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Fórnoles, el pueblo en el que Braulio Foz pensó a Pedro Saputo

El célebre escritor aragonés nació en este pueblo olivarero del Matarraña en 1791, y sus paisanos guardan hondo recuerdo de su figura, así como de la del médico Andrés Piquer.

Estatua arbórea dedicada a los fornolinos en la cima del Monte Santo.
Estatua arbórea dedicada a los fornolinos en la cima del Monte Santo.
Laura Uranga

La creciente popularidad del Matarraña tiene un buen puñado de razones de peso en cada uno de sus rincones. En Fórnoles, municipio limítrofe con el Bajo Aragón, los argumentos son sobre todo tres: la tradición aceitera, nombres de peso en las letras y la ciencia y un casco urbano pinturero, marca de la tierra, con la renovada parroquia de Santa María la Mayor y su torre de inmensas proporciones. La balsa de la entrada y el contiguo Monte Santo configuran un portal de acceso al pueblo que invita a la exploración; en los últimos 16 años, la persona que más sabe de cada rincón del municipio es sin duda Milagros Serrat, la alguacila. Se jubila a finales de este mes, pero en los días que le restan hasta el momento de disfrutar a tiempo completo de su casa y su condición de abuela no piensa en aflojar el ritmo. Aunque reconoce estar ya un poco cansada en cuanto a esfuerzo, le encanta su pueblo.

"Soy de aquí, he trabajado en el campo con las olivas y las almendras, tengo dos hijos de 39 y 36 años que se fueron a estudiar fuera y luego han vuelto con sus parejas, el chico aquí mismo en Fórnoles y la chica en La Portellada, a ocho kilómetros. Hoy viene mi hija para que le cuide a la nieta por la tarde mientras va a Alcañiz, que ya tengo ganicas. En el trabajo me quedan pocos días; ahora le tocará a otro".

El creador de Pedro Saputo

Fórnoles tiene dos hijos predilectos, Braulio Foz y Andrés Piquer. "De Andrés Piquer ya habrás oído hablar, fue médico de reyes, sus padres eran pobres pero le dieron estudios y luego se hizo médico en Valencia. Braulio Foz nació en la misma casa donde está su museo, y murió en Borja. Su libro es una maravilla, las historias con Pedro Saputo. Todo el mundo lo conoce y lo admira".

El museo de Braulio Foz comparte sus estancias con la figura de Piquer, y en el sótano hay un recuerdo con paneles de la tradición aceitera del pueblo. Además, un vecino del pueblo que reside en Barcelona pero pasa largas temporadas en Fórnoles ha diseñado un belén que también se exhibe en el museo: José Luis Catalá. El nombre de Braulio Foz también se asocia a la misma calle que desemboca en la iglesia.

Milagros también presume de cosas más mundanas a la hora de hablar de Fórnoles. "Parecerá menos importante, pero al no haber granjas de cerdos, este pueblo huele bien. En invierno estamos pocos, pero los fines de semana se llena bastante el pueblo, hay muchos con raíces de aquí viviendo cerca. En el pueblo teníamos una casa rural que ahora no está abierta, pero se mantiene un bar, Casa Nostra, que descansa los martes. El edificio del ayuntamiento también es muy bonito. Por aquí pasa el meridiano cero, ¿sabías? Tenemos una marca que lo recuerda. Y también es muy bonita la estatua del árbol con sus raíces, dedicada a los de Fórnoles en lo alto del Monte Santo".

Andrés Piquer, médico de Carlos III y Fernando VI

Andrés Piquer nació en la calle Rectoría de Förnoles en 1711 y murió en Madrid en 1772. Fue médico de corte en los reinados de Fernando VI y Carlos III, estudió latinidad y gramática en La Fresneda, y luego cursó Medicina, Ciencias Físicas y Filosofía. Fue catedrático en Anatomía, vicepresidente de la Academia de Medicina y sus obras fueron textos en las Facultades de Valencia y Salamanca. Escribió varias publicaciones y tiene una escultura ante la fachada de la antigua Facultad de Medicina de Zaragoza. Además de compartir espacio con Braulio Foz en el museo de la casa natal del escritor, Andrés Piquer fue benefactor indirecto del patrimonio de su pueblo, ya que antes de atender al rey Carlos III hizo lo propio con Fernando VI y a su esposa Bárbara de Braganza. El rey Fernando, en agradecimiento por su buena praxis, le ofreció una recompensa, pero Piquer le pidió que el regalo fuese para su pueblo; la torre más alta de la comarca y dos naves laterales para acompañar a la central de la iglesia.

Los imprescindibles

La balsa

Se hizo a la entrada del pueblo para recoger el agua de lluvia y abastecer a la población. Estas balsas estaban antaño en todos los pueblos, pero ésta es una de las pocas de la zona que sigue en buen estado y también en uso.

Romería a Monserrate

Se celebra en mayo. Se recuerda una primera ocasión en la que se acudió al santuario (actualmente necesitado de reformas urgentes) de manera espontánea desde varios pueblos tras una gran sequía, y llovió ese mismo día.

El aceite

Viene de muy antiguo el sello de calidad del aceite fornolino, reconocido desde siempre como uno de los más finos de la comarca e incluido en la denominación de origen del Bajo Aragón, que engloba varias comarcas.

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