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Aragón

La Puebla de Castro: del pasado esplendoroso a un futuro halagüeño

Pinturas rupestres, restos romanos, fortalezas musulmanas y cristianas, edificios monumentales y un enorme legado artístico y paisajístico hacen de La Puebla de Castro todo un descubrimiento.

Vista aérea de La Puebla de Castro
Vista aérea de La Puebla de Castro
A.G

La Puebla de Castro extiende su caserío urbano sobre un altozano que domina el curso del río Ésera, nada más cruzar el espectacular Congosto de Olvena. Estamos en una tierra de paso entre los Somontanos, el llano y la montaña, un punto estratégico en el que los hombres han dejado su impronta desde tiempos inmemoriales.

Los pobladores neolíticos realizaron unas singulares pinturas en varios de los apriscos de los alrededores –son especialmente interesantes las de la cueva del Remosillo-, los romanos levantaron la urbe de Labitolosa de la que se conservan en la actualidad impactantes restos monumentales de sus termas y foro, los musulmanes fortificaron el recinto del alcázar del Cerro Calvario y la baronía de Castro construyó años después, unos cientos de metros al sur, el complejo defensivo del mismo nombre en torno a la iglesia románica de San Román.

Del recinto de Castro dependió una primera Puebla, edificada en el siglo XIII en torno a la actual capilla románico–gótica de Santa María, pero el impulso constructivo fundamental llegó a finales del XV y durante todo el XVI, cuando se levantan los principales elementos del actual caserío urbano con sus casonas renacentistas, entre las que destaca la mole de la iglesia parroquial de Santa Bárbara. Ya en los últimos años, el pueblo se extendió con dos urbanizaciones que se levantan junto al vecino embalse de Barasona y que, además de lugar vacacional para propietarios, se han convertido en residencia permanente de una población cosmopolita y en un activo centro de servicios hoteleros y deportivos.

El visitante se beneficia del grupo de informadores turísticos locales, colectivo voluntario y altruista cuya compañía es todo un lujo para quien recorre las calles y paisajes pueblenses. Con varios de ellos –Eva Altemir, Malús Burrel, Miryam Miguélez, Mariano Serena y Pedro Bardají– iniciamos un instructivo y apasionante paseo por la historia y la arquitectura local. "Había una subvención para este tipo de actividades y nos animamos a hacer un curso para desarrollar nuestra labor exclusivamente en La Puebla de Castro", comenta Eva, señalando que en la actualidad el grupo lo forman siete personas con quienes la conversación pasa fácilmente de la actual estructura socioeconómica, a las características arquitectónicas y artísticas de los principales edificios, la figura de Marco Clodio Flaco –gran benefactor de la urbe labitolosana– o a la de Bahlul Ibn Marzuq y su desaforado intento de crear un reino pirenaico con capitalidad por estos pagos allá por el año 800.

"Se ve en el casco antiguo del pueblo el resultado de la despoblación, motivada por el colapso de la economía de la agricultura de subsistencia, que nos ha dejado en la actualidad con muy pocos agricultores y ganaderos, pero en los últimos años estamos asistiendo a un notable empuje empresarial que está y alumbrando proyectos como el de la ampliación de la distribuidora COPYMA, que va a suponer una fuente de desarrollo", apunta Mariano. Lo corrobora otro Mariano, Ciutad, empresario cárnico que ha realizado una importante inversión en su fábrica de embutidos; considera que La Puebla tiene "posibilidades" por la actual diversificación económica y su flexibilidad "que nos permite adecuarnos a las actuales circunstancias del mercado laboral". No obstante, confiesa sentir "un poco de pena" al contemplar como el medio rural se está convirtiendo en "un parque temático para las vacaciones de la gente que vive en la ciudad".

La conversación deriva hacia el que las fuentes históricas consideran como ‘inexpugnable’ Qsar Muns –castillo de Muns o de Muñones-, llave que cerraba al norte la taifa de Zaragoza frente a las fuerzas cristianas. Los historiadores y arqueólogos José Ángel Asensio y María Ángeles Magallón lo identifican con los restos de la fortaleza hallada en el Cerro del Calvario, justo encima de Labitolosa, y Pedro apoya esa opinión; Mariano no la acaba de compartir y entiende que debió hallarse en el emplazamiento que luego fortificó Ferrán de Castro, hijo bastardo y favorito de Jaime I, a quien su padre encomendó la vigilancia de estos territorios.

