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Aragón

Danzalia, 30 años enseñando a bailar a los zaragozanos

Más de 50.000 alumnos han pasado por sus aulas a lo largo de estas tres décadas de la escuela fundada por Pepe Asensio y Elvira Ayesa.

Pepe y Elvira llevan toda la vida enseñando a bailar a los zaragozanos
Danzalia cumple 30 años marcando el ritmo en Aragón
c. I.

Pepe y Elvira llevan toda una vida dedicada a la danza. Esta pareja de ejeanos acaba de cumplir 37 años de matrimonio y tres décadas desde la fundación de su conocida escuela zaragozana, conocida como Danzalia: Pepe y Elvira. La instalación, de más de 800 metros cuadrados, se encuentra en el zaragozano barrio de Las Fuentes, aunque no siempre fue así.

Sus inicios se remontan a finales de los 80, cuando Asensio comenzó a dar clases de bailes de Salón en San Cugat del Vallés. No tardaría en reproducir la exitosa experiencia en su hogar, Ejea de los Caballeros, lugar que considera el verdadero origen de esta escuela de baile. “En enero de 1990 nos ofrecieron dar clases en el Servicio de Deporte de la Universidad de Zaragoza tanto para estudiantes como para personal. Fue una auténtica revolución”, recuerda Asensio, todavía emocionado.

Asegura que más de 2.000 personas del entorno universitario, la gran mayoría estudiantes, pasaron por estos cursos. “En cada uno de ellos enseñábamos los diez bailes de salón durante cinco horas seguidas”, destaca. “Estos cursos fueron el germen de algo que hoy todavía existe en Zaragoza, ya que los bailes de salón se han seguido manteniendo”, añade. Estos jóvenes que se acercaban hasta la ciudad universitaria, en su mayoría llegaban tras conocer el nuevo ritmo de la lambada o al ver películas como ‘Dirty Darcing` o ‘Ginger Roger’, entre otras.

Tras su paso por varias sedes, en 2004 inaugurarían la actual, ubicada en la calle Tomás Higuera. “Cada vez se nos quedaba el espacio más pequeño”, añade Ayesa, que asegura que durante estas tres décadas, por Danzalia han pasado más de 50.000 alumnos de Zaragoza capital, Pina, El Burgo, Fuentes de Ebro, Jarque de Moncayo, Almonacid de la Cuba, Sabiñánigo o Panticosa, entre otros.

Aunque los bailes de salón son los grandes protagonistas en Danzalia, Asensio y Ayesa tratan de adaptarse a cada moda y crear, sobre todo, clases personalizadas. “Dentro de salón enseñamos desde los ritmos estándar -vals inglés y vienés, tango europeo, fox y quick step- como los latinos -bolero, samba, chachacha, pasodoble y jive-rock-“, explica Asensio.

Sin embargo, en esta escuela de baile también se pueden aprender otras disciplinas como los ritmos caribeños –salsa, bachata, merengue y mambo-, sevillanas, baile en línea –que es individual-, danzas orientales –danza del vientre, Bollywood, twerking y danzas urbanas –hip hop, funky, break dance-, etc.

“Intentamos innovar todo el tiempo, como con las clases de baile nupcial, tanto en grupo como personalizadas, así como las clases de baile en familia, una novedad en la ciudad”, advierte Ayesa. De forma paralela a la creación de su centro de danza, durante más de 15 años han organizado eventos de bailes de salón de nivel nacional e internacional, como el Trofeo Nacional de Bailes de Salón Ciudad de Zaragoza del 1997 al 2003 en el pabellón Príncipe Felipe. “Tras 9 años sin contar con ningún tipo de apoyo ni soporte institucional decidimos dejar de organizarlo”, lamenta Asensio.

Esta pareja de bailarines ha recibido numerosos reconocimientos a lo largo de su carrera profesional, desde el I Premio Mariona Cortés en el III Congreso de Profesionales de la Asociación Española de Profesores de Bailes de Salón en el año 2001, o un homenaje en 2015 de la mano de la Federación Española de Baile Deportivo de Salón por tratarse de los “pioneros en la organización de eventos y trofeos de competición de Bailes de Salón”.

La danza no entiende de edad

“El baile es la actividad físico deportiva recreativa más longeva de las que hay actualmente encontramos en el mercado. Nosotros tenemos alumnos desde 5 a 80 años”, asegura Ayesa. Además contribuye a la reducción del estrés y de las preocupaciones: “Cuando llegas a la sala de danza todos tus problemas se quedan fuera. La música se te mete en el cuerpo, es inevitable”, advierte.

En los últimos años está recuperando una de sus facetas más interesantes como factor socializador: “Tenemos parejas aquí que llevan 30 años bailando con nosotros. Han hecho sus propios grupos de amigos, salen de marcha juntos… es una maravilla”. Precisamente, Esperanza y Manuel fueron unos de los primeros alumnos que entraron a aprender danza en la Universidad. “Vimos un cartel en el tablón de anuncios de la Facultad que anunciaba clases de merengue, lambada y otros ritmos” recuerda ella.

Pronto se pasaron a los bailes de salón: “Fueron años increíbles, había muchísima gente, casi todos muy jóvenes y un ambiente de camaradería y alegría que nos enganchó a todos. De eso hace ya treinta años y guardamos gratísimos recuerdos de aquella época”. “El baile te hace sentir vivo, ágil, te da alegría y te permite conocer a gente con tus mismos gustos”, afirma Esperanza.

José Antonio lleva también tres décadas bailando con Pepe y Elvira, aunque de manera intermitente, y con su pareja de baile de siempre, Marga. “Somos amigos de toda la vida y empezamos durante la etapa universitaria, en principio sin otra intención que pasar el rato. Ahora han pasado 30 años”, explica.

En su opinión bailar es un hobby, pero que requiere de gran esfuerzo y de muchas horas de entrenamiento. “Para mí bailar es una parte importante de mi vida, es una parte de mí, aunque no la comparta con todo el mundo. Entrar en la sala supone un momento de aprendizaje, exigencia, relajación a nivel personal… en mi caso me aporta bienestar personal y psicológico”, resume.

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