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Diez consejos para combatir el miedo a hablar en público

La estrategia debe pasar por identificar los miedos y los frenos, un objetivo para el cual es clave trabajar la inteligencia emocional.

Diez consejos para combatir el miedo a hablar en público
Diez consejos para combatir el miedo a hablar en público

La comunicación es una parte fundamental de nuestra relación con el entorno y un pilar muy importante en el desempeño de muchos trabajos, desde una conferencia médica hasta un examen oral de inglés. Sin embargo, hay a quien, fuera de la zona de confort, comunicarse en público le supone todo un reto e, incluso, puede generar una sensación de ansiedad que afecte a la credibilidad del mensaje y a la profesionalidad del orador. ¿Cómo combatir los nervios y aprender a controlar las emociones?

Identifica tus frenos. Tanto en el entorno laboral como en el personal, es positivo y beneficioso hacer un ejercicio de reflexión y análisis sobre los puntos fuertes y débiles de uno mismo. ¿Es uno de ellos hablar en público? ¿Puede afectar al desarrollo profesional? ¿Cuál es el miedo: quedarse en blanco, no ser comprendido, no resultar convincente, ser criticado? Piensa en cómo reaccionarías ante estas situaciones, así, en el caso de que tus miedos se hagan realidad, sabrás cómo continuar y retomar el hilo de tu discurso. Analiza tus conocimientos sobre la materia. Hablar sin saber convierte al emisor en un comunicador frágil. Reflexiona sobre lo que vas a hacer: ¿cuánto sabes de la materia? ¿cuánto tiempo tienes que dedicarle para tener una base sólida sobre la misma? Tener una base amplia sobre el tema que vas a tratar apagará posibles fuegos, como el miedo a no saber qué decir. Estudia a tu público. ¿Qué están buscando? ¿Qué puedes ofrecer? ¿Tienen el mismo nivel de conocimiento todos los presentes? ¿En la medida de lo posible, tu discurso debe adaptarse al nivel y expectativas del auditorio, de esta forma, ambas partes se sentirán cómodas durante la exposición. Busca un gancho para comenzar. Si consigues llamar la atención de los presentes desde el primer momento, la predisposición de los mismos a escuchar aumentará. Un buen comienzo es clave para mantener activo al auditorio. Comprueba qué dice tu cuerpo. No sólo importa lo que dices, sino cómo lo dices, cómo lo expresas y qué está haciendo el resto de cuerpo en ese momento. Decir que es importante tener confianza en uno mismo mientras tu cuerpo no deja de repetir patrones como balancearse de un lado a otro o jugar con los papeles no va a generar mucha credulidad en tus oyentes. Toma conciencia de tus recursos. ¿Puedes disponer de material audiovisual? ¿Puedes poner ejemplos prácticos? ¿Hacer algún experimento? ¿Dibujar? ¿Preparar una presentación? ¿Una mesa redonda? ¿Hacer partícipe a tu auditorio? Comprueba qué herramientas puedes utilizar y aprovecha aquellas que puedan captar la atención del público. Un discurso monótono y plano puede perjudicar tu exposición por muy interesante que sea y muy bien preparada que esté. Trabaja tu confianza y deslígate de la dependencia social. En última instancia, tu preocupación puede venir dada por una falta de confianza o una baja autoestima, por lo que es importante detectar estas posibilidades, trabajar la inteligencia emocional. Reflexiona sobre por qué estás haciendo lo que haces, qué quieres conseguir y si valoras positivamente tu trabajo. Valora las críticas constructivas pero deslígate de las destructivas. Si tu disfrutas haciendo lo que haces, el público también lo percibirá. Improvisación: ¿sí o no? Todo depende de lo cómodo que te sientas. Ceñirte a un guion te ayudará a saber cómo actuar en el hipotético caso de que tu discurso no tenga interrupciones de ningún tipo, pero también anula la posibilidad de enriquecerlo sobre la marcha. Además, soltar el guion de forma natural ayuda a salvar pequeños imprevistos y a dar respuesta a las preguntas que puedan surgir. Tal vez las primeras veces te preocupe más salirte del esquema, pero conforme ganes confianza verás que puede sumar valor a tu exposición. Tu objetivo es compartir. No lo olvides. El objetivo final de todo esto es poner en común ideas, lecciones, consejos, conocimiento… En definitiva: información. No olvides que tu público también puede enriquecer tu discurso entablando un diálogo. Practica. Después de preparar todo el material y los recursos y reflexionar sobre el mejor método de poner en práctica tu exposición, llega el momento de hacerlo. Si todavía no te sientes seguro, practica en un entorno cómodo para ti, frente al espejo, amigos, familia… Y poco a poco ve retándote a salir de la zona de confort.- Ir al suplemento de Heraldo Joven

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