"Tenemos un enorme legado patrimonial desconocido fuera del municipio, y es necesario difundirlo", tercia Malús, que también pondera las bondades climáticas de un pueblo que goza de "muchas horas de sol, un clima agradable y un entorno de lujo".

El espectacular retablo de San Román, joya del gótico que realizó Juan de Lovaina a finales del siglo XV para la vecina iglesia de Castro y que desde después de la guerra civil alberga la iglesia parroquial de Santa Bárbara, rivaliza en relevancia con una de las reliquias que se veneran en el templo, la del santo de Montilla San Francisco Solano que ha propiciado el reciente hermanamiento entre la ciudad cordobesa y esta localidad ribagorzana.

La iglesia de San Román de Castro, la brillante joya románica del patrimonio local

Coronando la cumbre que domina el desfiladero del Congosto de Obarra y con una posición estratégica sobre los valles del Ésera, Isábena y Cinca, la fortaleza de Castro ha tenido históricamente una destacada presencia en la historia local. Su topónimo hace referencia a una fortaleza que debía existir ya en época romana, vinculada a la cercana ciudad de Labitolosa. Las alteraciones de Ribagorza de finales del siglo XVI y la orden de Felipe II de desmochar las fortificaciones del territorio supusieron el punto de inflexión del castillo, que perdió desde entonces su importancia militar, aunque el solar contiguo siguió habitado hasta bien entrado el siglo XX.

Capítulo aparte merece la iglesia –ahora ermita– de San Román de Castro; un edificio fantástico por su excelencia en lo arquitectónico y por la calidad de los motivos ornamentales, entre los que destaca el coro con pinturas mudéjares. Se trata de una majestuosa iglesia de nave única cubierta con bóveda de cañón, reforzada por tres arcos fajones que arrancan de pilastras adosadas. En 1944 fue declarada Monumento Histórico-Artístico y, posteriormente, obtuvo la escarapela de Bien de Interés Cultural.

Labitolosa, una inmensa ciudad romana en pleno corazón de la Ribagorza

En las inmediaciones de La Puebla de Castro se encuentran los restos de la antigua ciudad romana de Labitolosa, urbe de notables dimensiones que empezó a poblarse en el segundo siglo antes de Cristo y que tuvo una vida relativamente corta, ya que no sobrevivió a la historia más de 300 años. Desapareció repentinamente a comienzos del siglo II de nuestra era, sin que todavía hoy se sepan muy bien las razones de su abandono y posterior olvido. Los equipos arqueológicos dirigidos por la doctora María Ángeles Magallón han sacado a la luz un impresionante conjunto urbano, que ha convertido a Labitolosa en uno de los complejos arqueológicos más importantes de Aragón. Entre sus monumentos destaca la Curia del foro, que se ha conservado de un modo extraordinario, y sus dos edificios termales, también en muy buen estado de conservación; con los de Bílbilis y Los Bañales, son los más relevantes de nuestra región. Los arqueólogos también han trabajado en el vecino recinto del cerro del Calvario, donde han aparecido los restos del castillo musulmán de Muñones.

Los imprescindibles

Arte de José Riba

La casa de este artesano es todo un museo que alberga muchas de las más de setenta tallas y espectaculares maquetas –en madera, de notable tamaño– de los principales monumentos ribagorzanos.

El lavadero de la huerta

Recuperado recientemente, es de ladrillo, madera y teja, cuya pila y cubierta es de una curiosa forma circular. A él acudirían las mujeres a hacer la colada ayudadas con burros para transportar la ropa desde ell caserío del pueblo.

Capilla de Santa María

Junto al actual cementerio y a las afueras del pueblo, debió ser el centro del primer poblamiento local en el siglo XIII. Es un pequeño templo gótico que ha sufrido varias reformas.

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