Aragón

El "sorprendente" caso del solitario lobo aragonés

El secretario general de la organización agraria UGAM-COAG explica en Los Monegros la experiencia de Cantabria en la complicada convivencia con estos cánidos.

Imagen de un lobo captada el 1 de octubre de 2017 en Aragón con una cámara de fototrampeo.
DGA

Gaspar Anabitarte sabe bien lo que es tener que convivir con el lobo. Lo sabe por experiencia propia. Es ganadero de vacuno de leche ecológica y secretario general de la organización cántabra UGAM-COAG. Y en la comunidad en la que vive y en la que desarrolla su actividad hay contabilizadas hasta 17 manadas de lobos, que suponen, en los momentos más álgidos, la presencia de hasta 200 ejemplares.

Por eso a Anabitarte le parece «sorprendente» el caso del lobo en Aragón, donde un solitario cánido tiene atemorizada a la ganadería de Los Monegros, a donde viajó el pasado miércoles el sindicalista cántabro para participar en la localidad zaragozana de Farlete en una jornada incluida en la semana agraria organizada por UAGA en esa comarca.

«Resulta incomprensible y yo diría que hasta irresponsable por parte del Gobierno de Aragón que caiga un lobo en mitad de Los Monegros, por la razón que sea, que lleve varios años haciendo daño a los ganaderos en un lugar muy humanizado donde el animal está aislado, probablemente con dificultades para irse si quisiera y sin ninguna posibilidad de generar una población de su especie», señala Anabitarte. E incluso reconoce que aunque hubiera posibilidad de que este lobo tuviera proyección, el Ejecutivo autonómico tendría que plantearse su permanencia en esa zona porque «no me imagino a 20 kilómetros de Zaragoza dos o tres manadas de lobos. Resultaría un poco de locos».

Una situación «que ni siquiera es buena para el animal desde el punto de vista biológico», dice el sindicalista, que insiste en que la consejería de Desarrollo Rural debería de actuar. «Por activa o por pasiva», dice Anabitarte, que a renglón seguido explicita su expresión con dos acciones: «o llevárselo de allí o abatirlo». Y recuerda a aquellos que se rasgan las vestiduras -cuando se habla de acabar con el animal- que en Cantabria «se matan 20 o 30 lobos todos los años y no pasa nada porque desgraciadamente las poblaciones siguen creciendo».

Mientras, la falta de actuación de la Administración aragonesa lo único que está consiguiendo, insiste Anabitarte, es crear «muy mal ambiente» entre los ganaderos aragoneses, los ecologistas y la propia población -incluso hay una asociación muy activa en contra del animal-. «Y eso lo único que va a conseguir es que cuando de verdad aparezca el lobo en condiciones de generar una población va a haber muchísimos problemas, muchos más que si la situación se gestionase bien», explica.

«El lobo ha de llegar»

Anabitarte asegura con contundencia que el problema no es la existencia de un lobo aislado y solitario. El problema, explica, es que la Comunidad no haya tomado decisiones ante la más que probable presencia estable de manadas en territorio aragonés, porque «el lobo está en plena expansión, va a ir ocupando terreno y, tarde o temprano estará también en Aragón». Eso sí, advierte que la situación actual y futura también es responsabilidad de la sociedad aragonesa, «que debe de plantearse si quiere tener una población de lobos, pero tiene que saber que eso coloca a la ganadería extensiva tradicional de la Comunidad en una situación muy delicada, más de la que ya tiene sin necesidad de lobos». Y asegura el máximo responsable de UGAM-COAG que si se tomase esa decisión, el Gobierno tiene la responsabilidad de diseñar cómo, en qué condiciones, y dónde se va a ir desarrollando esa población. «Estoy seguro de que el lobo ha de llegar, probablemente a las zonas altas, a los Pirineos, que es donde el sentido común dice que se pueden instalar porque pueden comer otro tipo de fauna además del ganado», puntualiza.

Anabitarte sabe, y así lo explicó ante los ganaderos en Farlete, que los acuerdos son complicados. De hecho, en Cantabria, COAG y UPA acordaron un plan de actuación con las principales organizaciones ecologistas, que el Gobierno de su Comunidad se apropió y que «los miedos políticos» terminaron por tumbar.

Por eso, el sindicalista explicó que la convivencia con el lobo siempre es complicada, pero en su región los ganaderos saben que «se tienen que aguantar». Frente a ello hay, sin embargo, un control de las manadas, bajo ninguna circunstancia puede acercarse a la zona norte -cerca del mar- y si algún animal actúa en solitario y ataca «se le abate y punto».

Más información en el Suplemento Heraldo del Campo

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