso de 102 metros cuadrados en Fernando el Católico.

Comprar una vivienda en una ubicación atractiva, generosa en lo que a metros cuadrados se refiere y con un precio de salida por debajo de lo que dicta el mercado es la aspiración de no pocos aragoneses. Incluso de quienes buscan más una ganga con la que sacar un rédito fácil que un hogar en el que hacer vida. Lo mismo ocurre con otros bienes de menor tamaño o coste, como vehículos utilitarios, joyas o herramientas de trabajo que ya han pasado por las manos de otro profesional: si bien el grueso de los mortales prefiere estrenar, nadie le dice que no a una ganga.

Por eso las subastas son un terreno abonado para las personas que buscan un beneficio rápido. Sobre todo desde hace dos años, cuando por ley se puede cazar a través de la web cualquier bien requisado por un juez. Aunque han existido siempre, la crisis multiplicó los embargos y las pujas por todo tipo de productos. La Seguridad Social es uno de los principales acreedores y su sistema de subastas es uno de los que aglutina más objetos e inmuebles en distintos lotes en España. Esta misma semana concluye el plazo para presentar ofertas por dos inmuebles zaragozanos: una casa con corral en La Almunia de Doña Godina y un piso en Maella. Eso sí, los pujadores tienen que andarse con ojo, ya que la primera tiene una carga que supera los 79.000 euros y de la segunda solo se puede adquirir un porcentaje.

Antes de presentar una oferta conviene andarse con ojo. "Cuando una persona se lanza a por una propiedad de este tipo, se podría decir que lo hace a ciegas. No acude a ver el piso una o dos veces como en una compraventa al uso y, si no es cauteloso, puede llevarse una sorpresa", explica Eduardo Rivera, agente de la inmobiliaria zaragozana Comprar Casa. "Algunos inversores presumen de adivinar muchos aspectos del estado de una casa por la forma en que se ve su exterior. Pero esta táctica no siempre funciona. Por norma general, cuando compras una casa en una subasta, no sabes qué te vas a encontrar de verdad hasta semanas e, incluso, meses después de haber pagado la totalidad".

"A diferencia de la compraventa tradicional, en la que las viviendas se traspasan libres de cargas, y ante notario, esto no ocurre en el sistema de subastas. En este caso se facilitan algunos documentos interesantes, como el certificado de cargas y el edicto de la subasta, que conviene revisar. El comprador interesado debería intentar averiguar todo lo que pueda sobre la casa en cuestión, aunque ello suponga dedicarle mucho tiempo”, recuerda el experto, quien cifra entre un 15% y un 30% la rebaja real sobre el valor mercado que puede llegar a conseguirse.

Propiedades troceadas

Dentro de las subastas abiertas en la Comunidad, uno de los lotes a priori más golosos es un piso de 102 metros cuadrados en el paseo de Fernando el Católico de Zaragoza. No tiene cargas, según la ficha facilitada por la Seguridad Social, y el importe de tasación asciende a 77.000 euros. Pero, ¡ojo! Ganar la subasta sólo da derecho a un 33% de la propiedad. “En muchos casos lo que sale a subasta es una propiedad compartida por un matrimonio con separación de bienes o procedente de una herencia. Cuando uno de los propietarios es embargado y su parte la adquiere un tercero, éste deberá negociar con los propietarios restantes para hacerse con las otras partes o pedir una división de cosa común para dividir la finca o ponerla a la venta y repartir el beneficio de forma proporcional”, apunta la procuradora zaragozana Begoña Uriarte.

Chollos y quincalla

El microcosmos de las subastas se podría definir como una suerte de gran bazar. Buceando por el catálogo aragonés en las webs de las distintas instituciones (diputaciones provinciales, Agencia Tributaria, ayuntamientos…) es posible toparse con botellas de licores embargadas en la localidad oscense de Esquedas por valor de 3.229 euros, un reloj de muñeca Franck Muller de casi 5.000 euros o coches Mercedes, Renault, Audi, Ford, Honda Hyundai y Alfa Romeo. Incluso una moto MTR Volcano sin cargas (ni llaves ni documentación, todo hay que decirlo) tasada en apenas 310 euros.

También es común encontrarse  con joyas y bisutería con precios de salida que rara vez alcanzan las tres cifras junto a mesas y sillas que una vez amueblaron un restaurante. En los listados son habituales los televisores, cafeteras, planchas, cubiertos y botelleros. Quizá el objeto más peculiar y barato de cuantos se subastan de aquí a final de año en Aragón sea una cachimba procedente de un local zaragozano. Está ‘chupada’ de conseguir: la tasación determinada por el juzgado, diez euros, podrás afrontarla con lo que lleves en el bolsillo.

Largos procesos

Que la situación económica haya experimentado una mejoría en los últimos años y la tasa de paro se encoja mes a mes no significa que vayan a dejar de aparecer pisos y otros bienes en las subastas. La procuradora Begoña Uriarte recuerda que “entre el embargo y la subasta pasa un tiempo más que considerable porque la administración de Justicia lleva sus plazos. Mínimo se puede hablar de seis meses, pero he llegado a ver algún caso en que el proceso se dilataba diez años”.





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