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Bárcabo: museo etnológico entre el Sobrarbe y el Somontano

Nueve pueblos y pocos pobladores: ésa es la situación del municipio de Bárcabo, que integra a Almazorre, Bárcabo, Eripol, La Coloma, Santa María de la Nuez, Betorz, Hospitaled, Lecina y Suelves.

Mosén Cabrero, en el altar de la parroquia.
Mosén Cabrero, en el altar de la parroquia.
José Luis Pano

Unas sinuosas carreteras, tanto desde el Biello Sobrarbe como desde el sur a través del Somontano, conectan el municipio de Bárcabo con sus dos villas de referencia, Aínsa y Barbastro. Por ellas transita desde enero de 1999 –cada quince días, los fines de semana para oficiar misa, amén de asistir a algún funeral, bautizos, bodas o demás celebraciones religiosas– el párroco mosén José María Cabrero, toda una institución en la sierra de Guara. Es uno de los mejores conocedores de la realidad social de estas localidades; en el caso del municipio de Bárcabo conoce a todos sus 115 habitantes, casa por casa.

La radiografía que realiza mosén Cabrero es la típica de cualquier otra zona rural de ese Aragón periférico que lucha por subsistir, evitando el mal de la despoblación que les asoló a mediados del siglo XX. "La gente va disminuyendo y no quedan jóvenes. Los que se han quedado no encuentran pareja para poder vivir en la comarca", afirma.

A juicio de este párroco, el declive comenzó en los años 50 con el éxodo a las grandes ciudades como Zaragoza, Barcelona, País Vasco o incluso a Barbastro y pueblos de colonización de Los Monegros. "En las casas no había trabajo para todos los hijos", señala el veterano cura.

Frente a la despoblación, ha surgido en el siglo XXI el fenómeno de los neorrurales, al que no es ajeno Bárcabo; son vecinos de grandes ciudades o de otros países que buscan en este municipio la tranquilidad de los pueblos y la belleza de los parajes de Guara. El turismo rural juega una baza primordial para mantener con vida estos pueblos. La economía basada en el sector primario, en la agricultura y la ganadería, se ha visto reforzada por la proliferación de infraestructuras hosteleras como ‘campings’, casas o apartamentos de turismo rural, que se llenan en los meses de verano con barranquistas y amantes de la montaña. El resto del año, los cazadores y los buscadores de setas suelen también ocupar alojamiento en estos núcleos.

"Gracias a la agricultura, al turismo y a las visitas cada fin de semana de los hijos que han emigrado, estos pueblos se van manteniendo. En misa yo suelo tener a todo el pueblo, porque es una forma de encontrarse todos y hablar tras la celebración", cuenta.

Y es que la religiosidad popular en Bárcabo y en la sierra de Guara ejerce de argamasa para reforzar el tejido social de estos pueblos. Buena prueba de ello es que todos mantienen sus romerías a las ermitas, en especial la de la Virgen de la Nuez, el domingo de Pentecostes –a final de mayo o principios de junio– que reúne a todos los habitantes del municipio; allí también se celebra la vigilia del Sábado Santo y la bendición de ramos del Domingo. Otra romería destacada es la de San Martín en Lecina para agosto, junto al río Vero, que nace en esta población. En Bárcabo está la romería de la Virgen de la Sierra, el sábado más próximo al 25 de marzo, o la romería al tozal de Asbas.

Estas tradiciones religiosas se han mantenido intactas a lo largo de los siglos, al igual que el trazado urbano medieval de estos núcleos. Sus casas albergan auténticos tesoros etnológicos que nos hablan de cómo vivían las sociedades rurales desde tiempo inmemorial. Cabe subrayar que Bárcabo pertenece también al Parque Cultural del Río Vero y que en dos de sus localidades, Betorz y Lecina, se encuentran abrigos con pinturas de arte rupestre realizadas por los primeros pobladores de estas tierras; las más antiguas, de hace casi 30.000 años.

La alcaldesa Carmen Lueza destaca los atractivos que tiene el municipio por estar en el corazón del Parque Natural de Guara y Cultural del río Vero, declarado patrimonio de la Humanidad por la Unesco, aunque reconoce que la situación demográfica es delicada, con poca gente joven.

Mejora de las carreteras

Pese a ello, Carmen defiende su buena posición, a 40 kilómetros de Barbastro y 30 de Aínsa, que mejoraría si se llevaran a cabo las demandadas ampliaciones en estas sinuosas carreteras. "La carretera de Arcusa a Aínsa todavía está parada, y es una entrada del turismo francés importante; para nosotros vital, porque el instituto y el centro médico están en Aínsa. Es una obra necesaria", reivindica.

Asimismo, pide que se actúe con diligencia en el tramo que conecta con Naval a través de Suelves y Colungo. "Llevamos toda la vida reivindicándola. Ahora se va a hacer una pista de tierra desde Colungo a Suelves, que no tiene mucho sentido, mientras que la histórica vía de Naval, Suelves y Bárcabo todavía no tiene asfalto. La demandamos los habitantes de la zona y además tiene muchas posibilidades turísticamente", recuerda la alcaldesa, que espera una reunión con el consejero Soro para abordar esta importante intervención.

Los imprescindibles

La carrasca de Lecina

Erguida en una era se levanta la milenaria encina que da nombre a esta localidad. Sus dimensiones son monumentales: 16,5 m de altura y 1,75 m el diámetro de su base; un árbol sagrado donde se sellan acuerdos y matrimonios.

Murales de Almazorre

El pantocrátor de la iglesia de Almazorre alberga bellas pinturas románicas de entre las que destaca por su singularidad un caballero musulmán, testigo de las guerras en la reconquista que tuvieron lugar en estos lares.

Santa María de la Nuez

Los vecinos del municipio y de otras localidades cercanas participan el domingo de Pentecostés en la tradicional romería a la ermita que da nombre al pueblo. Se trata del acto social más importante de la redolada.

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