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Cimballa: melodía que mira a los ojos del Piedra

La Musical Cimballa recorre desde hace 16 años más de 90 municipios al año en Aragón y Castilla-La Mancha. Pasodobles, valses, tangos, villanos o boleros forman un repertorio heredado.

La Musical Cimballa ya está cultivando el futuro de la agrupación.
La Musical Cimballa ya está cultivando el futuro de la agrupación.
J. Macipe

Hablar de agua en Cimballa es hacerlo de una de sus enseñas. Además de este recurso natural, la localidad exporta otra riqueza de largo arraigo: la música. A caballo entre lo que podría llamarse banda, charanga o agrupación, la Musical Cimballa lleva camino de las dos décadas recorriendo más de 90 municipios al año, tanto de Aragón como de Castilla-La Mancha.

Sin representantes ni redes sociales, su mejor cartel sigue siendo el boca a boca. "Este año hemos tenido que decir que no a algunos pueblos", explica Restituto Caballero, natural de la localidad y uno de los miembros del grupo. "De todos los sitios a los que vamos, el 65% son de Castilla, y el resto de Aragón", puntualiza Javier Ramos, también integrante de la peculiar entidad.

Ambos reconocen que la pasión por la música les viene de lejos. "El hermano de mi padre tocaba la trompeta y el de mi madre, el trombón. Es algo que acabas heredando", indica Javier, de 68 años, que fue jefe de mantenimiento en varias empresas zaragozanas y que se inició en la música con 11 años. "A los 13 ya tocaba en la banda", dice.

"Aquí siempre ha habido banda. Para mí, la afición por la música la he tenido de toda la vida. Un día, cuando éramos chicos, nos juntamos y nos preguntamos que por qué no aprender para músico", recuerda Caballero, más conocido como Resti. Así, noche tras noche, fueron trabajando y perfeccionando sus dotes en los ensayos con la persona que entonces dirigía la banda.

No obstante, en el idilio de ellos y de tantos otros jóvenes del pueblo con la música se cruzó el mismo enemigo: la emigración. "Cada uno nos fuimos a un sitio; a mí me tocó Zaragoza", indica Javier. En el caso de Resti, también fue a la capital aragonesa; trabajó durante muchos años como comercial.

Tras un barbecho de décadas, retomaron aquello que les gustaba. "En el año 2000, al estar Resti prejubilado, yo con una invalidez y otros en situaciones parecidas, nos volvimos a juntar", sostiene Javier. Resti puntualiza que "empezamos a ensayar por pasar el rato y mantener la afición, cada día en la casa de cada uno, o incluso en mi garaje a las afueras".

Sin embargo, la chispa para volver a la carretera podría decirse que llegó de fuera. "Bajaba un chico de Aldehuela a ensayar con nosotros, y para unas fiestas nos planteó que fuéramos a tocar un rato a su pueblo", indica Javier, que recuerda que "allí estaba el alcalde de otro pueblo, y nos dijo que teníamos que ir al suyo". Era 2002, y desde entonces su nómina de pueblos visitados ha ido creciendo.

En estos años, entre los más habituales de la Musical Cimballa han estado –además de Restituto y Javier– Rodolfo Velilla, Fulgencio Blancas, Crispín Muñoz, Severino Vicente, Fernando Marchan (de Milmarcos) y Adrián Villar, a los que se añaden los retirados Antonio Lozano, Juan Pedro, Salvador y Santiago Pérez.

No solo han actuado en las fiestas, sean patronales, en mayo o en invierno. "Hemos tocado también en bodas, en bautizos y hasta en entierros: en Zaragoza, en Fuentes de Jiloca, en Nuévalos… muchos sitios", enumera Resti. "Es gente que nos conoce y ha dejado dicho: ‘quiero que los de Cimballa toquen en mi entierro’", remarca Javier.

"En un entierro –explica Resti– salimos de la iglesia para llevar el féretro al cementerio, y al pasar por la puerta de lo que era su negocio nos dijeron que querían algo alegre. Tocamos un pasodoble". Ambos dicen que son encargos difíciles a la hora de contener las emociones. "Aún más si conocías a la persona, claro".

Con casi dos décadas de recorrido, se les sigue iluminando la cara al recordar anécdotas. "Vamos a tocar a algún pueblo y sale gente que cuando eran chicos iba a recibir a los que eran músicos de Cimballa. Y ahora tienen 90 años, se acuerdan y están encantados", dice Javier. "¡Entonces se iba con un serón para echar los instrumentos encima del burro!", puntualiza Resti con una carcajada.

‘Despacitos’ y modas al margen, su repertorio –con alguna pieza de charanga para recorridos de peñas– está compuesto sobre todo de valses, boleros, pasodobles o villanos; propios o adaptados a las localidades e incluso misas en latín. "En Fuentelsaz tienen un villano que no veas cómo lo bailan, en Atea tienen su bolero, y también en Villanueva de Jiloca", apunta Resti, amén de citar muchos otros pueblos.

El arraigo por la música en Cimballa ha sido y es muy fuerte. En el caso de Resti, su nieto mayor, Adrián Villar, toca con ellos hace tiempo, y el hermano de éste, Mario, está aprendiendo a tocar el trombón de varas a sus diez años. En el de Javier, tres de sus cinco nietos van por el mismo camino. Si alguien acaba recogiendo el testigo de la Musical, ya se cantará en otra canción.

LOS IMPRESCINDIBLES

El albergue

Tras un proceso de restauración, que ha contado con ayudas (incluida la Comarca Comunidad de Calatayud), está de nuevo a pleno rendimiento. Se trata del edificio del antiguo matadero: tiene seis habitaciones, jardín y barbacoa.

El castillo

Sus vestigios están frente al pueblo: fue una de las fortalezas clave en las guerras entre los reyes Pedro I de Castilla y Pedro IV de Aragón. Se dice que contaba con tres torres, de las que hoy solo es visible de lejos la pared de una.

La pelota mano

Hay dos frontones y mucha afición por la pelota mano. Varios jugadores locales han tenido cartel fuera: Edermine Amado, Francisco Roy, Antonio Lozano, Fulgencio Blancas, Juan Ignacio Gonzalo, Paco Velilla, Carmelo Blancas...

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