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Aragón

La Fragolina: 40 años de eficaz iniciativa cultural

A pesar de los pocos vecinos que viven en el pueblo todo el año, la prolongada actividad de esta asociación es un ejemplo, y la nueva directiva es un dechado de juventud y entusiasmo.

La nueva generación garantiza el presente y el futuro de la Asociación La Fragolina.
La nueva generación garantiza el presente y el futuro de la Asociación La Fragolina.
Noelí Barceló

El Frago solo cuenta con un centenar de vecinos de los que apenas 40 viven durante todo el año en el pueblo, pero puede presumir de tener una asociación cultural que acaba de celebrar sus 40 años y tiene energía para otros tantos más. Sandra Ardevines encabeza la nueva junta directiva, caracterizada por su juventud ya que está integrada por veinteañeros. "Somos seis chicas y un chico en la junta. Aunque en los últimos años las juntas han tenido una media de edad baja, nosotros somos la más joven".

Ella y Paula Gamboa explican que La Fragolina se encarga de "fomentar la relación entre los vecinos. Nuestro objetivo es que el pueblo no se muera, que la gente siga viniendo, que no sea solo un pueblo de fin de semana. Intentamos programar actividades y movilizar a la gente". La tarea fundamental de La Fragolina es organizar las fiestas, pero la asociación es mucho más. "Trabajamos todo el año. Acabamos de celebrar el cuadragésimo aniversario el pasado 14 de julio, con una comida popular que preparamos nosotros mismos para más de 200 participantes. Hemos viajado a Port Aventura en Halloween, y en marzo a la nieve por Isín y Panticosa. Somos como una gran familia".

"Somos un pueblo pequeño que siempre se ha distinguido por una especial inquietud hacia la cultura, y nuestras tradiciones y eso se ve reflejado en la existencia de la asociación cultural y también de la fundación Ana Aragüés", dice el alcalde, Javier Romeo. Sitúa los orígenes de esta inquietud por la cultura en la tradición familiar, y la remonta a las primeras décadas del siglo XX y a la llegada de dos maestros, Don Bruno y Doña Angelita, que superando todos los obstáculos incentivaron el interés de toda la población, hasta el punto de que se construyeron las escuelas trabajando directamente en las obras, e incluso pudieron financiarlas mediante una hipoteca que terminó de pagarse en los años 60.

Carmen Romeo y las escuelas

Fragolina, hija y nieta de maestros, Carmen Romeo se ha encargado de investigar y recoger en un libro la historia de las escuelas. Esta profesora, catedrática de Lengua y Literatura en la Universidad de Zaragoza y en el IES Goya hasta su jubilación, fue alumna de la escuela local y estaba predestinada a que su vida se desarrollara en el ámbito educativo.

"Mis abuelos y bisabuelos eran los maestros de Biel. Mi padre, Gregorio Romeo Berges, nació aquí y mi madre nació en Biel: Asunción Pemán Marco. Estuvieron en las escuelas de El Frago durante 30 años. Cuando me jubilé, pensé que mi asignatura pendiente era dedicarle un estudio a El Frago. Vacié todo el archivo del ayuntamiento y el resultado fue el libro ‘De Las escuelas de El Frago’, un estudio completo desde que se funda la escuela hasta que se cierra". Carmen señala que "la gran epopeya de estas escuelas no se da en ningún pueblo de España. El Frago no tenia edificio escolar; había aulas para chicos, bastante deterioradas, y las chicas no tenían. Llegaron unos maestros en el año 26 y decidieron que no podía ser, así que solicitaron una subvención para hacer levantar un edificio. En la época de Primo de Rivera, cuando en España se hicieron casi 6.000 edificios escolares, aquí no llegó la subvención; este espacio junto a la iglesia no cumplía con las condiciones exigidas".

Ante eso, los vecinos se unieron y decidieron construir una escuela. "Los que no tenían dinero –recuerda Carmen– trabajaron aquí a jornal. Pidieron un préstamo de 30.000 pesetas, que al final fueron 70.000. Hubo que embargar la partida de Narvil y los vecinos la fueron desembargando. En resumen: las escuelas están hechas por todo el pueblo. La del pueblo es una historia maravillosa: todos se unieron por la educación de sus hijos. Estuvieron pagando escuela desde el año 29, y 30 años de hipoteca hasta casi el 60. Ha sido una factura que se ha pagado con mucha alegría aunque desde el año 90 están cerradas porque no hay niños", cuenta.

Tranquilidad y servicios

La tranquilidad es un activo para los vecinos de esta población. La alarma cundió hace algunos meses, cuando se produjeron varios robos en viviendas. Por eso han establecido un sistema de seguridad preventivo; denuncian al momento la presencia de extraños en el pueblo. "Ahora todo el mundo coge las matrículas y llamamos a la Guardia Civil, o se hace foto y la enviamos vía Whatsapp", explica Eladio Ardevines. La reapertura del cuartel de Luna tranquiliza a los vecinos. Por otra parte y como en otros pueblos, denuncian las carencias de la insuficiente conexión de internet en la consulta médica. Además, hay que estar pendientes de la agenda. "El médico viene los martes y jueves, el miércoles la enfermera. Tenemos el pan de Biel los martes y el sábado, y el frutero llega los jueves en verano. Un camión con pescado y congelados viene los jueves todo el año".

LOS IMPRESCINDIBLES

San Nicolás de Bari

Iglesia románica del siglo XII. En su decoración destacan las dos portadas románicas atribuidas al Maestro de Agüero. A la iglesia primitiva se le añadieron en el siglo XVI la torre a los pies, una sacristía y dos capillas laterales.

El pozo del Zarrampullo

Este espectacular salto de agua en el barranco de Cervera desemboca en el Arba. La cascada cae al pozo desde una altura de unos 4 metros. Está algo más arriba de la Comunidad Terapéutica El Frago, tras el barranco de San Andrés.

El Coto

La arboleda situada a los pies del casco urbano se ha acondicionado como zona recreativa. En plena ribera del rio Arba de Biel se encuentran los asadores, pista de baloncesto y tenis, la piscina municipal y una fuente.

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